Ética y libertad de prensa

Shelby Wilder, la voz que no calla en Newsmax sobre la guerra en Ucrania

La corresponsal extranjera de Newsmax desafía narrativas pro-Trump al reportear desde Kyiv los ataques rusos contra civiles, priorizando hechos sobre alineación editorial en un medio conservador.

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Shelby Wilder, la voz que no calla en Newsmax sobre la guerra en Ucrania
Columbia Journalism Review

En un medio como Newsmax, conocido por su línea editorial favorable a Donald Trump, la corresponsal Shelby Wilder se ha convertido en una excepción notable al cubrir la guerra entre Rusia y Ucrania. Mientras el expresidente minimiza los avances rusos y reduce el apoyo a Volodymyr Zelensky, Wilder transmite desde el terreno realidades que contradicen esas posturas.

Durante un panel reciente en el canal, un comentarista conservador criticó duramente a los ucranianos llamándolos corruptos, incompetentes e ingratos. Wilder no dudó en responder: “La pregunta es: ¿de qué lado estás? ¿Del lado de Ucrania o de Rusia?”. Luego, ante la consulta sobre la situación en el terreno, describió un escenario grave: Kyiv convertida en ciudad de primera línea, ataques constantes las 24 horas, aumento de muertes civiles bajo la actual administración Trump y bombardeos a hospitales, escuelas, universidades, puentes y carreteras que no son objetivos militares.

Wilder, de 34 años, llegó a Ucrania como freelance en los primeros meses de la invasión a gran escala en 2022. Cruzó a pie desde Polonia con su propio chaleco antibalas, sin seguro médico, acreditación de prensa ni respaldo de ningún medio. Ninguna de las redacciones con las que había colaborado quiso asumir el riesgo. Se instaló en Kyiv, donde pasó seis a ocho meses al año hasta mudarse de forma permanente este verano.

Se incorporó full time a Newsmax en julio de 2023 y desde entonces lidera su cobertura del conflicto. Trabaja sola la mayor parte del tiempo: produce, filma, edita y sale al aire. Cuando necesita equipo local contrata a un camarógrafo y, en ocasiones, a un conductor o fixer ucraniano. Reconoce que sus colegas locales asumen menos hesitación que ella, pero carga con la responsabilidad de garantizar su regreso seguro a casa, especialmente cuando tienen familias.

En una entrevista por correo electrónico con el Columbia Journalism Review, mientras se oían explosiones de drones rusos en la distancia, Wilder explicó su motivación. Dijo que documenta la guerra porque los civiles, y especialmente los niños, pagan el precio más alto. Su rol, según ella, es explicar a la audiencia qué significan las decisiones tomadas en Washington para las personas que viven el conflicto: cómo afectan sus vidas, qué experimentan los ucranianos y qué quieren que el mundo entienda.

Admite que en la cobertura de guerras se pierde mucho: el cansancio del público, la desinformación, la primacía de la política sobre las vidas civiles y la falta de contexto histórico. Su tarea es tender un puente entre la realidad del terreno y los televidentes, aunque no coincidan con lo que reporta.

El caso de Wilder resulta llamativo en un ecosistema mediático polarizado. Newsmax tuvo que pagar más de cien millones de dólares por demandas relacionadas con su cobertura conspirativa de las elecciones de 2020 y su fundador ha declarado abiertamente una política editorial de apoyo a Trump. Sin embargo, la periodista mantiene un enfoque centrado en los hechos sobre el terreno, incluso cuando esos hechos tensionan la línea editorial de su empleador.

Esta independencia dentro de un medio con audiencia fuertemente alineada con Trump plantea preguntas sobre los márgenes de autonomía que los periodistas pueden tener en redacciones ideológicamente definidas. Wilder no se presenta como mártir; simplemente afirma que documentar la guerra es lo que hacen los periodistas y que el valor de las historias que le confían las personas afectadas la mantiene en Kyiv a pesar de los riesgos.

Su cobertura incluye encuentros con un adolescente ucraniano secuestrado por rusos tras un bombardeo, preguntas incisivas a Jared Kushner durante su visita a Kyiv, testimonios de prisioneros de guerra rusos y varias entrevistas con el propio Zelensky. Todo emitido en un canal donde el discurso dominante tiende a cuestionar el apoyo a Ucrania.

En tiempos donde la fatiga informativa y la polarización amenazan la calidad del periodismo internacional, el trabajo de Wilder recuerda que la veracidad en el terreno sigue siendo posible incluso en entornos hostiles a ciertos relatos. Su disposición a contradecir narrativas cómodas para su audiencia sin abandonar su medio habla de un compromiso con el oficio que trasciende alineaciones políticas.

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