Oficio y técnicas

Tres cosas que tenés que definir antes de arrancar tu memoir

Antes de invertir tiempo y energía en escribir un memoir, es clave aclarar el propósito, el público y la estructura narrativa. Una periodista que acumuló casi 50 rechazos comparte las lecciones prácticas que aprendió en el camino.

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Maquina de escribir antigua con una hoja en blanco en el rodillo
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

Escribir un memoir no es solo sentarse a volcar recuerdos en la página. Requiere decisiones previas que evitan que el proyecto se desinfle a mitad de camino o termine en un cajón después de varios rechazos editoriales.

Mallary Tenore Tarpley, periodista y docente, llegó a sumar casi 50 rechazos entre editoriales, becas y subsidios antes de publicar su memoir. Esa experiencia le dejó tres preguntas concretas que todo aspirante a memoirista debería responder antes de escribir la primera palabra.

La primera es el propósito. No alcanza con querer “contar tu historia”. Hay que definir qué transformación o reflexión querés que el lector se lleve. ¿Es un relato de superación, una exploración de un trauma familiar, una meditación sobre el paso del tiempo? El propósito funciona como brújula: cada escena, cada capítulo debe justificarse en función de él. Sin ese norte, el texto se vuelve una sucesión de anécdotas sin tensión dramática.

La segunda pregunta clave es a quién le estás contando esto. El público imaginado determina el tono, el nivel de detalle y hasta qué información compartís. No es lo mismo escribir para sobrevivientes de una misma experiencia que para un lector general que no conoce tu mundo. Definir el lector ideal ayuda a decidir cuánto contexto dar, qué lenguaje usar y qué nivel de vulnerabilidad mostrar. Muchos manuscritos se rechazan porque el autor no logró conectar con una audiencia concreta.

La tercera es cómo vas a estructurar la historia. El orden cronológico es la opción más fácil, pero rara vez la más efectiva. ¿Vas a usar flashbacks, capítulos temáticos, un marco narrativo actual que dialogue con el pasado? La estructura es la arquitectura del memoir. Decidirla temprano evita reescribir cientos de páginas después. Tarpley recomienda probar diferentes esquemas en outline antes de comprometerse con el borrador completo.

Estas tres definiciones previas no garantizan la publicación, pero reducen drásticamente el riesgo de perder meses o años en un proyecto que después no sabe hacia dónde va. En un mercado editorial cada vez más exigente con las memorias personales, llegar con un manuscrito que ya tiene propósito claro, audiencia definida y estructura sólida marca una diferencia enorme.

Para quienes están empezando, el consejo práctico es simple: dedicá las primeras semanas no a escribir escenas, sino a responder por escrito estas tres preguntas. Guardá esas respuestas a mano y consultalas cada vez que dudes sobre qué incluir o qué dejar afuera. Esa disciplina editorial inicial suele ser lo que separa los proyectos que llegan a buen puerto de los que se quedan en el intento.

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