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Guantes con el Pichi /

Guantes con el Pichi

Ayer fue moda pegarle al Pichi Campana. Nobleza obliga decir que desde este diario relatamos con ironía su acuerdo con Unión por Córdoba para ser candidato a vicegobernador de Juan Schiaretti. Pero dijimos que estos no son tiempos de política principista; el ambiente exuda pragmatismo y es ingenuo ponerse a esperar otra cosa.


Sosperiodista.

Está bien que el periodismo le recuerde a Campana que se desdijo de lo dicho un año antes, pero de ahí a salir a decir que fue un pésimo concejal, que no hizo nada por la historia de Córdoba y que sólo es recordado por su pasado como basquetbolista, es demasiado. Al menos esto escuchamos de boca de los columnistas de los informativos de Canal 8 y Canal 10 de Córdoba.

Campana ingresó a la política hace apenas tres años y medio. Esto no lo exime, pero si hablamos de responsables de la decadencia política está claro que le cabería una porción chiquita.

El hombre que de chico soñaba con ser bailarín es sólo un germen de la enrevesada realidad que atraviesa hoy la política, como producto del efecto de fuga ocasionado por el colapso de la estructura del radicalismo y el peronismo, los dos grandes partidos que dominaron la escena del país en los últimos 60 años.

En todo caso, lo cuestionable de Campana es hacernos creer -como pretenderá decirnos cuando salga de campaña- que el cambio pase por la continuidad ya conocida, que hoy se disfraza de productivista, luego de haber hipotecado los ingresos del Estado para el pago de una deuda que representa un presupuesto y medio o casi tres presupuestos provinciales, según los lados del prisma que privilegien quienes hacen los cálculos.

Campana más que nadie sabe que su credibilidad capitularía apenas hiciera público el anuncio de su pase al delasotismo-schiarettismo y no tiene problemas con ello, porque sabe que mañana, la rueda de la fortuna puede volver a caer de su lado. Son apuestas, y el periodismo y la gente, debería entenderla y horrorizarse menos, sin por ello dejar de marcarlas y saber sopesar costos y beneficios. Al fin de cuentas, esto es el juego político.

26/6/07

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alberto

¡Triple de Campana!




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