Formación y carrera

Cómo el Spokesman-Review cubre los incendios que arrasaron Spokane

Reporteros y editores del diario de Washington relatan el desafío de informar sobre los peores incendios en más de un siglo mientras viven la tragedia en carne propia. El trabajo continúa mucho después de que los medios nacionales se vayan.

Publicado el 16 de agosto de 2026, 14:55 hs

Mesa de redacción con notebooks abiertas y papeles

Alexandra Duggan no tenía que trabajar el sábado pasado. Pero algo le decía que era mejor chequear el scanner. El fuego ya estaba ahí. Para el mediodía era la primera enviada del Spokesman-Review en llegar a lo que terminaría siendo el incendio más destructivo que Spokane vio en más de cien años.

Desde que los focos del Spokane Complex se desataron el 1 de agosto, Duggan y el resto de la redacción del diario de Washington han producido una cobertura ininterrumpida de tres incendios que quemaron casi 10.000 acres, destruyeron o dañaron cerca de 900 viviendas y edificios y dejaron un paisaje que ella misma describe como “apocalíptico”.

“Podés ver todas las fotos que quieras, pero cuando estás ahí sentís que te invade el vacío de lo que era un barrio feliz con chicos corriendo. Y eso desapareció en segundos”, contó Duggan a la Columbia Journalism Review.

El reportero Thomas Clouse, por su parte, terminó escribiendo el perfil de los bomberos que salvaron su propia casa, que estaba dentro de la zona de evacuación. Uno de los bomberos describió la escena como “intentar manejar las consecuencias de una bomba nuclear”. El calor fue tal que derritió las gafas de seguridad sobre sus caras; otro terminó recibiendo suero intravenoso y siguió combatiendo el fuego con la vía colgando del brazo.

Lindsey Treffry, editora a cargo de la sala de redacción, creció en Spokane y lleva 13 años en el diario fundado en 1883. Calcula que ya publicaron más de 125 notas sobre los incendios. Solo el martes pasado sacaron 18 piezas en un solo día. Ahora la redacción empieza a procesar lo que vio.

“Hay cierta distancia con los horrores que presenciaron, pero creo que va a pasar un tiempo hasta que puedan procesarlo del todo. Me recuerda al duelo, como cuando perdés a un ser querido. A veces el golpe llega después”, explicó Treffry.

El trabajo, sin embargo, recién empieza. La temporada de incendios está lejos de terminar y la historia se extiende hacia las consecuencias a largo plazo: salud mental de los damnificados, reclamos de seguros, caída del valor de las propiedades, escasez de vivienda y reconstrucción urbana. “Cuando todos los medios nacionales levanten campamento, vamos a seguir acá. No tenemos la opción de irnos. Tenemos que seguir mostrando la cara”, dijo Duggan.

La nota de la CJR destaca un aspecto central del oficio local: la cobertura de desastres en comunidades pequeñas o medianas suele recaer sobre periodistas que son, al mismo tiempo, vecinos afectados. Esa doble condición genera tanto una ventaja de conocimiento del terreno como una carga emocional que las redacciones deben aprender a gestionar.

El caso del Spokesman-Review ilustra decisiones editoriales concretas: priorizar la llegada rápida al lugar, rotar personal para evitar burnout, combinar crónicas de primera línea con piezas de contexto sobre prevención y políticas de manejo del fuego, y preparar ya la cobertura de la fase de recuperación que suele durar años.

En un momento en que muchas redacciones locales enfrentan recortes, el esfuerzo sostenido del diario de Spokane recuerda por qué el periodismo hiperlocal sigue siendo insustituible cuando la crisis golpea cerca de casa. Los periodistas no solo documentan la destrucción; se convierten en parte de la memoria colectiva de la comunidad que intenta reconstruirse.

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