Medios e industria

A 30 años, Fox sigue siendo la casa que construyó Ailes

El legado de Roger Ailes persiste en una cadena marcada por denuncias de racismo, misoginia y xenofobia, pero con ratings estables. Una reflexión sobre el modelo que definió el cable news estadounidense.

Publicado el

A 30 años, Fox sigue siendo la casa que construyó Ailes
Columbia Journalism Review

El 7 de octubre de 1996 salió al aire Fox News Channel. Treinta años después, la señal sigue siendo, en lo esencial, la que Roger Ailes imaginó y moldeó hasta su salida en 2016. El modelo —una combinación de periodismo de opinión explícita, agenda conservadora y un lenguaje emocional directo— demostró ser comercialmente exitoso, aunque también generó costos institucionales altos.

La nota de la Columbia Journalism Review publicada el pasado viernes recuerda que, a lo largo de estas tres décadas, Fox acumuló denuncias recurrentes de racismo, misoginia y xenofobia tanto en sus coberturas como en su cultura interna. Varias de esas acusaciones derivaron en juicios millonarios, indemnizaciones y salidas de figuras clave. Sin embargo, el canal mantuvo consistentemente los primeros puestos de rating en el prime time del cable estadounidense.

Ese contraste entre controversias éticas y performance comercial es el núcleo del análisis. Ailes entendió antes que muchos que el público no buscaba solo información neutral, sino una narrativa que reforzara su identidad y su visión del mundo. La estrategia funcionó: Fox se convirtió en el principal medio de referencia para una parte significativa de la audiencia conservadora y, al mismo tiempo, en objeto de críticas constantes por parte de organizaciones de defensa de derechos y de otros actores del periodismo.

Desde la redacción, uno se pregunta cómo se sostiene ese equilibrio. La respuesta parece estar en la clara separación que el canal hace entre sus programas de opinión —donde el sesgo es declarado— y sus segmentos noticiosos, aunque la frontera muchas veces se vuelve porosa. Los productores y conductores aprenden rápido que el tono confrontativo y la defensa explícita de ciertos valores generan engagement y, por ende, ingresos publicitarios.

El caso Fox también sirve para pensar en la evolución de la industria. Cuando Ailes lanzó el canal, el panorama del cable era distinto. Hoy, con la fragmentación de audiencias y el dominio de las redes, el modelo “casa de la opinión” se replicó en otros actores. Pero pocos lograron la combinación de alcance, lealtad de audiencia y rentabilidad que Fox mantiene.

La nota de CJR no se limita a Fox. Menciona también un experimento de ProPublica sobre segregación escolar y una investigación periodística en New Hampshire que tuvo impacto concreto en políticas públicas. Estos ejemplos recuerdan que, junto a los problemas estructurales del periodismo comercial, todavía hay trabajo que cumple con los estándares tradicionales de investigación y servicio público.

Para quienes formamos periodistas jóvenes, el aniversario de Fox obliga a una discusión incómoda pero necesaria: ¿qué peso tiene la ética cuando los números de audiencia y los ingresos son tan contundentes? La respuesta no es sencilla. Ignorar la realidad comercial del medio es ingenuo; relativizar los problemas de racismo, misoginia y xenofobia por el éxito de rating es peligroso.

El oficio exige encontrar el punto medio: entender el modelo de negocios sin naturalizar sus excesos. En las aulas y en las redacciones seguimos debatiendo cómo formar profesionales capaces de producir periodismo riguroso sin perder de vista que, al final del día, alguien tiene que pagar los sueldos. Fox, treinta años después, sigue siendo un caso de estudio obligatorio para entender hacia dónde fue —y hacia dónde puede ir— el periodismo de cable en Estados Unidos.

← Volver al blog