
Mario Cócora.
"El hombre vale por su tenacidad. Por la firmeza que ponga en la pasión de sus ideas. Yo diría que vale más una bandera solitaria sobre una cumbre limpia que 100 banderas extendidas sobre el lodo" (Jorge Eliecer Gaitán, líder popular colombiano asesinado en 1948 en Bogotá).
Vivimos en democracia, pero no en una República. Quizá habremos llegado a ser una «republiqueta» sojera, digitada por multinacionales como Monsanto y los Grobocopatel.
Tenemos un «patrón de estancia» y no un presidente estadista, serio e inteligente en el Sillón de Rivadavia. Triste destino el de los argentinos, después de tantos sufrimientos, de tantas luchas, de 30 mil desaparecidos, de los saqueos anteriores y de los actuales, no tenemos una República.
El espíritu camorrero del gobierno de turno es igual a muchos de sus antecesores, que entran en respuestas y campañas sucias para defender lo indefendible, para tapar el sol con la mano de una gestión gubernamental llena de clientelismo, oscuros negocios, soluciones de superficie y demagogia, mucha demagogia.
Esas son sus banderas, no muy diferentes a la pobre oposición oportunista y mediocre que acude por los alrededores del palacio para conseguir que le tiren algún hueso.
La perenne decadencia política, moral y espiritual que nos aprisiona en los más oscuros sótanos del civismo, nos hace seguir levantando "banderas en el lodo". Con una derecha devenida en desgracia que ha perdido sus viejos privilegios, muchas veces logradas a fuerza de sables y tiranos. El cúmulo de "impresentables" es notable y son justamente quienes sostienen con sus manos esas banderas enlodadas, manos que quizá también estén sucias por haberlas metido en diferentes "latas". Hay de todo.
Toda esa dirigencia, del lado y color que se la mire está distante de las bases ciudadanas. Lejos, muy lejos están. No entienden nada. No les importa tampoco. Creen que se puede conseguir votos esgrimiendo las mismas mentiras de siempre. Mientras tanto, otros hechos suceden en la Argentina.
Gualeguaychú, 160 mil almas sobre un puente reclamando, protestando y resistiendo los embates de la multinacional Botnia. En Neuquén, Santa Cruz y algunas otras provincias, los maestros luchan por una educación y un salario digno. Nuevas banderas. Son banderas del pueblo, no las sucias que levantan los «Fernández», los «Macri» o los «Lavagna».
Escuchar a un integrante de las protestas de Gualeguaychú o de los docentes provinciales y, escuchar a cualquiera de los políticos conocidos es sentir dos mensajes diferentes.
Una bandera digna y limpia se levanta con doctrina y ejemplos de vidas realizados bajo valores y principios honestos y orientados al bien común. La doctrina política incluye la orientación de las medidas a tomar cuando se es gobierno, qué gestión se llevará a cabo sin que quede nada en el camino y sin hacer tranzas con los bandidos de siempre. Hay que pensar más en la gente y no en los números. Este materialismo ruin con envoltorio de consumismo solo a llevado a los gobernantes a pensar en números, de ahí que (al presidente Néstor) Kirchner le preocupe tanto el INDEC y no los 10 millones de pobres que hay en el país.
Levantar una bandera digna es participar desde las bases. Pensar globalmente, pero actuar localmente. En nuestro barrio, en nuestra ciudad, con la gente que conocemos y donde nos movemos. Levantar una bandera digna es dejar la mediocre muletilla de que la política es sucia, por eso no me meto. Eso es comodidad y ya sabemos que caro se paga.
Durante años las fuerzas del poder feudal nos adoctrinaron para ser prolijitos y moderados, respetuosos y callados, el rebelde o era hereje o debía pasar por el confesionario.
Lo expuesto no es lírico, es bisturí y es necesario meterlo profundamente en las conciencias de todos los argentinos, de los honestos, se entiende. Muchos no querrán hacerlo porque les conviene seguir revolcándose en el lodo con sus sucias banderas de la demagogia, del latrocinio, de la vergüenza y de la injusticia.
Detallar lo que hay que cambiar nos llevaría varias páginas. Pero tenemos miles de niños con hambre, ancianos abandonados y enfermos que no encuentran donde curarse. Un país en el que un jubilado cobra una tercera parte de lo que cuesta la canasta familiar y un obispo de la Iglesia Católica cobra 7.287,13 por mes. Esto lo dice todo. El feudalismo sigue bailando en los salones del palacio.
Tomar conciencia y comprometerse, dejar de ser espectadores, de mirar hacia el costado, de ser cómplice de las "banderas sucias" y tener la dignidad de salir del lodo de la mediocridad.
Hay que pagar un precio. Dejar de robar y dejar de sentarse en la mesa de escarnecedores. No bajar los brazos en la lucha, en esa lucha tenaz para no dejarle el país a "ellos". No permitir que los "embarrados" nos sigan diciendo cómo tenemos que vivir. Salgamos a la calle con las cacerolas como en Santa Cruz, perdamos el miedo. Sepamos que el miedo, ahora lo sienten "ellos", por eso se defienden como pueden e inventan atentados.
Una bandera, solo una. Pero en la cumbre, limpia, justa, libre y soberana.
Foto: Presidencia.gov.ar
2/05/07
Recomendar esta notaExclente tu articulo Marío. Así se dicen las cosas con todas las letras. HAY QUE PERDER EL MIEDO . Estamos hartos de tantas mentiras, de tanta demagogia, de tanto bla, bla, especialmente en épocas electorales, de tanto Latrocinio, verguenza, corrupción,clientelismo politico injusticia social, oposiciónes ineptas y prensa comprada, JUSTICIA GENUFLEXA, y demás que nos tiene acostumbrados el Sainete diario.- Un poco de Realidad hace falta y de comprmiso con la verdad y no con la mentira de esta falsa Republiqueta Sojera, Dependiente y Empobrecdida. A propósito sabían que Monsanto es el fabricante y distribuidor exclusivo del Aspartame, un veneno que tnene todas las bebidas "Zero", o Ligth, de masiva difusión últimamente .- Para pensarlo , no ...!!!!???
Comparto en general tu articulo Mario. Saludo y agradezco tu llamado al compromiso y la participacion. Niños que mueren por causas evitables, ancianos abandonados, juventud sin oportunidades y lamentablemente miles de injusticias e impunidades más es parte de nuestra realidad. Esta realidad que no nos tiene que asustar (más allá que hay motivos para asustarse) sino que tenemos que entenderla. Y desde allí actuar, ya que la omisión no es solo un "pecado" sino que cada vez se emparenta más con la complicidad. Que sea costumbre no llorar sobre la leche derramada, sino aportar para evitar que la leche se derrame. No siempre se triunfa, pero a tener en cuenta que el camino a la victoria muchas veces esta lena de derrotas parciales. Soy esperanzado, soy de izquierda, soy luchador. Por mis hijos siempre lo seré. Organizemonos, participemos y luchemos, que de esta manera siempre el miedo lo tienen "ellos"
Muy buen articulo, y generalizando, creo que esto ocurre no solo en argentina, sino, en todo latinoamerica y en todo el mundo. El nacionalismo, y el buscar un sentir de todos, mientras no sea agresivo, es valido!, comparto mucho, que no debemos ser espectadores sino, ejecutar, moderar lo q se piensa con lo q se hace.
Tarjeta de control de barras bravas
Indignación, transporte público y las enseñanzas de Sthépane Hessel
En el reino del Ramón, un botón sirve de muestra

El municipio insiste en provincializar el Hospital del Sur. Intervención, robo y asamblea en el centro vecinal de Villa El Libertador. ¿Por qué la Caja de Jubilaciones es deficitaria? responde un especialista. Un club busca recuperar el nombre que la dictadura censuró. Un muro de tierra separa un asentamiento de un barrio cerrado. Un experto indica cómo deben proceder los trabajadores comunitarios en salud. El problema de la vivienda en la ciudad. Y más: ingrese y descargue La Décima de mayo 2012.