
Diego Martín Romero.
Hace un poco más de un año, escribía en este mismo espacio de Sosperiodista “Si yo hubiese sido Campana, no habría sonado tan rápido”. Y si bien se que la Historia tiende a repetirse, jamás pensé que en tan poco tiempo la vería reinventándose a sí misma:
¿Por qué los que llegan a la política rifan tan rápido el caudal de confianza que la gente deposita en ellos? Digo: ¿es el poder algo nefasto y terrible capaz de transformar tanto a alguien o es tan resplandeciente que simplemente ilumina su lado oscuro, aquel que se necesita ocultar, hasta lograr la meta?
Y es que el poder es embriagante, excitante, hasta erótico. No se rían, muy adentro sabemos que es verdad. Dicen que el dinero y el poder mueven al mundo. Prueben los dos, eligen sin dudar al segundo.
Será que ellos también fueron en su momento honestos consigo mismos y quizás también las promesas que hicieron a la gente fueron dichas de corazón; pero el poder te transforma, o te muestra como realmente sos o simplemente uno se embriaga y no es conciente de sus propios actos. Ninguna de las tres opciones es validante ni justificativa.
En la nota anteriormente citada acerca de los derroteros políticos del señor Campana, escribía “…la política es una herramienta fantástica con la que se nos permite mejorar cualquier situación de vida en comunidad, pero no deja de ser eso: una herramienta.” Una herramienta, un medio para, no un fin en sí mismo.
En la vida, a través de determinados parámetros, se puede medir si el accionar de uno es el correcto. Cuando se le dice te amo a alguien, se debe saber que es así si esta dispuesto a entregar su vida por esa persona. Cuando un político es consecuente con sus principios se debe saber que es así si puede caminar por la calle y mirar a la gente de frente a los ojos.
Esa gente que como sociedad muchas veces se olvida pero que difícilmente perdona. Por eso desde algún grupo interesado se juega a los golpes de efecto, a noticias de cortinas de humo, para que lo actual nos haga olvidar fácilmente lo recientemente acontecido. Quizás sea por eso también, que a muchos moleste quien nos haga recordar constantemente. Sobretodo hacernos recordar que en determinadas ocasiones, determinadas actitudes, los cordobeses como sociedad, jamás las perdonamos.
Foto de Nicolás Maquiavelo.
11/9/08
Recomendar esta notaDIEGO: Con el mayor de los respetos le digo que creo que los políticos NO rifan su caudal de confianza que habíamos depositado en ellos, sino que esa confianza ya la habían negociado antes de que los votemos vendiéndosela al mejor postor y con alta rentabilidad. Atribuyen al General la siguiente frase: "Cuando los pueblos se cansan hacen tronar el escarmiento", si esto ocurriera NUESTRA CLASE POLITICA se cuidaría mucho y trataría de "andar derecho", pero parece que como pueblo tenemos "un excelente estado físico" porque NUNCA NOS CANSAMOS.
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