
Ernesto Guillermo Abril.
En la frontera de los años, desde donde contemplamos con desazón las esperanzas frustradas y, con sorpresa, las ilusiones hechas realidad…
Ante la paradoja de certezas no cumplidas y de utopías concretadas, somos testigos, una vez más, de que la protagonista de la vida seguimos siendo aún nosotros, la gente.
Con nuestros esfuerzos y sacrificios, con nuestros propósitos y afanes, con nuestras limitaciones y méritos, allá vamos, mientras la Sabiduría decide, según conviene, todos y cada uno de los finales...
Nuevos proyectos, buenos propósitos, mejores intenciones... Todo lo que parta del corazón será finalmente tenido en cuenta, no tanto por plasmarse en nuevas realidades como por erigirse en testimonio, de buena voluntad, de perseverancia, de paciencia, de confianza... de virtud.
Persistir en los valores fundamentales de siempre, reconquistar los que han sido destronados, vivir, pese a todo, las convicciones más profundas, y auténticamente los sentimientos... crecer.
Es que el desafío constante de la vida, que ante una nueva oportunidad nos invita a acompañarla se manifiesta en su fidelidad a la humanidad. Allí está, ante el hombre, expectante, contemplando esperanzada lo que decidiremos finalmente.
Y dentro nuestro, donde realmente están y valen las cosas, donde seguimos siendo enteramente libres, somos capaces de lograr felicidad, después del desconcierto, a pesar de las angustias, luego de las lágrimas...
Desde el umbral de un nuevo año, cada uno frente a sí, se proponga lo mejor para su vida,
a saber:
Fe, para no defraudar,
Esperanza, para no morir,
Caridad, para salvar y así salvarse.
3/1/08
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