Se conoció recientemente que Julio Humberto Grondona aspiraría a quedarse un mandato más al frente de la Asociación del Fútbol Argentino. No es poco: hace 28 años que la gobierna a su antojo, con el silencio hipócrita e interesado de la mayoría de los dirigentes del fútbol. Nuestro periodista ciudadano afirma que a raíz de los males que hoy sufre el fútbol argentino (violencia en las canchas, crisis económica de los clubes, pérdida de prestigio del seleccionado nacional), "Don Julio" debería dar ya un paso al costado y regresar a su ferretería en Sarandí. Sería para bien del fútbol.
Martín Menditto.
Hace pocos días se supo que el actual presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Julio Humberto Grondona, intentará conseguir su séptima reelección consecutiva, que le permita permanecer cuatro años más al frente de la casa madre del deporte más popular de nuestro país.
Grondona preside la AFA desde abril de 1979, antes dirigió los destinos de Arsenal e Independiente. Su mandato puede compararse con el de un Papa, un rey o un dictador, no sólo por la cantidad de años en el poder, sino también por el estilo patriarcal con el que ejerce la autoridad.
No en vano muchos lo nombran amistosamente "Don Julio", emparentándolo con la forma de dirigirse a los padrinos de la mafia; siguiendo con esta analogía, la casa rectora del fútbol es la “familia” y los dirigentes de los clubes serían los adulones de turno que besan la mano del capo mafia para solicitarle favores.
Durar 28 años en su cargo convierte a Julio Humberto en la envidia de cualquier político argentino, más si pensamos que ha sobrevivido a gobiernos militares, radicales, peronistas, aliancistas, frentistas, etc., lo que denota una gran cintura para acomodarse con el poder de turno.
El fútbol se transformó de un deporte popular a un negocio multimillonario donde los intereses en juego cambiaron radicalmente. Por falta de adaptación a los nuevos tiempos, entre otros males, los clubes argentinos vieron derrumbarse sus economías, sin que "Don Julio" interviniera. Muchos leen esa actitud como una cuestión de conveniencia, ya que a los clubes fundidos no les queda otra que ir a mendigarle ayuda monetaria a la AFA, que canjea su generosidad por obsecuencia, consiguiendo un alto grado de sumisión de los dirigentes incapaces. Esta es una AFA rica con clubes pobres.
Que Julio Humberto Grondona lleve años y años manejando la entidad del fútbol sin una oposición seria, denota el bajo nivel de los dirigentes del fútbol argentino, quienes jamás levantan la voz para contradecir una opinión del presidente, aun cuando son testigos privilegiados de las penurias múltiples que atraviesa el balompié doméstico.
También es cierto que el fundador y ex presidente de Arsenal formó una estructura de poder en AFA que solo puede manejar él, tanto es así que ningún miembro de la Comisión Directiva toma una decisión en ausencia de Grondona. El que se anima a contradecirlo paga las consecuencias, por ejemplo: al director técnico José Omar Pastoriza lo mantuvieron largo rato “exiliado” del fútbol por estar enemistado con "Don Julio", que aconsejaba a los clubes no contratar al exitoso orientador táctico.
La frase de cabecera de Grondona es “Todo pasa”. A la vista está, que en el fútbol los problemas no pasan fácilmente, sino que por el contrario van creciendo y multiplicándose. Por nombrar algunos: la violencia de las hinchadas, la crisis económica de los clubes, la pérdida de prestigio de nuestra selección nacional, etc.; todo eso formó una inmensa bola de nieve que extrañamente nunca roza la investidura de Julio Humberto, ni pone en peligro su continuidad.
El grondonato ha expuesto al fútbol argentino a situaciones vergonzosas y ridículas, ya sea por el extraño sistema de promedios del descenso; la realización de torneos cortos que arrojan campeones desvalorizados; la implementación de las promociones, un sistema en desuso en toda Europa que claramente aumenta la violencia en los estadios; además de los sospechados contratos para la televisación de partidos y un campeonato de primera división totalmente desfederalizado.
Por todo lo nombrado anteriormente y por la salud institucional de nuestro deporte rey, es hora que Julio Humberto Grondona retorne a manejar su ferretería de Sarandí, permitiendo la tan anhelada renovación. Ahí surge una pregunta que lleva, al menos, dos décadas sin respuesta: ¿En manos de quién quedará la AFA si "Don Julio" se va?
Es cierto que Grondona es Grondona por su habilidad, pero también lo es por la ineptitud de una clase dirigente que nunca supo plantear una alternativa para comandar el fútbol argentino.
A Don Julio le sobran millones de razones para quedarse abulonado por varios años más pero el día en que tenga que dejar el trono, no tengas dudas martín, que a la ferretería no vuelve, o mejor dicho, vuelve para mantener la fachada de señor de barrio, de trato amistoso, relato paternal y mejor abuelo. Un grande Don Julio.
oscar
No se banca más la violencia en las canchas. Grondona no es el único responsable por esta situación; el telón de fondo es la crisis de valores y la pauperización moral de la sociedad argentina. Pero Grondona, sí es el máximo responsable por ser el presidente de AFA. Hasta aquí, todas las medidas aplicadas para intentar contener la violencia, no han dado resultado. La última fue el disparate de no dejar entrar a las hinchadas visitantes en los partidos de segunda división. Es una forma de acabar con el fútbol, extirpando lo más precioso que tiene, sus hinchas por culpa de una minoría violenta. Jamás, el señor Grondona, podría hacer lo propio en primera división porque allí los intereses televisivos y publicitarios que nutren a esa divisional, ya son inverosímiles. En el fútbol argentino hay que replantear todo, y Grondona no parece estar capacitado para eso, sino para seguir maquillando con medidas efectistas y de escaso resultado, al fútbol. Grondona debería tener la grandeza de dar un paso al costado.
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