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Opinión

Elecciones y crisis de representatividad /

Elecciones y crisis de representatividad

El sistema de partidos políticos está en crisis. Para el periodista ciudadano, varios factores contribuyeron a profundizar la situación en las últimas décadas: la devaluación de la militancia en el interior de los partidos, el encarecimiento de los costos de la actividad política, la falta de ideología y los discursos ambiguos de los candidatos. A esto, hay que sumar el clientelismo como ingrediente. Qué pasa en Córdoba.


Eduardo Planas.

En nuestro país el sistema de representatividad política está cuestionado más severamente a partir de la crisis del 2001.

Por supuesto que entendemos que el actual gobierno nacional no es lo mismo que el inepto y conservador gobierno de Fernando De La Rua o el gobierno corrupto de Carlos Menem; que hay un avance notable en materia de derechos humanos, en el ámbito cultural, en las relaciones internacionales, que dejaron de lado vergonzosas relaciones carnales con el Gran Hermano del Norte y propugnan la integración en el Mercosur. Existen falencias como no haber avanzado lo suficiente en el tema económico, entre otras.

Pero volviendo al tema de la representatividad. Estimo humildemente que es el propio sistema de partidos políticos el que está en cuestión. Ha habido varios cambios en los mismos en las últimas décadas: el primero quizás sea la devaluación de la militancia en el interior de los partidos. La militancia fue reemplazada por personal rentado para realizar tareas mínimas como la entrega de panfletos. Y aún en éstas, nuevamente se recurre a la estética de la imagen: bellas señoritas con remeras recién estrenadas y hechas para la ocasión son quienes distribuyen la propaganda electoral.

La apelación constante a consultoras y asesores de imagen, y sobretodo, el empleo de la televisión, desembocó en un segundo gran cambio en la vida de los partidos.

De ello deviene también el encarecimiento de los costos de actividad política y su dependencia de los grandes grupos económicos. El financiamiento de la campaña electoral de los partidos políticos es un tema que pareciera no preocupar a la ciudadanía, cuando en verdad es un elemento clave para desentrañar lo sucedido.

Los partidos políticos parecieran moderar su rol y ocultar de la agenda pública algunos temas para destacar otros que puedan concitar un consenso general, primando la visión cortoplacista.

Los candidatos no dicen nada, permanecen en la ambigüedad total. No definen nada. Se pierden contenidos, identidades, principios, todo en aras de sumar votos, teniendo tantos discursos como distintos sean los escuchas.

Partidos políticos desideologizados, sin grandes proyectos, se convierten en simples agencias electorales que nos venden un producto, en este caso un candidato.

A esto debe agregarse en este país un nuevo ingrediente: el clientelismo nacido de la devaluación del sistema político argentina y del sometimiento a niveles de marginalidad de vastos sectores de la población, a quienes con una maligna y perversa concepción de asistencia social, se los sigue manteniendo en esa condición para utilizarlos coactivamente a la hora de sufragar. Si bien fue un paliativo tras el incendio de diciembre 2001, no es menos cierto que se intentó ir paulatinamente dejando pero no se aplicaron políticas de fondo para generar genuino empleo.

La exclusión social vino para quedarse, se dice. Sí, ¿pero quién la trajo? 30 años de neoliberalismo produjeron un enorme vaciamiento, no sólo económico, sino político y cultural.

Más de lo peor. Si los partidos no protegen intereses de sectores sociales definidos, no formulan un proyecto más allá de lo inmediato, no ofrecen un punto de referencia para las aspiraciones culturales e intelectuales de la sociedad y no transuntan un modelo de país, corren el riesgo de vaciarse de contenido y de gente y; en definitiva, el sistema político tradicional -como ocurrió en varios países- se derrumbará como un castillo de naipes.

Pero no todos son lo mismo. Con ese argumento se favorece a los sectores más reaccionarios.
La mayoría de los argentinos, quizás con razón, ha caído en una especie de escepticismo cuasi- anárquico -me atrevo a decir- que lleva a no creer más en nada ni en nadie y menos en alguien vinculado o relacionado con la política. Por eso se busca fuera de ella (en la farándula, el deporte) a la persona que presuntamente nos sacará del atolladero. Esto es peligroso para la salud de la república. Por otra parte, es mentira, por ejemplo, que Macri no es político. Dicha figura se encuentra estrechamente ligada a lo peor la política argentina, relacionado a lo peor de ese deporte y proclive a negocios no muy claros en épocas tampoco transparentes. La clase media ha abandonado la política y ahora pareciera volcarse al empresario futbolístico. Pero éste, como muchos otros, nunca abandonaron la gran política porque para ellos política es igual a negocios, sea con quien sea: dictadura militar, radicales, Menem, etc. Macri: no es más de lo mismo. Es más de lo peor.

Caso Córdoba. En Córdoba, como ejemplo de "nuevo" representante tenemos a un basquetbolista. Con el agravante por estos días, que para evitar el pronunciamiento popular cuando se visualiza que es adverso o bien para distorsionarlo, habrían apelado al fraude como en las peores épocas del conservadurismo ( ¡ah! por eso era el lema: “Paz y Progreso”). Urnas virtuales, urnas invisibles, etc. Todo esto hace muy mal a la ya jaqueada credibilidad y representatividad de la clase dirigente. ¿Qué solución tenemos? Esclarecer. Y para ello hay que abrir las urnas y contar TODOS los votos, todo debidamente controlado por los fiscales o representantes de todos y cada partido. No queda otra. Y si hay fraude, que se eluciden las responsabilidades, se anulen a elecciones y se convoquen a nuevas.

Creemos en el sistema democrático, en las instituciones, y en las leyes republicanas, pero República significa división de poderes y Control Ciudadano. También en la soberanía popular, porque los gobernantes no son nada más que meros mandatarios de un mandante que es el pueblo. No son vitalicios. Por eso no alcanza sólo con el voto, sino con la participación popular, para hacer de esta mera democracia formal una verdadera y auténtica democracia participativa y social.

No hay que tenerle miedo a la gente en la calle. Es garantía de democracia. Soberanía Popular, Justicia Social, Independencia, Integración Latinoamericana, Democracia Social, son palabras viejas-nuevas que parecen olvidadas por la minusválida clase dirigente cordobesa, salvo honrosas excepciones.

9/09/07


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Selva

Eduardo la primera parte de la nota me parece notable...pero,a partir de "no todo son lo mismo" no coincido.....en Cordoba en Argentina y el mundo la politica esta ligada a los negocios...la politica no es lirica...exige sobre todo "saber negociar" (que viene de negocio)pero en el mejor sentido de la palabra, hay quienes tienen condiciones innatas para ello y logran verdaderas conquistas en lo social...son los lideres que todos conocemos Gandy,King,madre Teresa de Calcuta...alguien cree que "ellos" no negociaban...pero a diferencias de los locales no eran "mercenarios" de sus ideas no negociaban sus seguidores "no los utilizaban" para sus propios fines...coincido que no hay que tenerle a la gente en la calle siempre que el reclamo no este "viciado" de fanatismo de deseo de poder a cualquier precio...el fraude no esta probado...como me gustan que respeten mis derechos... respeto los derechos de los demas...



alberto el democrático

Los negocios a los que se refiere el periodista ciudadano no son los inherentes al arte político de "negociar" de pactar, ,sino a los que entienden a la política como una forma de hacer negocios personales, materiales, es decir ganar una licitaciòn, sobrefacturar el triple una obra pública, quedarse con alguna empresa a privatizar, previa coima, etc.Como hizo macri,como hace Roggio aqui, tantos otros que viven de eso,etc. A eso se refiere. Aqui hubo gobernantes que en un período solo se volvieron multimillonarios. A las prebendas, als coimas, los créditos blandos que sacaron los amigos del poder en la época angelozista para empresas inexistentes. etc. En otras epocas y no quiero ser Cafiero..., la gente debatía se discutian ideas, principios. Muchos de los que ahora le temen a la gente, se dicen herederos de quien hiciera un 17 de Octubre por ejemplo, cuando las masas trabajadoras argentinas salieron a la calle, cruzaron puentes, etc. para luchar por su dignidad. La lucha por la libertad y la dignidad se da no solo por el voto, sino en las calles de esta Ciudad sobre todo, sino remenber el cordobazo, historica lucha por la libertad y la democracia en argentina. Nuestro pueblo es pacífico, manso y tolerante, pero cuando agota su paciencia suele hacer tronar el escarmiento, decía el General Juan Domingo Perón, elegido 3 veces presidente por el voto popular. Salute.



Adrian

Estimado: Me parecio exelente la lectura. creo que existe una falta de representatividad en los partidos politicos.le pregunto: como opera para ud. un politico para poder mantenerse en el poder cambiando de arena politica? Q es lo le da poder de negociacion para nuevas alianzas? sus estructuras partidarias? como arman su poder?sus contactos? me interesaria su opinion al respecto.saludos




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