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Turismo off road o un atropello a los lugareños /

Turismo off road o un atropello a los lugareños

Cada vez son más los turistas que quieren salir de los caminos para internarse en lugares desolados. Algunos lo hacen caminando o en bici, mientras otros lo hacen a bordo de motos o 4x4. Generalmente, este tipo de actividades se realiza sin tener en cuenta la percepción de los lugareños y sin contar con su permiso. Los turistas no sólo cometen atropellos, a veces también hacen el ridículo.

Oscar Branchesi (Tilcara, Jujuy)

Dentro del turismo se dan, con mucha frecuencia, situaciones que son vividas como un atropello por parte de los lugareños. Algunas son inconcientes, como los que caminan por el medio de nuestras estrechas calles norteñas, dificultando el paso de autos y bicicletas (y enojándose si alguien les toca bocina…), como si estuvieran por una peatonal o por la playa. Otras son concientes, como los que les toman fotos, aún cuando todos sabemos que es algo que no les gusta. Los ejemplos pueden seguir, pero quiero hacer mención especial a algo que nos interesa a todos: el “off road”.

Cada vez son más los que quieren salir de los caminos para internarse en lugares desolados. Algunos lo hacen caminando o en bici, mientras otros lo hacen a bordo de motos o 4x4. Generalmente, este tipo de actividades se realiza sin tener en cuenta la percepción de los lugareños… ni contar con su permiso.
¿Qué lugareños? - se preguntarán muchos - ¡Si dónde voy yo no hay nadie!

Aunque no lo parezca (al menos aquí en Jujuy e independientemente de los papeles que las declaran fiscales) todas esas tierras supuestamente deshabitadas tienen su dueño. Estos propietarios son pequeños pastores que llevan una vida trashumante (es decir: cambian de lugar de residencia a lo largo del año de acuerdo a las necesidades de sus rebaños, siguiendo un ciclo establecido desde hace siglos). Generalmente no los vemos porque están en otros lugares o porque nuestra percepción del paisaje no nos permite hacerlo, pero ellos nos ven… o ven las huellas de nuestro paso.

Muchas veces, el dueño es ese hombre o esa mujer que  está con sus ovejas y llamas en medio del cerro y a los que ignoramos olímpicamente, entusiasmados en nuestra actividad. Otras veces es el que se acerca y nos dice “¡no hay camino!”… un “¡no hay camino!” que puede significar tanto una advertencia (a la que frecuentemente se le responde con una sonrisa sobradora y con un “¡yo con esto me meto en cualquier lado!”) como también puede significar un “si no hay camino no tenés derecho a meterte” (que su humildad y respeto le impiden decir frontalmente).

Tengamos siempre presente que la ausencia de alambrados no significa que las tierras no tengan dueño: las condiciones económicas en que viven les impide ponerlo;  además, entre ellos no los necesitan, ya que el respeto hacia el otro es una de las bases de la cultura andina (cosa que vendría bien que imitemos en las grandes ciudades)

Un dato aparentemente anecdótico, pero que no deja de ser importante, es que generalmente estas actividades fuera de ruta se realizan con un equipamiento que al lugareño suele generarle comentarios risueños… comentarios que, en definitiva, no hacen más que remarcar la diferencia entre “los de afuera” y “la gente de acá” (curiosamente, nunca se dice “la gente de afuera”…). Los motociclistas usan unos cascos y trajes que parecen salidos de “La guerra de las galaxias”, ante lo cual no falta quien dice un “¡Pa´ que se han disfrasao si todavía no es Carnaval” o (los mas “leidos”) un “¡llegaron los extraterrestres!”.

Recuerdo una vez que entró a un conocido restaurante tilcareño un grupo de motoqueros que andaban en Harleys con mucha onda ´50s: camperas de cuero con bordados de águilas bicéfalas y el nombre de cada uno en la espalda, pañuelos en la cabeza, vaqueros con botas y varios detalles acordes a la imagen que pretendían dar. El mozo, después de verlos con la seriedad característica de los norteños, se  acercó y me dijo en voz baja: “¿estos de donde salieron: de algún club de p…s?”

Las camionetas, por su lado, vienen con accesorios que también  llaman la atención: enormes cubiertas, faros auxiliares, malacates, bidones, algunas veces planchas para la arena, etc. etc. Como todo esto se usa para transitar los mismos lugares que ellos hacen a bordo de vetustas F100 o “Chivas” de los ´70 o, los más modernos, de alguna 504, las opiniones no se hacen esperar: “Tanta cosa para llegar donde yo llego con mi burro…”, “Tanta camioneta pa´ no llevar nada” o similares. En otros casos, la reacción no tiene nada de cómico: “Mucha plata tienen para gastar estos gringos, ¿no, don Oscar?” me dirá algún conocido, con la cabeza apenas ladeada y los ojos entrecerrados.

Independientemente del tenor de los comentarios, lo que en un ambiente urbano causa admiración  y envidia aquí se lo ve como algo casi ridículo, y el lugareño percibe esta onda aventurera” como una intrusión de los que, según su criterio, “se creen que porque tienen plata pueden venir a hacer lo que quieren”. Como, en definitiva, una nueva forma de atropello, dominación y desprecio que la cultura dominante ejerce sobre las poblaciones locales (tal como sucede desde hace siglos).

Y otro problema, independiente del hecho que muchos se metan en propiedades privadas y ya viéndolo desde el punto de vista ambiental y cultural, es que al transitar fuera de los caminos están pisando “yuyos” sin importancia aparente,  pero que son recursos valiosísimos, tanto para la medicina natural como para el pastoreo. Generalmente estas hierbas se dan en franjas bastante estrechas y al pasarle por encima con nuestros vehículos se pierde una parte considerable de las mismas, no sólo en función de su recolección sino también para su reproducción y multiplicación, lo que genera la justa indignación del que las necesita para sobrevivir. Dentro de este panorama, no olvidemos a las motos y cuatriciclos que, además de los destrozos que causan, con su ruido y sus piruetas asustan a los animales, agregando un factor más al enojo del lugareño. 

Estos son ecosistemas muy frágiles y limitados en cuanto a la cantidad de ejemplares de cada especie (y dentro de esta limitación casi todo es usado por el hombre): Cualquier alteración, por mínima que sea, lo afecta (para dar otro ejemplo: en muchos ríos o arroyos, los renacuajos se congregan en sitios determinados, que el paso de una camioneta puede destruir, alterando los ritmos de vida de la especie en ese lugar).

¿Qué hacer entonces, si nos gusta llegar a lugares apartados? Muy sencillo: ir únicamente donde hay caminos o huellas y no salir de ellos. “Yo compré la camioneta para meterme dónde quiero…” dirá alguno, olvidando que nuestros derechos terminan dónde comienzan los derechos de los demás.

Pensemos la situación inversa: ¿qué diríamos nosotros si encontráramos a un pastor con sus llamas comiendo y pisoteando nuestro jardín…? A todos nos gusta disfrutar de lugares hermosos y no contaminados, pero no somos los dueños del paisaje ni el tener una 4x4 nos da derechos sobre el mismo. Para eso tenemos sitios específicos, ya sea para practicar off road o para disfrutar del entorno natural dentro de un marco regulado (como en los P.N. o en las Reservas).

Por estos lugares  impera el silencio, y la armonía del Hombre y la Tierra es lo que ha permitido durante milenios la supervivencia en un marco que hoy llamaríamos sustentable. No permitamos que nuestros vehículos los rompan: ni la Naturaleza ni los lugareños  tienen que pagar por nuestras “chifladuras” urbanas.

A esta altura varios estarán enojados conmigo. A no enojarse, muchachos: las cosas son como son… ¡y yo no tengo la culpa! Practiquemos nuestra actividad dentro de límites razonables, para que nuestra diversión sea, precisamente, una diversión, donde nadie salga perjudicado ni ofendido.

Imagen: hostel-inn.com

13/01/09


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ernesto azua

13/01/09 Oscar me resultó magnífico tu artículo sobre la DEPREDACIÓN del paisaje por los TILINGOS de las 4x4 Por supuesto que existen dueños de esos lugares porque seguramente un documento lo corrobora pero de alguna manera también todos somos dueños "espirituales" y tenemos derecho a deleitarnos con la naturaleza en sus mas complejas y asombrosas manifestaciones, es mas tenemos la obligacion de ver todo nuestro hermoso país como un reserva natural obligados a cuidarla de allí que nigun infradotado (que esconde su mediocridad en trozo de lata con ruedas) se puede endilgar el derecho de destruir ni tan solo una pequeña flor Ernesto Azua



monica

Son los porteños son...



jorge anibal escribano

Monica son los porteños misoneros,correntinos,sureños en una palabra son los Arg que creen que democracia es haser lo que quieran sin respetar los limites Oscar te felicito por la nota esto a alguien le va a llegar y ba a resepetar las cstumbre de los pueblos



juan c. olmos

En Quilino respetamos nuestras costumbres del pueblo,todos andamos en "SULKY"..!!!



ernesto azua

16/01/09 Oscar tu magnifica nota ya la he leido por tercera vez. Respecto a "los de afuera" en otras épocas ese término en el litoral, donde yo vivo actualmente, tenía otro sentido a los del "interior" nos decian casi despectivamente "pajueranos" porque segun ellos veníamos de afuera siendo que en realidad eramos de tierra adentro de allí que don A. Jauretche propuso que al menos nos llamasen PADENTRANOS Un abrazo Ernesto el "vasco" Azua




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