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Sobre Medios

Mire lo que no hay que hacer /

Mire lo que no hay que hacer

Manejar el buen gusto, evitar imprecisiones cuando de fuentes se trata, o usar lanzamientos de productos empresarios como si fueran una noticia (en realidad le sirve a las empresas para ahorrarse unos cuántos pesos en publicidad). Ser honestos, no abusar de cámaras ocultas, no prenderse de primicias ajenas sin otorgar el mérito (un modo de plagio) y sobre todo, no ser “cómplices” de operaciones de prensa, son algunos de los principios de un código de Etica periodística que aprobaron los miembros del Foro de Periodismo Argentino en un congreso realizado el último fin de semana. También indica que no deben usarse palabras discriminatorias, ni recibir “regalos” de empresas, ni aceptar viajes pagados por las mismas para “cubrir” una nota. Que no hay que trabajar en un medio y en relaciones públicas al mismo tiempo. Y otra gran cantidad de cosas que son violadas en más de una oportunidad. En fin, un poco de orden para cosas que todos sabemos que se hacen. A los periodistas, les sirve para refrescar lo que no hay que hacer, para los lectores es una guía útil para cuestionar críticamente a los medios.



Sosperiodista.

Algunos aspectos que contempla el Código de Etica aprobado por el Foro de Periodismo Argentino (Fopea) (www.fopea.org):

El buen gusto es un valor que debe ser atendido. La curiosidad escatológica, la estridencia innecesaria, la morbosidad y el desprecio por la sensibilidad de las minorías son algunos de sus enemigos.

Los métodos para obtener información merecen ser conocidos por el público, especialmente cuando, en forma excepcional, se utilice el recurso de no identificar a una fuente por su nombre.

Las fotografías y tomas de video deben ser honestas, lo que requiere fidelidad a la realidad y exactitud. Eso excluye las escenas montadas con propósitos de manipulación (aún cuando se pretenda disimular la manipulación bajo inocentes objetivos estéticos).

Ningún periodista debe aceptar pagos, dádivas ni privilegios de ningún tipo de poder, sean o no ofrecidos con intenciones explícitas de incidir sobre un manejo informativo particular.

Como la lengua es su herramienta fundamental, (el periodista) debe esmerarse en el correcto uso del castellano, con un léxico rico, cultivado, refractario a las vulgaridades y destinado a la comprensión masiva.

El periodista sirve al interés público, nunca a intereses sectoriales ni personales.

Deben rechazarse los regalos que pudieran ofrecérsele como resultado de su trabajo o sus conexiones profesionales (sólo son admisibles los regalos de cortesía de poco valor).

Es recomendable que los periodistas no acepten viajes que no sean pagados por ellos mismos o por los medios que los envían. En caso de accederse a una invitación paga, esta situación debe ser indefectiblemente explicitada en la cobertura.

El periodista profesional está imposibilitado de ejercer trabajos de prensa, relaciones públicas, publicidad o asesoramientos en comunicaciones mientras ejerce su profesión para un medio de comunicación.

Los periodistas no deben pagar por información.

Copiar fragmentos de trabajos existentes sin mencionarlos en carácter de citas constituye plagio y es una falta grave. No indicar que un suceso noticioso fue descubierto por otro periodista de otro medio e informar el hecho como si fuera un hallazgo propio es una explotación deshonesta del trabajo
ajeno y también constituye, por lo tanto, una forma de plagio.

Debe procurarse que las fuentes consultadas acepten ser identificadas públicamente. En casos excepcionales, cuando no exista otra forma de obtener una información relevante, el periodista podrá garantizarle a la fuente que no será identificada, es decir, que su testimonio estará bajo un convenio de off the record, basado en la buena fe.

El periodista debe respetar la privacidad de las personas. La vida privada de las personas públicas pasa a ser de interés público cuando ellas mismas la exponen o cuando elementos privados salen a la luz mientras ellas ejercitan sus deberes públicos.

El periodista sólo debe mencionar cuestiones de raza, religión, etnia, nacionalidad, orientación sexual, inhabilidades físicas o psíquicas, etc., cuando ello sea pertinente y no pueda resultar ofensivo.

Debe respetarse la presunta inocencia de detenidos y acusados mientras su culpabilidad no hubiera sido probada judicialmente. Muchas veces no basta con utilizar el condicional y se debe evitar criminalizar a las personas involucradas.

Se debe tener especial cuidado con las víctimas de tragedias y sus familiares. En el caso de que tales personas prefieran no exponerse ante la prensa no será necesario consignar con imágenes -o sonido- el momento en el que rehúsan la requisitoria periodística.

Debe evitarse la publicación de suicidios, a menos que se trate de un caso de ostensible repercusión pública, por ejemplo por involucrar a una celebridad.

Ninguna nota debe ser sometida a la aprobación de una fuente antes de ser publicada. Tampoco las entrevistas requieren de la aprobación del entrevistado.

Las fuentes periodísticas secretas no se revelan. En sede judicial los periodistas deben aportar sólo la información que es de carácter público.

El periodista debe respetar el derecho del acusado a dar su versión de los hechos. La multiplicidad y diversidad de fuentes es una de las principales contribuciones a la búsqueda honesta de la verdad.

El periodista debe estar dispuesto a rectificarse. Nadie es infalible.

La información noticiosa y la publicidad deben ser claramente diferenciadas por el periodista, quien sólo se ocupa de la primera. Deben evitarse los híbridos. La publicidad informativa, a veces denominada “publicota”, contraviene el principio fundamental e indispensable de discriminación entre publicidad e información y contamina la credibilidad tanto de los periodistas como de los medios. Un periodista que es obligado a hacer ese tipo de nota debe negarse a firmarla.

Negociar beneficios -o especular con ellos- a cambio de no publicar o demorar una publicación es una falta grave: significa extorsionar.

Los periodistas no deben prestarse a ser cómplices de operaciones de prensa, cada día más comunes. Eso les exige estar alerta ante informaciones disfrazadas bajo ropajes noticiosos que en realidad responden a planificados objetivos subalternos (desde causar un perjuicio a un rival político o económico de la fuente hasta instalar un ambiente propicio para un lanzamiento industrial). Tales maniobras -lisa y llanamente, trampas en las que la prensa es usada- pueden ser frustradas, a veces, mediante omisión.

Existen, también, operaciones sistemáticas que requieren especial atención por parte del periodista: el lanzamiento de un nuevo producto, por ejemplo, o de un servicio privado, no necesariamente constituye una noticia, aunque muchas empresas intentan presentarlo como tal con el doble propósito de reducir costos publicitarios y usufructuar la credibilidad periodística para llegar al público.

El código completo en : http://www.fopea.org/objetos_relacionados/anteproyecto_de_c_digo


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sandra

HOLA CHICOS! LÁSTIMA QUE ESTE CÓDIGO DE ÉTICA PERIODÍSTICA MUY POCOS LO RESPETEN Y LO CUMPLAN... UN ABRAZO.SANDRA



Juan Manuel

Che, nada de la formación y preparación, de la mirada crítica, de tratar de comprender la realidad, de explicitar los límites de lo noticiable, promover la reflexión... Parece mucho pedir si, como dice Sandra, ni siquiera cumplen lo que dice el código. Pero podríamos pensar en otra forma de hacer periodismo, uno que entienda el lugar que ocupa en el espacio público.



Analía Reineri

Juan Manuel, el código sí refiere al tema de la formación y la preparación. Podés acceder al mismo a través del link. De hecho, en la página de Fopea hay una encuesta que hicieron a periodistas de la que surge que hay poca capacitación y actualización. En fin, se pueden discutir algunos aspectos del código y profundizar otros, pero es un buen comienzo.




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