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Mal educado

Hoy leímos en La Voz del Interior el drama de vecinos de 2 de Setiembre que, al igual que Villa Cornú, es otro de los barrios asediados por los narcos y por el flagelo de las drogas. La nota del periodista de Sucesos comienza con una cita que contiene una supuesta mala palabra (compartimos la duda con Fontanarrosa) que no se transcribe entera, suponemos para cuidar el buen uso del idioma español, aunque a costa de quitarle sonoridad y fuerza a la frase y desconocer el habla de la gente.


Sosperiodista. 

“Mi sueño es irme a la m... de acá. No es vida vivir así”.

La frase pertenece a un vecino de 2 de Setiembre y como señala el periodista autor de la nota, "sintetiza sin vueltas lo que siente día a día" la gente de ese barrio asediado por los narcos y la violencia callejera que también genera el flagelo de la droga.

Esa m, con puntos suspensivos, tiene la triste función de suplantar a la palabra MIERDA.

No es facultad del periodista decidir escribir o recortar esa palabra. Es del medio, que tiene un manual de estilo con que se rige en estos casos y que establece, que supuestas malas palabras como MIERDA son palabras reñidas con la moral y el buen uso del idioma.

Hablamos de "supuestas", naturalmente, luego de la brillante ponencia de Roberto Fontanarrosa en el III Congreso Internacional de la Lengua Española, en Rosario, en el 2004, donde se preguntó y le preguntó a todos: "¿por qué son malas las malas palabras?"

Dijo Fontanarrosa esa vez: "Hay palabras de las denominadas malas palabras, que son irremplazables: por sonoridad, por fuerza y por contextura física". Y expuso como ejemplo la palabra MIERDA, "cuyo secreto -explicó con ironía- está en la “r”, que los cubanos pronuncian mucho más débil, y en eso está el gran problema que ha tenido el pueblo cubano, en la falta de posibilidad expresiva".

Nótese que recortada a partir de la letra inicial, el testimonio del vecino citado por el periodista de La Voz del Interior se leería literal: "Mi sueño es irme a la eme de acá".

Aquí, los puntos suspensivos no sólo le quitan fuerza e intensidad a la expresión de un vecino desesperado, sino que además desconocen la diversidad hablada por una sociedad de la que nos sentimos parte, y que usa las malas palabras para expresarse, no siempre a causa de cierta pobreza discursiva o desprecio por el idioma.

Con ese criterio deberíamos censurar también a esos chicos y chicas, y algunos ya mayorcitos, que ante una sencilla pregunta sacan su repertorio desafinado: "Nada... o sea... nada... no sé... okis"

¿Esta incapacidad de transmisión y de expresión acaso no es más insultante al rico idioma español, que una mala palabra bien usada, colocada en su punto justo?


MIERDA, por caso, hasta figura en el Diccionario de la Real Academia Española, y entre sus significados figuran "excremento humano o de animales", y en sentido más coloquial, una "cosa sin valor o mal hecha" o una "persona sin cualidades ni méritos".

“Mi sueño es irme a la mierda de acá. No es vida vivir así”.

Ahora sí, comprendemos lo que siente este vecino.

30/9/07

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elnico

Es raro que tengan pruritos en escribir la palabra "mierda", que de todos modos es algo que todo el mundo dice y hace, y no les tiemble el pulso al publicar toda una página firmada por Henry Kissinger, responsable entre otras cosas del golpe de estado de Chile en 1973, ideólogo de la muerte de Salvador Allende, y algunas otras cositas ejecutadas por la CIA que sería largo de enumerar acá. Se me ocurre que Kissinger no usa malas palabras en sus artículos, sólo se limita a cometer crímenes con total correción.



jaimito

Una familia marginal "¿Por qué son malas las malas palabras? ¿Son malas porque les pegan a las otras? ¿Son de mala calidad, y cuando uno las pronuncia se deterioran? ¿Quién las define como malas palabras?", se preguntó Roberto Fontanarrosa, entre las risas incontenibles del público y los rostros serios de algunos de sus compañeros de panel. "Tal vez sean como esos villanos de la televisión, que al principio eran buenos pero a los que la sociedad hizo malos", agregó. El propio panel en que se encontraba fue un tema de humor. "Es tan polémica esta mesa que es la única a la que le han asignado un escribano" dijo Fontanarrosa, en alusión al moderador. También cronometró su intervención, en una parodia de la forma en que Federico Reyes Heroles, quien le antecedió, midió los diez minutos exactos que se permitían a los expositores: "ha impuesto un estilo", bromeó. Las malas palabras "son más saludables, más fuertes", "brindan otros matices" y constituyen "una familia marginal" del lenguaje, afirmó Fontanarrosa. Después de recordar que también se las trata de palabrotas, asoció este término con las "carotas" de las películas de Federico Fellini y concluyó que reflejan una mayor expresividad. "No es que haga una defensa incondicional y quijotesca, algunas me gustan, otras no. Hay malas palabras que son irremplazables por su sonoridad, su fuerza y su contextura física. No es lo mismo decir que una persona es tonta o que es zonza que decir que es pelotuda", ejemplificó. A continuación, parodió el análisis lingüístico: "El secreto de la fuerza (de la palabra pelotudo) está en la letra t: anoten, las maestras". También se preguntó si el Diccionario de Dudas abordaría esa cuestión. "Hay una palabra maravillosa que en otros países está exenta de culpa, que es la palabra carajo. Están las islas Carajo, en el Caribe, y el carajillo, en español. La palabra mierda es irremplazable", opinó Fontanarrosa y a continuación advirtió sobre "la triste función" de los puntos suspensivos que suelen censurar la inscripción de ese término en los diarios. Fontanarrosa apeló a su memoria familiar, al recordar que "en ningún momento se impuso eso de eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca". "Cuando mis primos venían a mi casa me decían vamos a jugar al tío Berto (personaje al que evoca en un cuento de su libro "La mesa de los galanes"): se escondían en una habitación y puteaban. Fíjense lo que lograba que no hubiera televisión", contó. "Mi viejo era lo que se llamaba un mal hablado, un bocasucia, expresión antigua que se sigue empleando. Habrá que ver qué dice este Congreso", dijo y provocó más risas. "Atendiendo a las condiciones terapéuticas pido una amnistía para las malas palabras. Vivamos una Navidad sin malas palabras, integrémoslas al lenguaje y cuidemos de ellas, porque las vamos a necesitar", concluyó Fontanarrosa. ¡IDOLO NEGRO FONTANARROSA!



América V.

La droga es una mierda- Mata nuestros hijos. Más que horrorizar la palabra mierda, debería escandalizar la palabra droga, que tengamos que hablar de eso. Pobre barrio el 2 de setiembre, pobres otros muchos barrios de esta querida Córdoba, con plazas llenas de porros y otras mierdas, y canallas que llenan sus bolsillos con la desesperanza de los chicos. Cada traficante, cada pasador de merca lleva la imagen de la madre que lo parió. Es así.




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