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Buenos muchachos

La familia Macarrón demandó a la revista El Sur por supuesto daño moral. El precio que la familia le puso a su moral es 300 mil pesos. El responsable del medio nos dice que el viudo de Nora Dalmaso no busca con esto "un resarcimiento económico", sino todo lo contrario: "silenciar a una revista, sólo por gusto", lo que no es materia judiciable.


Hernán Vaca Narvaja.

Marcelo Macarrón, padre del principal imputado en el crimen de su esposa Nora Dalmasso, demandará a esta revista ante la Justicia. Pedirá, según anticipó su abogado Gustavo Liebau, un resarcimiento económico de 300.000 pesos por supuesto daño moral.

De esta manera, el viudo más famoso de la Argentina (aunque ahora compita con el menos agraciado José Arce, el otro viudo que protagoniza el nuevo culebrón de este verano), intenta silenciar a una revista que, lejos de haber caído en el sensacionalismo que cuestiona su abogado, ha tenido un tratamiento sobrio y riguroso del crimen que conmovió a los argentinos.

Contrariamente a lo que dice la Carta Documento enviada por su abogado, Marcelo Macarrón no busca un resarcimiento económico. De ser así, hubiera denunciado a los poderosos medios nacionales, algunos de los cuales sí incurrieron en un tono amarillista en el tratamiento de la información. Tratamiento que ésta misma revista cuestionó y criticó en su momento. Pero no es eso lo que relamente le preocupa al viudo.

La ofensiva judicial de Marcelo Macarrón contra revista El Sur tampoco es una cuestión de honor. A lo sumo se trata de un problema de gustos. Y eso no es judiciable. Si a Marcelo Macarrón le molesta que un medio de comunicación de Río Cuarto siga ocupándose del crimen de su esposa, tiene toda la libertad de elegir otros medios para informarse. Es la libertad ciudadana de acceso a la información. Lo que no puede hacer Marcelo Macarrón es silenciar a una revista porque no le gusta su contenido. O para decirlo en sus propias palabras, no tiene por qué leer lo que escribe un periodista que, a su juicio, “indisimuladamente pretende utilizar la libertad de prensa para beneficio personal” (sic).

¿Sabrá Marcelo Macarrón qué significa libertad de prensa? Actor ¿involuntario? de una tragedia con un impacto mediático sin precedentes en el país, el traumatólogo quiere dar vuelta la página y hacer de cuenta que aquí no ha pasado nada. A Marcelo Macarrón no le interesa el anonimato. No le gusta el acoso periodístico, pero no tiene ningún problema en posar para los fotógrafos de sociales que lo retratan impecable cada vez que asoma por el Club de Golf o asiste a algún evento social. Golf, Rotary, fiestas, frivolidad y ... good show. ¡Aquí no ha pasado nada!

¡Ojalá fuera tan fácil! El problema de Marcelo Macarrón es que hay una víctima de un homicidio atroz (su esposa) y un asesino suelto. Y aunque él y su familia hayan hecho poco por pedir Justicia, la ciudadanía, amén del periodismo, tiene derecho a saber, a preguntarse, a escudriñar en aquellas verdades ocultas que el (los) fiscal(es) no puede(n) o no quiere(n) develar.

Mientras el crimen de Nora Dalmasso siga impune y su hijo Facundo siga imputado en la causa, la familia Macarrón seguirá siendo noticia. Aunque a Marcelo Macarrón y su(s) abogado(s) no les guste. Aunque ahora pretendan, en otro jactancioso acto de soberbia, erigirse en los árbitros del periodismo. “Este sí, no lo demando; este no, lo demando”, deshojan la margarita en un temerario ejercicio del derecho que flaco favor le hace a la profesión de abogado.

Daniel Lacase, Benjamín Sonzini Astudillo, Rubén Tirso Pereyra y hasta Daniel Llermanos ya le mostraron a la sociedad de lo que son capaces. Estos “prestigiosos” abogados no tuvieron empacho en lanzar a rodar nombres y versiones descabelladas sobre los supuestos amoríos clandestinos de la víctima.

Fueron ellos, y no los medios de comunicación, quienes victimizaron por segunda vez a la víctima.
Pero siempre es más fácil matar al mensajero. Y si no lo pueden matar, como se hacía en otras épocas, entonces hay que intentar asfixiarlos económicamente. Y qué mejor que alimentar la industria del juicio, tan próspera en este país de abogados picapleitos y jueces sospechados.

La intimación
La Carta Documento enviada a Vaca Narvaja por Gustavo Libeau llegó al domicilio de la revista El Sur el 28 de diciembre del año pasado, Día de los Santos Inocentes. Parecía una broma de mal gusto, pero estaba certificada y al pie tenía estampada la firma del letrado cordobés.

Allí, Libeau, en representación de Macarrón y sus dos hijos, sostiene que los mismos “se consideran profundamente agraviados a raíz de diversos artículos publicados” en la revista El Sur. Y detalla las ediciones de junio, julio, agosto, noviembre y diciembre de 2007. Según Libeau, la información difundida, “de tono marcadamente sensacionalista y nutrida de especulaciones antes que de evidencias concretas (sic), excede el derecho republicano a la libertad de expresión y acaba convirtiéndose en ultraje (sic) a otro género de valores en cuya salvaguardia también se encuentra comprometido el ordenamiento jurídico”.

A renglón seguido, la Carta Documento enumera los supuestos actos de “ultraje” cometidos por esta revista: “fotografías no autorizadas tomadas a la distancia de mi ponderante y de sus hijos, como igualmente de sus bienes; difusión de información económica reservada; atribución de supuestas relaciones con miembros prominentes de la vida política y social de Río Cuarto y de la provincia de Córdoba, acompañadas de reflexiones descabelladas (sic) referentes al vínculo entre dichas relaciones y el crimen de su esposa; reproducción de las declaraciones de Facundo Macarrón como imputado o testigo en la causa penal de marras con valoraciones disvaliosas (sic) acerca de su contenido; comentarios en torno de correspondencia electrónica y de otra índole entre los miembros de la familia que asisto profesionalmente y de terceros; reedición (sic) de comunicaciones telefónicas privadas; afirmaciones acerca de la vida conyugal del Sr. Macarrón o de las relaciones intra familiares previas y posteriores a la tragedia”.

“En otras palabras -concluye la Carta Documento de Libeau- vuestro medio gráfico resulta particularmente representativo del tratamiento periodístico degradante (sic) que muchos canales de comunicación nacionales adoptaron en torno del deceso de Nora Dalmasso, que mereciera el repudio explícito del Senado de la Nación”.

(Puede leer la versión completa de esta nota en revista El Sur de febrero, de venta en kioscos de Córdoba capital, Río Cuarto, Villa María y zona de influencia)

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Caro

Es el desenlace que faltaba: un crimen impune y el viudo llenandose de plata a costa del dinero que le pueda sacar a medios independientes.. que extraño que no se meta con medios mas poderosos... o será que aun le queda algo de pudor y no querrá que se ventile su avaricia de esa manera...



armando

Adelante, Vaca Narvaja, usted siga informando como lo viene haciendo de manera independiente y sin compromisos, como este medio al que también felicito. Vamos muchachos, la libertad de prensa no se compra ni se vende. Saludos.




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