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El cambio trae problemas /

El cambio trae problemas

Desde Haedo, el periodista ciudadano relata la dificultad con la que debe lidiar cada mañana. Cuando nos disponemos a emprender la marcha hacia nuestros lugares de trabajo, nos encontramos con un nuevo inconveniente que debemos sortear: la falta de monedas para viajar… como si no tuviésemos de que preocuparnos. De esta manera, la jornada empieza de una manera poco feliz.

Omar Moreti (Haedo, Buenos Aires)

No hace falta ser un adulto “hecho y derecho” para recordar aquellos días donde uno iba al supermercado o a comer una hamburguesa y un empleado entrenado y con una sonrisa de oreja a oreja nos daba el cambio, hasta con monedas de 1 centavo. Hoy, eso es imposible. La devaluación ya nos desacostumbró a estos pequeños placeres mundanos, al hacer desaparecer aquellas pequeñas beldades de cobre y, los grandes acaparadores de este valioso metal (líneas de transporte), también.

Como lo demostró una cámara oculta realizada por un canal de televisión porteño, algunas líneas de colectivo -subsidiadas por el estado nacional, con plata de todos los argentinos– venden las monedas que recaudan por la deficiente prestación de sus servicios, a cambio de una pequeña comisión.

Ahora, ¿por qué si debo pagar hoy para utilizar ese servicio, mañana tengo que comprarles las monedas que yo mismo les di? Convengamos que por lo menos, un poco de indignación me puede dar, por no llamarlo “calentura”, como lo llaman en cualquier esquina de mi barrio. En fin, la falta de control estatal en beneficio de los ciudadanos comunes es, paradójicamente, moneda corriente en este país.

Si cualquier persona sabe que para conseguir monedas, basta hacer la cola correspondiente en alguna terminal de colectivos ¿por qué las autoridades no hacen nada? ¿Por qué la única solución que nos dan es la emisión de nuevas monedas?, y no se preocupan para que las que están acuñadas circulen, como debería ser. Acaso, ¿no sería políticamente beneficioso acabar con estos grandes negocios para pocos?

En Argentina, desgraciadamente, no estamos acostumbrados a que nuestros representantes nos den todas las respuestas como debería ser. Así que, no esperemos mucho de ellos que, evidentemente están impedidos por alguna discapacidad moral o intelectual, despertemos de una vez por todas de este largo adormecimiento cívico, pongámonos los pantalones largos y reclamemos entre todos, uno a uno, los derechos que nos asisten como ciudadanos.

8/2/08

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