
Omar Moreti (Haedo, Buenos Aires)
No hace falta ser un adulto “hecho y derecho” para recordar aquellos días donde uno iba al supermercado o a comer una hamburguesa y un empleado entrenado y con una sonrisa de oreja a oreja nos daba el cambio, hasta con monedas de 1 centavo. Hoy, eso es imposible. La devaluación ya nos desacostumbró a estos pequeños placeres mundanos, al hacer desaparecer aquellas pequeñas beldades de cobre y, los grandes acaparadores de este valioso metal (líneas de transporte), también.
Como lo demostró una cámara oculta realizada por un canal de televisión porteño, algunas líneas de colectivo -subsidiadas por el estado nacional, con plata de todos los argentinos– venden las monedas que recaudan por la deficiente prestación de sus servicios, a cambio de una pequeña comisión.
Ahora, ¿por qué si debo pagar hoy para utilizar ese servicio, mañana tengo que comprarles las monedas que yo mismo les di? Convengamos que por lo menos, un poco de indignación me puede dar, por no llamarlo “calentura”, como lo llaman en cualquier esquina de mi barrio. En fin, la falta de control estatal en beneficio de los ciudadanos comunes es, paradójicamente, moneda corriente en este país.
Si cualquier persona sabe que para conseguir monedas, basta hacer la cola correspondiente en alguna terminal de colectivos ¿por qué las autoridades no hacen nada? ¿Por qué la única solución que nos dan es la emisión de nuevas monedas?, y no se preocupan para que las que están acuñadas circulen, como debería ser. Acaso, ¿no sería políticamente beneficioso acabar con estos grandes negocios para pocos?
En Argentina, desgraciadamente, no estamos acostumbrados a que nuestros representantes nos den todas las respuestas como debería ser. Así que, no esperemos mucho de ellos que, evidentemente están impedidos por alguna discapacidad moral o intelectual, despertemos de una vez por todas de este largo adormecimiento cívico, pongámonos los pantalones largos y reclamemos entre todos, uno a uno, los derechos que nos asisten como ciudadanos.
8/2/08
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Los medios de comunicación locales aburrieron ayer hasta el hartazgo comentando las implicancias del operativo que se realizará hoy para censar a la mayoría de los hogares provinciales. Los medios centraron sus notas y comentarios en las particularidades del operativo (las credenciales con que se identificarán los censistas, las preguntas que harán, las sanciones previstas para los que no respeten el feriado, etcétera); pero poco se indagó sobre la necesidad real del censo, el uso posterior de esa información y la aplicación de esa información para un fin específico. Por caso, ¿qué hará el gobierno para impedir que información tan sensible se filtre y sea usada con fines deshonestos o ilícitos? ¿Qué garantías existen en este sentido? La sensación es que se perdieron minutos preciosos discutiendo sobre la presunta espectacularidad de un operativo, que no es más que un gran encuesta donde unos preguntan y otros responden, o mostrando los aspectos más superficiales del hecho como la bolsita que llevarán los censistas (foto). Lo verdaderamente interesante es qué hará el gobierno con esa información y si, finalmente, los cordobeses tendremos accesos en el futuro al procesamiento más fino de esos datos, no a los datos vagos y generales que seguramente el poder buscará difundir.