
Diego Martín Romero
Sí, decimos bien: el capricho electoral es demoler la construcción de la, como es conocida, "Casa de las tejas", el apresurado alquiler (por contratación directa, sin licitación ni concurso de precios) de inmuebles para albergar momentáneamente una parte de los miles de empleados provinciales (antiguos y muchos nombrados recientemente), la construcción de un Centro Cívico a un costo de $ 427 millones y la de un Parque Temático sobre las futuras ruinas de la casa de gobierno, antiguamente un asilo de ancianos, construido por la Fundación Evita y el particular estilo en la fisonomía de sus edificios que caracterizaron el primer gobierno de Juan Perón.
Despechado porque supo por boca de su compañero y no tanto, el devenido ultra K intendente de Villa María, Accastello, que no era el candidato a secundar a Cris (o Scioli) en una posible fórmula nacional. Despechado porque sabe que la gente sabe de las irregularidades en los cuestionados comicios del 2007 que lo llevaron al gobierno de Córdoba. Despechado porque su futuro político es incierto y no quiere postularse a intendente de Córdoba (el PJ cordobés, el kirchnerismo y De la Sota se lo piden) para volver a salir tercero, improbablemente segundo y "ejercer" de ese modo el rol de un concejal de la oposición al próximo gobierno comunal.
Se quiere ir, como un grande, como un estadista, como un constructor, pero nada de eso hay; simplemente se va a ir.
Pobre Juan, que despechado actúa caprichosamente y juega a romper y armar; pobres cada uno de nosotros cordobeses que somos los que estamos pagando esos caprichos y actuamos muy poco.
7/01/2011
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