
Pedro Figueroa (Río Tercero)
En mi doble tarea de comunicador social y docente, a alumnos secundarios de entre 14 y 16 años les enseño los aspectos básicos del periodismo. A partir de la reflexión, ellos buscan entender de qué se trata esta profesión y cómo debería realizarse. Una vez que manejamos la teoría, vemos qué ocurre en la realidad, en la práctica diaria y concreta. El objetivo final es formar una actitud crítica hacia el mensaje que brindan los medios de comunicación masivos.
Una de las primeras definiciones que les brindo a mis alumnos dice: “La tarea esencial del periodismo es informar”. Algo tan simple como cierto, y necesario para entender de qué hablamos. Ahora, ¿qué se informa en el periodismo? La respuesta más lógica es: un hecho, que se transforma en noticia, es decir, en una novedad para el público.
“Toda noticia es información, pero no toda información es noticia”, dice también el manual que trabajamos con los alumnos. Y aquí está el punto central de esta reflexión. Porque actualmente se rompe muy a menudo esta regla que define al periodismo, la de transmitir, informar, una noticia.
Muchas veces, cada vez más, no son noticias lo que se transmite. ¿Y qué son? Publicidades encubiertas, notas de cortesía (por no decir espacios para quedar bien con tal o cual político, empresario o dirigente), o simples transmisiones de datos sin un mínimo discernimiento previo por parte del periodista.
De qué hablamos
Un caso paradigmático de lo anterior ocurre cuando la tarea del profesional de la comunicación se limita únicamente a poner un micrófono, un grabador o una cámara a un entrevistado, y se le dice, entre un tono de mandato y súplica: “Hable…”, o “¿qué novedad tiene?” o “venimos a que nos cuente algo”. Pero ¿no era que el periodista era un sujeto activo que busca la noticia para informarla a la gente, previo procesamiento?
Al pedirle al otro que diga lo que quiera (y no preguntar lo que el periodista considera que la gente necesita saber), y encima presentar eso como información periodística, se está engañando al público, al oyente, al televidente, al lector. Porque se puede tratar de cualquier otra cosa, pero no de periodismo.
El periodismo no es tener una información exclusiva, no es competir a ver quién tiene más audiencia, no es criticar chabacanamente lo que ocurre, ni siquiera es criticar (para bien o para mal), tampoco es dar información parcializada, mucho menos se trata de venderse (en el estricto sentido económico) al mejor postor. No es un reemplazante de los poderes republicanos (por más deteriorados que estén), ni el juez supremo de lo que debe y no debe ser.
Entonces ¿a qué se dedica el periodismo y el periodista?. Dice Javier Darío Restrepo, periodista colombiano, cercano colaborador y consultor de Gabriel García Márquez en su Fundación Nuevo Periodismo: “¿Cuál es el propósito del periodismo? Proporcionar información pública sobre los hechos que conciernen a todos. Esta información, a su vez, convoca a participar en las tarea de bien común, previene sobre amenazas o peligros para el bien de todos, concentra la atención en el ejemplo de los buenos ciudadanos, pone en común los problemas y proyectos de la comunidad, hace conocer las realizaciones de la comunidad y denuncia lo que está mal. En último término, da un conocimiento de la realidad, suficiente para que cada ciudadano y la comunidad puedan decidir en libertad”.
Tamaña tarea que, sin duda, debe llevar al periodista que la quiera realizar toda una vida de ejercicio profesional y formación permanentes. No se logra de la noche a la mañana. Y menos si no se quiere.
Y a esto agrega el también especialista en ética periodística: “Es ajeno al propósito del periodismo hacer propaganda de cualquier clase: política, gubernamental, comercial, religiosa, o procurar entretenimiento o diversión. Ni propaganda de nada, ni diversión, sólo información, procesada para convertirla en conocimiento. Ese es el propósito de la profesión: proporcionar a los ciudadanos la información que necesitan para ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos”. Más claro, imposible.
Servicio público
Imaginen una sociedad en la que todos tengamos todos los elementos necesarios para comprender acabadamente una situación, y a partir de allí actuar. Imaginen un periodismo sincero, que dice lo que quiere decir, que muestra lo que ocurre y no lo que le gustaría que ocurriera, y que apunta a formar ciudadanos libres y comprometidos. Imaginen un periodista haciendo solamente periodismo, es decir, cumpliendo un servicio público.
Hoy existen, y en exceso, periodistas que quieren ocupar un lugar en los medios (alto, medio o bajo, no importa) sólo para sentirse con poder, casi dioses. Y desde arriba observar todo lo que ocurre. Pero si están en las alturas, es muy difícil que puedan sentir, saber y vivir lo que sienten, saben y viven (y necesitan) los que están abajo. Y esos de abajo son los habitantes del pueblo, sedientos de un periodismo serio y responsable con su tarea.
Estos tiempos necesitan más que nunca de alguien que, como dice Restrepo, proporcione a los ciudadanos la información que necesitan para ser libres y capaces de gobernarse a sí mismos. Y ese alguien es el periodismo.
Esto es lo que les enseño a mis alumnos del secundario. Pero, para ser sinceros, nos resulta muy difícil encontrar ejemplos locales, provinciales o nacionales donde el periodista sea eso y no otra cosa. El desafío está, por fin, en volver a conciliar la teoría con la práctica, que lo que debe ser ocurra realmente en la experiencia diaria.
14/6/08
Recomendar esta notaPEDRO: Coincido con su nota, por eso digo ¡VIVA EL PERIODISMO CIUDADANO - VIVA SOSPERIODISTA! Porque nos da la posibilidad de disentir o acordar entre quienes nos expresamos aquí.
Exactamente, Rolando. Espacios como este hacen que la libertad de expresión sea una realidad, elemento básico y necesario para ejercer el periodismo.
La culpa la tiene el chancho? Trabajé 23 años en medios nacionales y fuí profesor 6 años, de periodismo, claro. Hubo un quiebre de la ética y una deformación o mutación del espiritu periodístico, tal vez en los 90 o un poco antes, se acentuaron las presiones de los medios que proveen trabajo, se alejaron a los periodistas puros y se quedaron los que solo quisieron salvar su futuro económico, el sostén de sus familias, son ellos tan culpables? He visto a muchos quedarse sin trabajo por decir lo que tenian que decir, y quién juzga a los medios que sin escrúlo alguno protejen a sus clientes? La pantalla de los televisores ha vuelto a ser monocrommaticas, pero no en blanco y negro, son tonos amarillos, de que nos sirve un periodismo esclavo sujeto al negocio del rating? En la era de la imagen, la palabra ha quedado olvidada, la escritura se ha olvidado, la noticia se presenta como novela y si estudiamos diversas fuentes de una misma noticia, no coinciden ni una, hablan mal,escriben mal e informan mal, hace falta un cambio y este debe darse desde arriba hacia abajo y también desde abajo hacia arriba, recuperar una profesión que debe tomarse muy en serio, el periodista estudia toda su vida, no solo 4 años.
Tarjeta de control de barras bravas
Indignación, transporte público y las enseñanzas de Sthépane Hessel
En el reino del Ramón, un botón sirve de muestra

El municipio insiste en provincializar el Hospital del Sur. Intervención, robo y asamblea en el centro vecinal de Villa El Libertador. ¿Por qué la Caja de Jubilaciones es deficitaria? responde un especialista. Un club busca recuperar el nombre que la dictadura censuró. Un muro de tierra separa un asentamiento de un barrio cerrado. Un experto indica cómo deben proceder los trabajadores comunitarios en salud. El problema de la vivienda en la ciudad. Y más: ingrese y descargue La Décima de mayo 2012.