Sosperiodista.El "autobombo", o el exceso de publicidad propio, es uno de los males que aqueja a varios periodistas. Y por extensión, a los diarios donde trabajan. De tan autoreferenciales, desinforman.
El diario Clarín tituló en su edición de ayer que
"Por el caso Dalmasso cambian a toda la cúpula de Seguridad". Alude a las modificaciones anunciadas anteayer por el gobernador José Manuel de la Sota en Seguridad, donde fueron relevados el ministro, junto a toda la plana mayor de la Policía.
La lectura que hace el corresponsal en Córdoba de "El gran diario argentino" es que esas modificaciones obedecieron a las desprolijidades cometidas en la investigación del crimen de Nora Dalmasso, que lleva más de dos meses sin poder esclarecerse. Obviamente, esas desprolijidades lo alcanzaban al ministro reemplazado por De la Sota, el abogado Sergio Busso.
Para reforzar su hipótesis, el periodista recuerda que por este caso que conmocionó a todo Río Cuarto ya habían renunciado el secretario de Seguridad, Alberto Bertea, y su asesor e único imputado en la causa, Rafael Magnasco, señalado como presunto amante de la mujer.
El martes -o sea, el mismo día de los anuncios que De la Sota formulara por la tarde- Clarín había destinado el título principal de su tapa al caso.
"Villa Golf: deben declarar otra vez todos los testigos". Esos testigos son más de 200. Pero el fiscal de la causa Javier Di Santo ayer desmintió esa información en declaraciones formuladas al diario
La Nación.Sin embargo, para la corresponsalía de Clarín en Córdoba, esa tapa fue lo que mandó a la hoguera a Busso y compañía. Revela el corresponsal en su
nota: "Una calificada fuente de la Casa de Gobierno admitió: La tapa de Clarín de hoy (por ayer) fue el detonante; Busso ya había dicho una frase poco feliz hace una semana y
cuando el gobernador llegó a Río Cuarto y vio el diario, lo echó".
Sería de necios negar la influencia de un diario como Clarín. Pero nos parece que
el "autobombo" -como dicen los chicos- en este caso no cabe.Las fuentes consultadas ayer por este diario coincidieron en que Busso cavó su propia fosa cuando cometió el exabruto de decir que los delitos son los lógicos para una temporada colmada de visitantes como la actual. Lo dijo en un contexto de robos, asaltos violentos, muertes y golpizas, que suceden a diario en la ciudad de Córdoba, y tienen a maltraer al gobierno, que no da con la solución.
Lo absurdo de su frase le sirvió de perillas a Luis Juez -el principal adversario de este gobierno y el hombre a vencer en las próximas elecciones- para que se hiciera un festín y empezara a meter el latiguillo de la la inseguridad como uno de los temas-eje de la campaña electoral en marcha.
Además, decir esto en
un gobierno donde la estética comunicativa es su columna vertebral, resultó algo imperdonable. "José es un jodido con el tema de la comunicación", nos confesó un funcionario que conoce a pie juntillas cómo piensa y actúa De la Sota ante expresiones como éstas.
Si a esto se le suma el hecho de que en lugar de Busso se colocó a un hombre afín al vicegobernador Juan Schiaretti, el precandidato de la coalición de gobierno, queda claro que lo que más preocupa a este gobierno es que la inseguridad no les lleve los votos como el viento.
Claro que el caso Dalmasso y las sospechas de cierto encubrimiento desde sectores del poder, ha incidido negativamente en la imagen del gobierno y, principalmente, en los funcionarios del área. Pero llegar a arriesgar que fue el principal motivo de los anuncios, renguea como hipótesis.
De ser así, habría que preguntarse
porqué ni el nuevo ministro ni el nuevo jefe de Policía se refirieron en sus declaraciones al caso Dalmasso y sí hablaron de la necesidad de ponerle fin a la infernal ola de delitos en Córdoba. Porqué en ningún momento ensayaron un gesto en ese sentido.
Me parece que esta vez, quizá acorralado por las circunstancias, De la Sota supo leer bien que el intenso ulular de las sirenas de las camionetas policiales y los estruendos de las balas, son direcamente proporcionales a la pérdida de iniciativa electoral, y, por ende, del poder en la provincia.
1/2/07