
Norma Estela Ferreyra.
No es lo mismo la seguridad ciudadana que la de los políticos, ya que éstos y algunos organismos del Estado tienen la policía a su disposición hasta en sus domicilios particulares. Por esa razón, se han puesto de moda los barrios cerrados llamados countries, donde los pudientes están más seguros que el resto pues gozan del privilegio de que sus calles no son públicas, como las del resto.
Pero ¿quién protege a la gente común, que vive como Dios manda en las ciudades?
Las clases altas no tienen ese problema porque hacen custodiar a su familia con guardaespaldas fuertemente armados; pero la gente común está librada a su suerte porque la policía, con sus escasos recursos y medios, no puede garantizar su seguridad a pesar de los caros impuestos que nos aplican.
Por eso digo que la corruptocracia es el sistema político más caro del mundo. Y los ciudadanos comunes, los que trabajamos para subsistir, somos aplastados por los dos polos opuestos. Los ricos e influyentes, que nos hacen pagar con impuestos y carencias todos los lujos de su buena vida, y los de abajo, que delinquen contra nosotros que somos los menos protegidos del sistema. Se trata de una guerra de ricos contra pobres donde éstos siempre pierden porque, a la larga o a la corta, perecen.
La artillería moderna de esta contienda la forman el hambre, las enfermedades, las represiones, etcétera. Pero claro, nadie se da cuenta de que es una guerra. Los noticieros dan partes de la acción delictiva pero no muestran la verdadera dimensión de estas batallas. Tampoco hay listas de muertos ni heridos en la fila de los podres, es decir de los que mueren por enfermedades, por desatención o por desnutrición. Nadie se interesa por saber nada. Hay indiferencia por conocer las causas de estos problemas sociales, y lo peor, es que nadie se siente culpable, ni responsable.
Pero hay quienes no pueden esperar. Un anciano que no cobra suficiente jubilación, que no puede hacer juicio al estado para reclamar lo que es suyo, no tiene tiempo para esperar. Un niño internado gravemente y sin recursos, tampoco.
Todos somos responsables por ello cuando votamos.¿Pero lo somos? Tal vez, para justificar a la sociedad y justificarme, pienso que en realidad no tuvimos alternativas al votar. Porque siempre los candidatos son dominados por presiones desde afuera y no tienen opciones reales de gobernar cumpliendo con sus proyectos. Y si no estás de acuerdo con ningún candidato, como me ocurrió la mayoría de las veces, optas por el “mal menor”. Y allí está la trampa.
En una verdadera democracia, deben tener expresión todas las posturas. Y así como el voto positivo por algún partido le permite a un candidato asumir, el voto en blanco, que significa no estar de acuerdo con ninguno de los postulantes, también tiene que tener un valor de rechazo o negativo, que en realidad no tienen, tal vez porque deberíamos cambiarle el color.
¿Y qué pasó cuando estos votos le dieron la victoria a Arturo Illia convirtiéndolo en presidente con el 23%? Simplemente no fueron considerados cuando, en realidad, deberían tener el poder de cambiar a los candidatos que fueron repudiados para llamar a elecciones nuevamente.
¿Que resultaría caro y lento? No, de ninguna manera; más caro y más lento resulta esperar a que un mal gobernante termine el período de su gobierno cuando cada día se está peor. ¿ Por qué nadie propone la revocatoria presidencial? Sería muy bueno que el pueblo exigiera un voto de rechazo, no importa si blanco, azul o negro. Estoy segura de que en la Argentina de hoy ganarían los "Votos Rechazo" más de una vez..
Quiero recalcar, que cuando en un acto eleccionario hay parte de la opinión que no está representada a través de las boletas en el cuarto oscuro, la persona debe optar por el candidato que le resulte menos despreciable. Así votamos muchos en la Argentina, siempre. Por eso, no tuvimos nunca oportunidad de elegir, según nuestros principios, y así, nunca estuvimos representados por nadie. ¿Es esto democracia? ¿Cómo puede expresar el pueblo que no quiere a ninguno de los candidatos?
También está la cuestión de cuando el candidato no hace lo que prometió en campaña. Tendría que haber un referéndum revocatorio por esa causa. ¿No sería justo? Ya sé, le responderían que resultaría oneroso. Pero más perjudicial es gobernar en contra del interés popular.
Por eso es que nada cambia: ni los candidatos, que siempre son los mismos, ni las listas a dedo. Todo sigue como entonces. Y la gente sigue diciendo: "Qué felices éramos antes" (indicando que cada vez estamos peor)
Tenemos que lograr ese voto "negro, rojo o azul” ( de repudio) para que las cosas cambien. Tal vez los presidentes se esfuercen en cumplir con las promesas pre electorales, por temor al rechazo en la próxima elección o en el referéndum revocatorio, la gran innovación democrática que ya se practica en Latinoamérica. Pero por ahora conformémonos con transmitir la idea, que por supuesto, será muy difícil que sea aceptada.
24/4/09
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