
Fernanda Castro Juin.
Algunos varones reivindican también por un día del hombre y ven al día de la mujer como un acto de “discriminación”. Algunas mujeres dicen no ser feministas y ven en ese día la ocasión para recibir flores, bombones o algún otro regalo. Mientras tanto, los comercios aprovechan estas celebraciones para poder “hacerse su día”.
Pero pocos y pocas recuerdan que ese día es el día de la mujer trabajadora, es el día que se recuerda a mujeres que pelearon por sus derechos y murieron en esa lucha.
Cuando una mujer dice: “Yo no soy machista pero tampoco feminista” no se da cuenta que está comparando dos cosas distintas: el primero nos remite al sistema patriarcal que es un sistema de valores, roles y mandatos trasmitidos de generación en generación que tienden al control social tanto de la vida pública como la privada que oprime con marcada diferencia al género femenino, impidiendo y coartando el ejercicio pleno de sus derechos. El ser feminista nos remite a las incontables luchas por defender y lograr el reconocimiento efectivo de los derechos que a toda persona le corresponde por el hecho de serlo sin distinción, en condiciones de igualdad.
Ser feminista es mostrar estas injusticias, es hacerlas visibles, es la lucha para lograr un cambio social en este sentido. Si bien hay extremos, no es estar en contra de los hombres, ni querer ser hombres, es poder disfrutar y ejercer los derechos que les corresponden por ser personas, en igualdad, respetando las diferencias, las diversidades pero con equidad.
Esas mujeres se olvidan que hasta no hace mucho tiempo eran consideradas “incapaces” por el código civil, eran tratadas como “propiedad” del padre y después del marido, que para la ley el marido podía golpearlas en justa medida para disciplinarlas. Si, así como lo leen. Que no podían estudiar, ni acceder a las universidades, que había trabajos que no les era permitido realizar, que la ley no las protegía en el embarazo para no ser despedidas, que no podían votar ni ser candidatas, que no eran consideradas ciudadanas.
Hoy no podrían hacer lo que hacen sin la pelea de numerosas mujeres que murieron en esas luchas, que sufrieron por alcanzar el reconocimiento estos derechos, muchas han quedado en el olvido, la historia oficial las borró, pero gracias a ellas hoy los disfrutamos.
Es por esto que hoy más que nunca necesitamos poder reflexionar y reconocer que aún existen estas desigualdades. Poder desnaturalizar roles y estereotipos es un proceso que posibilita que nos fortalezcamos y tratemos de romper con todas esas asignaciones sociales que condicionan el desarrollo de nuestras identidades como personas, de nuestros proyectos de vida, que afectan nuestra salud y que impiden que podamos tener una igualdad real de oportunidades y que podamos disfrutar nuestros derechos.
Por eso este 8 de marzo debe ser para recordar a todas ellas y para que nosotras nos comprometamos, no sólo con lo que falta alcanzar si no también a no perder lo conquistado, a evitar retroceder, a no dejar que nos hagan dar un paso atrás. Nos comprometamos a sumarnos, a participar con otras que vienen trabajando.
Pelear por igualdad de oportunidades reales en los trabajos, que no seamos discriminadas por nuestro sexo, que todas tengamos igualdad de remuneraciones por igual trabajo, que la condición sea nuestra idoneidad y no nuestra apariencia física, luchar para “deconstruir” los estereotipos basados en el género que naturalizan roles y ciertas funciones y nos hacen las únicas responsables de los hijos y del “hogar”.
Para que todas podamos acceder al sistema de salud, contemos con una efectiva ley de salud sexual y reproductiva, que todas podamos decidir sobre nuestros cuerpos y sobre nuestras vidas. Por una vida sin violencia. La lucha continúa.
Nota de Sosperiodista: Fernanda Castro Juin es Secretaría de Igualdad de Género y Oportunidades. CTA Córdoba Capital
8/03/07
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