El delantero de Lanús, José Sand, se extralimitó ayer festejando burlonamente un gol frente a su ex club, River Plate. El correntino justificó su conducta en los silbidos recibidos y en el supuesto maltrato sufrido en el club. Pero su caso sirve para la polémica: ¿por qué en el fútbol hay cada vez más goles que ya no se festejan y algunos de los que se festejan, por qué sirven sólo para descargar frustraciones o broncas pasadas?
Nicolás Albera.
El fútbol sigue envuelto en la locura, en la confusión, en el sinsentido.
Ayer, el delantero de Lanús José Sand, festejó burlonamente el gol que le convirtió a su ex club River Plate. Lo hizo con gestos provocativos dirigidos a los hinchas locales ubicados en la platea San Martín, que aparentemente lo habían silbado desde que lo anunciaron por los altavoces. Por ese hecho, el joven delantero correntino terminó el día con una contravención en la justicia ordinaria.
Sand declaró hoy que hizo eso para "desahogarse" porque habiéndose formado futbolísticamente en River, el club nunca lo quiso, y estuvo al borde de quedar libre tres veces. Sólo Leonardo Astrada -ex técnico de River- valoró sus condiciones, lo hizo jugar y así pudo ganar un título con el club.
La historia de Sand, es la historia de miles de chicos que sueñan algún día jugar en primera. Pero con la diferencia de que Sand sí pudo llegar adonde muchos jóvenes talentos, con condiciones iguales o superiores no llegan, por razones muchas veces más traumáticas a las alegadas por el propio Sand.
El gol nació para ser festejado, no reprimido. Un gol cuyo festejo se reprime no es gol, es lo más parecido a la representación de una farsa autoconsciente por parte de quien opta por morderse la lengua antes que ser honesto con la alegría que lo embarga en ese momento de gloria personal.
Digo esto porque se ha instalado la costumbre en el profesionalismo de no festejar los goles que le hacemos al equipo en el que nacimos o en el que nos contrató alguna vez. No está mal que algunos jugadores sientan que esos goles no deben ser festejados, lo que es una estupidez es que los hinchas se sientan ofendidos si alguien descuida las formas y festeja con respeto.
Ocurre que Sand, ayer, se extralimitó, se fue de madre. No por festejar contra el equipo de sus amores; sino porque lo hizo provocativamente -ensayó el gesto del Topo Gigio- hacia quienes lo hostigaron durante el partido recordándole su pasado en River. Reprobable, de las dos partes.
Pero más allá de Sand, hinchas y futbolistas deberían comprender que los goles existen para ser celebrados y disfrutados en comunión. Si el gol es el orgasmo del fútbol, como enseña Galeano, no se entiende cómo algunos jugadores desperdician un momento, que deberia ser de goce y disfrute, pidiendo disculpas o desahogando frustraciones o broncas pasadas.
Es cada vez más frecuente ver a jugadores haciendo del desahogo de un enojo, un momento placentero.
Si estuviera prohibido gritar los goles convertidos a sus ex clubes, Silvio Carrario se quedaría mudo ya que jugó en 15 clubes.
De todas formas no me parece mal que alguien no lo quiera gritar por convicción o por respeto, me parece tonto cuando no se grita por un formalismo institucionalizado. El gol debe ser gritado con respeto, que la euforia no sea el escudo de la irrespetuosidad. Hay que tener en cuenta que mientras alguien lo goza otro lo sufre, si en nombre de la euforia todo se perdona, el sufriente encontrará en su dolor la excusa para descargar su furia.
Cada uno es dueño de expresar sus sentimientos de la forma que se le antoje, siempre y cuando no le falte el respeto al projimo.
El domingo hubo elecciones en el Centro vecinal de Villa El Libertador, una de las barriadas más importantes de Córdoba. El representante de Tupac Amaru en Córdoba explica porqué se demoran las viviendas. Una entrevista con el secretario de Economía Social del Ministerio de Desarrollo Social de la nación: “Faltan planes laborales para los jóvenes”, dice. Las mamás nos muestran los delantales escolares y las zapatillas que entrega el municipio y más…Baje la versión PDF del último número.