
Luis Osorio.
El monólogo de los capitalistas se llama diálogo – Hace algunos meses Sosperiodista publicó una breve nota en que se demarcaban las dos estrategias que las facciones políticas que responden a las patronales habían diseñado para responder a la gran cuestión de fondo que enmarca la dinámica económica, el desarrollo social y el decurso político del país y el mundo entero: la bancarrota del sistema capitalista. Por un lado, la oposición, que apelaba a una devaluación, tarifazo y pacto con el FMI; por otra parte el gobierno, que usando los fondos del Anses quería sortear la crisis “viviendo con lo nuestro”. Se decía entonces que la magnitud de la crisis y la inoperancia y contradicciones internas de este gobierno terminarían por convertir en inviable el segundo escenario, teniendo que -a la larga- aceptar el primero de ellos. No es que este planteo se haya presentado abiertamente por la clase política y la corporación mediática, pero asomaba, cada tanto y de manera sesgada, en el lenguaje público.
En cualquiera de los dos casos la resolución de las clases dirigentes para enfrentar el trance parece inamovible: que la crisis del capitalismo la paguen los trabajadores. El “diálogo” tan mentado es la manera elegida para conducir esta solución de la manera más ordenada posible.
La paz de otras épocas - Al lenguaje oblicuo no lo comparten todos, y hay que reconocer semejante gesto porque nos permite dibujar los contornos de algunos problemas. Como para mí la reforma del consejo de la magistratura y la manera en que la inflación dispara el precio del Danonino no son temas que alarmen a los sectores hegemónicos, me atengo a lo que uno de sus voceros en los medios, el abogado laboral -al servicio de las patronales- Julián de Diego (que escribe en El Cronista, cuyo propietario es Francisco de Narváez) afirmó tras las elecciones: “En el ámbito empresario sólo se escucha: bajó el nivel de facturación, la rentabilidad está comprometida, y frente a las dificultades de la cadena de pagos, tenemos problemas financieros… Pero el tema más grave no está ligado solo a temas estrictamente económicos. En efecto, lo que ha crecido es un cierto estado de rebelión en el mundo laboral, que ni siquiera está promovida en forma explícita y mucho menos controlado por los sindicatos y sus líderes… los delegados pasaron a tener un protagonismo clave, por sí y por el entorno de poder que crearon… [desencadenando] el estado asambleario creado en muchas empresas líderes o con grandes dotaciones, a propósito del cuestionamiento de distintos estamentos de la estructura sindical… Con estos fenómenos se ha alterado sin dudas la paz social reinante en otras épocas” .
Córdoba aportó un testimonio elocuente al respecto. Al grito de “Nosotros somos los que laburamos”, los trabajadores metalmecánicos atacaron hace solo un par de días al diputado del Frente Cívico y dirigente gremial de la UOM-Córdoba Augusto Varas. A aquellos que recibieron con sorpresa la noticia de que trabajadores atacaran a su propio representante sindical, habrá que recordarles las apesadumbradas palabras del doctor De Diego: la paz social ya no es lo que era.
El falso milagro chino – Hay que decir que dentro de todo Varas la sacó barata. Baratísima. Sucede que bajo el efervescente título “Los obreros masacran al capitalismo en China”, el diario Crítica nos cuenta que en la ciudad china de Jilin “Tres mil operarios mataron a palos al nuevo manager de una metalúrgica estatal adquirida por un holding privado que planeaba despedir al 80% de los empleados”. Después de aclarar que el “mataron a palos” es una cita textual y no producto de mi inventiva, voy a hacer una serie de observaciones. Primero, algunos pueden creer que la comparación entre un burócrata sindical y un manager de la patronal es abusiva, pero si los trabajadores cordobeses se expresaron de la manera en que lo hicieron fue porque percibieron que su “representante” actuaba más bien como agente de sus empleadores. Segundo, para aquellos que creían que China iba a salvar al capitalismo de su bancarrota este hecho es una buena bofetada de la realidad mucho más conflictiva y compleja del gigante oriental que la que nos venden los mercaderes de milagros (el “milagro” chino, el “milagro” indio con su pobreza rampante, el despojo y los suicidios masivos de campesinos y el crecimiento de la enorme guerrilla naxalita, el “milagro” chileno con su desigualdad estructural sólo comparable con en la que existe en China, etcétera). Y tercero, no estoy haciendo un elogio del linchamiento, en lo más mínimo. El hecho fue trágico como es trágica toda muerte, y horroroso, como lo es todo linchamiento; de hecho les sugiero que se ahorren leer los detalles del suceso. Pero también inevitable como la lucha de clases, así como popular y festivo, según lo atestiguaron los fuegos artificiales con que los trabajadores chinos iluminaron la noche de Jilin.
El auténtico milagro chino – La cuestión del asunto no es aquello que pueda herir nuestra sensibilidad sino el dato más curioso de que semejante hecho no les haga derramar a los trabajadores de Jilin lágrimas de cocodrilo o considerar necesario enredarse en disculpas inútiles. Es que las medidas de fuerza, huelgas, movilizaciones, cortes de ruta, y las más severas como secuestro de directores ejecutivos en Francia, apaleamiento de sindicalistas colaboracionistas en Córdoba o linchamiento de capitalistas en China (no por el Estado “obrero”, que estaba detrás del bestial proyecto de despido masivo) no son sino la respuesta a una agresión, una forma de atraco que no es tal a los ojos de quienes han naturalizado la posesión capitalista y han hecho de esa propiedad una superstición teológica, intocable como los ángeles y fuera del alcance de la razón humana como lo están los misterios divinos. Sin embargo, según Crítica “En respuesta al incidente, el gobierno comunista anunció ayer la suspensión ‘definitiva’ de la venta de Tonghua [la fábrica en cuestión] que fue anunciado por los altoparlantes de la fábrica y celebrada con fuegos artificiales por los obreros”. Esto quiere decir que los obreros chinos, en su desmesura, tocaron ángeles y revelaron los misterios inaccesibles: obstaculizaron la lógica del capital en su desenvolvimiento perpetuo hacia la maximización de beneficios y obligaron al Estado “comunista” a suspender la agresión patronal. El horizonte terrible de esta hierofanía es la bancarrota del capitalismo y la salida que los capitalistas proponen para terminar con la misma.
Mucho temo que tanto diálogo entre intérpretes de los mismos intereses lleven a los trabajadores argentinos a obrar sus propios milagros. Y no esperen lágrimas de cocodrilo ni disculpas inútiles.
2/08/09
Recomendar esta notaLa nota me recuerda, ni mas ni menos a una frase de un líder inmortal argentino: ¡el pueblo cuando hace sonar su voz, el escarmiento es necesario!. Sin dudarlo, a nosotros nos hace falta un "pequeño (o grande)" escarmiento a los corruptos (sean políticos, empresarios, profesionales, docentes, etc.), pero que hace falta, no hay dudas que sí.
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