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La inseguridad bajo la alfombra /

La inseguridad bajo la alfombra

Empezó el año político, se abrieron los períodos de sesiones ordinarios en municipios, provincias y a nivel nacional sin embargo -señala el autor de este artículo- el tema que más preocupa no aparece en la agenda. "La inseguridad golpea como problemática social en forma transversal. Castiga a toda la sociedad: ya no se trata de villas o countries, ricos o pobres, la epidemia se ha convertido en pandemia y nos impacta a todos".


 

Alberto Medina Mendez (Corrientes)

La inseguridad es tal vez la mayor preocupación de los argentinos. Tiene que ver con la integridad humana, con la existencia misma, con cuidar nuestras vidas y bienes. El asunto ocupa invariablemente el centro de la escena en materia de preocupaciones.

 

En algún tiempo, era solo un asunto marginal. Algunos sectores sociales a los que no llegaba el progreso lo padecían, y en el otro extremo, los que mayores recursos disponían, se preocupaban por no ser saqueados.

 

Hoy la inseguridad golpea como problemática social en forma transversal. Castiga en forma general a la sociedad toda. Ya no se trata de villas o countries, ricos o pobres, la epidemia se ha convertido en pandemia y nos impacta a todos.

 

El fenómeno excede los límites de la República Argentina, pero basta con observar a diario nuestras conductas para ver hasta donde ha calado hondo en nuestras vidas.

 

Una simple mirada a nuestros hogares nos mostrará alarmas, rejas, guardias privados, cuando no "serenos", sofisticados sistemas de seguridad en puertas y ventanas que cada vez tienen mas cerraduras y pasadores. Dejar un hogar sin ocupantes para ir a trabajar, estudiar o para hacer una visita familiar implica un operativo muy minucioso para asegurarnos que nuestra vivienda y bienes estarán a salvo, o al menos que no será presa fácil de los más improvisados delincuentes.

 

Nuestros hábitos más elementales en el andar cotidiano dan otra muestra de lo mismo, un caminar vigilante, atento al más mínimo movimiento que nos genere sospecha, bajo una desconfianza exacerbada y esa actitud casi hostil frente a cualquier desconocido que se acerca. Carteras y bolsos celosamente cuidados en ese circular casi paranoico al que finalmente debimos acceder por meras cuestiones de supervivencia.

 

El repertorio es inagotable, elegir la ruta menos peligrosa, el camino hacia la escuela, el trabajo o cualquier actividad apelando al sentido común, intentando recorrer las zonas más concurridas, menos arriesgadas, más iluminadas. Es casi una obligación evitar los ámbitos oscuros o las barriadas desprestigiadas convertidas casi en ghettos.

 

Es que casi no nos damos cuenta, porque ya nos hemos acostumbrado peligrosamente a esta forma de transitar por la vida. Esto es sólo el reflejo de hasta donde hemos llegado, sólo nos muestra la foto de un presente que tal vez pudimos evitar pero al que pertenecemos irremediablemente.

 

Ante semejante sensación de inseguridad, por mucho que nuestros dirigentes intenten minimizar, es de imaginar una reacción acorde a las circunstancias, que vaya mas allá del sálvese quien pueda, del mezquino pero casi obligado recurso de proteger la vida propia y nuestros bienes.

 

La sociedad ya ha colocado a este tema hace tiempo en los primeros lugares en las encuestas. Los políticos no encuentran el camino, es más, no lo conocen, por eso muchos incluso intentan minimizarlo, ignorándolo en sus discursos.

 

Sabemos que ese no es el camino. Nada se soluciona sin nuestra decidida acción al respecto. Los hombres podemos hacer que las cosas pasen, sólo si estamos sobre ellas. Se precisa una actitud perseverante, con convicción y sobre todo un diagnóstico adecuado, ese que aún no aparece con claridad.

 

Los políticos no saben como llevarnos hasta ese destino que nos libre de esta sensación espantosa de que podemos perder nuestras vidas o bienes a la vuelta de la esquina, pero lo más grave aun es que no hemos dado el puntapié inicial, el imprescindible y necesario, ese que implica comenzar el debate.

 

Algunos gobiernos, respondiendo a la demanda más elemental de la sociedad, esa que reclama aumentar la seguridad como forma de contrarrestar el delito, han dado rienda suelta a esta ecuación que ya ha demostrado reiteradamente su ineficacia.

 

Más policías, más controles, para darle batalla al delito. Ojalá fuera tan simple. El tema es complejo, y hay que decirlo, la solución no parece tan lineal. Ninguna propuesta de trabajo que no contemple que estamos frente a un fenómeno social que tiene un origen multifactorial tiene chances de lograr éxito.

 

La problemática esta plagada de causas que explican sólo parcialmente el fenómeno. Drogas, alcohol, pobreza, impunidad, ausencia de justicia, una débil concepción del valor por la vida y la propiedad privada, una sociedad que ha perdido la cultura del trabajo, familias desintegradas, ausencia de diálogo en el hogar, una educación que muestra grietas, con códigos morales destruidos y una fragmentación despiadada, son solo algunos de los componentes de una larga nómina que en combinación, casi nunca aislados, conforman el coctail que deriva en este desastre actual

 

El tema es complejo, MUY complejo. Los políticos no encuentran el camino. Digámoslo, la sociedad tampoco. Pero vayamos por partes. Ignorar el asunto no nos conduce a ningún lugar. Si no nos enfocamos en analizar la cuestión a fondo, si este tema no se convierte en la preocupación central a la hora del debate, difícilmente encontremos el rumbo que nos acerque a la solución, o al menos a atenuar parcialmente las incontrolables consecuencias de este fenómeno.

 

Reconocer nuestra ignorancia al respecto es el primer paso. Seamos claros, no sabemos como enfrentar este asunto, ni políticos ni sociedad. Sólo tenemos discursos plagados de diagnósticos, los más de ellos incompletos. Sin la humildad de reconocer que estamos perdidos, profundamente perdidos, seguiremos siendo rehenes de los delincuentes, esos que disfrutan del privilegio de nuestra impotencia y desconcierto.

 

Preocupa el asunto, pero más aún que el tema siga siendo tabú y que no estemos dispuestos a instalarlo en el centro de la escena del debate. Alguien debe dar el puntapié inicial. No es patrimonio exclusivo de los gobiernos, la responsabilidad es de la sociedad toda, pero sería bueno que empecemos a ver quienes se sentarán en esa mesa que nos ayude a recorrer el camino de vuelta.

Queremos sentirnos seguros, pero debemos trabajar mucho para ello. Depende de nosotros. Cuando a la inseguridad dejemos de esconderla bajo la alfombra, tal vez tengamos una chance.

Imagen: cielodelangel.com

5/02/08

 


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juan c. olmos

Señor Mendez,es verdad,los "SEUDOS" politicos no conocen la palabra SEGURIDAD ni tampoco les interesa, es por eso la gravisima situacion que estamos pasando los ARGENTINOS,le doy un ejemplo,el Señor Castrilli,ex arbitro de futbol es SECRETARIO DE SEGURIDAD EN EL DEPORTE,mi pregunta ,sabe de SEGURIDAD,NO,entonce la SOCIEDAD NO ES CULPABLE DE NADA, PORQUE NO NOMBRA EN ESTOS CARGOS A CIUDADANOS QUE NO CONOCEN EL TEMA DE SEGURIDAD COMO EN ESTE CASO DEL EX ARBITRO ,HAY OTRO PARECIDO COMO EN NUESTRA PROVINCIA, CUANDO EL SEÑOR carlos Alesandri,fue SECRETARIO O MINISTRO DE SEGURIDAD DE CORDOBA EN EL GOBIERNO DEL EX. gobernador de la sota.



Gustavo Alejandro Boccoli

Sinceramente no comparto la nota. Primero: en el 12º párrafo el autor pide la guía de "los políticos" para salir de este problema. Si no actuamos nosotros mismos nadie nos va a "guiar" a otro lugar que no sea peor que en el que estamos. Lo contrario me parece mediocre y cómodo. Segundo: ¿Cómo que hay inseguridad? Si acá todo es seguro. Seguro que te roban, seguro que te quedas sin trabajo, seguro que ni siquiera tenes trabajo, seguro que al autor de la nota no le gusta mi comentario...



jaker2

Inseguridad , Mi muerte de todos los días Tarde aprendí que vivir en este país es también morir un poquito todos los días Tarde aprendí que tus muertos , también son los míos . Tarde aprendí que la indiferencia , no podía sobornar a la realidad . Y tarde aprendí que la muerte de un inocente , es mucho mas que su cuerpo y alma , también se destruye un universo de cosas que “ jamás volverán a suceder ”. Mi muerte de todos los días A ustedes , señores ideólogos , políticos , filósofos , defensores del tiro al blanco. Cuando , el blanco son seres humanos , la filosofía se muere en la borra del café También aprendí , que jueces vernaculos y garantistas con 20 custodios de cada lado , juegan con sus ideologias mas bizarras en el teatro del horror y nosotros somos sus marionetas , para ellos somos apenas un guarango experimento de laboratorio donde aplican las pateticas teorias garantistas un ensayo de prueba y error , pero el error significa la muerte , nuestra muerte . Somos parte y responsables de mi muerte de todos los días . Y vaya que aprendí , que la solidaridad en Argentina es una vieja metiche muy cambalachera y mentirosa . Cuantos muertos mas para que reaccionemos? Mil , dos mil , tal vez mas…? A no asombrarse si un día , encontramos un cartel en la puerta del cementerio que diga: - Para entierros , solo con 30 días de anticipación . reserve con tiempo” Por : Jaker2



Matias

Me puedo llegar a imaginar quienes podrían ser el remedio para curar esta "enfermedad", según veo los miedos que se expresan en el artículo. Si todos los diarios del país se ocuparan en hablar sobre cada nacimiento que ocurre a cada momento en los hospitales, se instalaría la premisa de que en Argentina faltan políticas que prevengan la sobrepoblación. Pero hoy sirve vender una vereda chorreada de sangre para que la vecina, o una epidemia de gripe A que les viene bien a los laboratorios. El miedo paraliza y anula las reacciones y eso buscan la mayoría de los medios: la modorra mental. Hay problemas más profundos en Argentina que devienen en violencia, que es la desigualdad social. En Concordia Entre Ríos se cosecha arándano solo tres meses. Los jornaleros no tienen seguro, ni jubilación. Eso es inseguridad también, pero no vende.




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