
Gustavo Bardón (Trenque Lauquen)
Gracias a Dios que continuamos dentro de un sistema democrático, perfectible o no, pero democracia al fin. Y en un año electoral, poco es lo que se vislumbra, si a cambios estructurales nos referimos.
Homenajes como nunca antes habíamos tenido, paritarias, anuncios. Todo sigue igual en el rubro dignidad humana. Recargar la mochila de ilusiones como si se tratara simplemente de un cartucho de impresora, promesas que se desvanecen a diario.
Basta solamente con mirar el rostro de los trabajadores. Rictus de impotencia, muecas de bondad en su pasar, huidas hacia la nada que es más segura que la realidad, refugio en la falta de compromiso, solidaridad para que no me jodan.
Y en la pantalla chica, unos y otros, de la misma especie, lacayos políticos, inundando espacios de nuestra vida insolentemente, mendigando un voto para acceder (nosotros) a una mejor calidad de vida, sin siquiera preguntarnos si deseamos que irrumpan en la pausa del programa que estamos viendo (no disfrutando) porque hasta allí llegó la falta de dignidad. Pagamos un servicio cada vez más caro, y con cada vez menos calidad, y no se te ocurra enviar una queja, sea por la vía que sea (telefónica, carta documento, e-mail, etc.) ya que cada vez más lejos estarás de que el receptor de la misma, tenga al menos rostro humano.
Así, de esta manera, avanzamos en la era del consumismo, sin detenernos a espiar, aunque más no sea, cómo van limando nuestros privilegios de una vida digna. Aturdidos, cansados, acomplejados, alarmados, tantos y tantos “ados” que lo dejo ahí.
La trama de la mentira es cada vez mayor, se recaudan cifras increíbles de imaginar y se distribuye de forma equívoca. Y lo peor de todo es que nadie sale a informarnos en qué se gasta lo recaudado.
¿Para qué? si después pregonan que los índices han bajado notablemente haciendo gala del éxito, insistiendo que luchan contra la inclusión, de quienes cabe preguntarse en el benéfico sistema que nos toca vivir.
Y la dignidad marcha a una distancia sideral de la realidad, comprobable claro, si tenés problemas de salud y el lugar en el que te atendés de tus dolencias carece de lo mínimo indispensable, si tenés hijos en edad escolar y te toca enviarlos a la escuela, por la obligatoriedad y para que no sufran penurias al igual que tú, escondiendo que allí aprenderán algo y comerán sin tener que recurrir para su merienda a los escuálidos bolsillos de tus pantalones; habrá tiempo luego de aprender.
Y luego de un agotador viaje, no placentero más allá de los subsidios a empresas de transporte y autovías, llegas por fin a tu empleo en negro; pero al menos tengo “trabajo”, peor están los…que mandan a sus hijos a robar. A robar pobres criaturas, te lamentas probablemente, pero para quién debieras preguntarte. Y de repente repetís como la inmensa mayoría: debieran ir todos a la cárcel, padre, madre, tutor o encargado, y por supuesto el chico delincuente y sus hermanitos. Y me pregunto decepcionado: tan bajo hemos caído en las relaciones humanas? Soy conciente, claro, de que debe penarse el delito, pero…¿y los que te venden en negro?, ¿los que remarcan la mercadería, los que por sus altos precios (corredores de pobres) sólo te permiten soñar con los productos que exhiben en sus majestuosas vidrieras? ¿los que te ofrecen un servicio y te brindan otro (pésimo claro)? ¿los que se regodean de cierto poder adquisitivo y esquivan tu mirada llegando en algunos casos a prohibirle a sus hijos que se junten con los tuyos? ¿los que gobiernan en tu nombre y te hunden en la miseria usando los recursos que aportás?
Estamos inundados de buenas intenciones, somos deseosos del cumplimiento de nuestros derechos…más estamos peleados con nuestras obligaciones que nos harían un poco más digna nuestra vida, siempre y cuando el repartidor tenga al menos, apariencia humana.
Mientras tanto, demos gracias a Dios por tener acceso, desde un cyber a la Dignificate.com.
Foto: ubiobio.cl
4/04/07
Recomendar esta notaMe parece muy reallo que escribis, y hasta muy conmovedor.lo que veo escierta resignación y si bien hay mucha responabilidad en los personajes poderosos de turno,hay mucha desidia en la sociedad,en cada uno de nosotros.no siempre la culpa es de los otros.tenemos mucha responsabilidad,no poreso de "los votamos" a bancarsela, sino que no peleamos lo suficiente, no reclamamos.Estamos muy quietos.en las manos de cada uno de nosotros está recuperar la dignidad. sds.-
coincido con carolina, no obstante lo cual es muy real Gustavo la descripción que hacés de las cosas. "estamos peleados con nuestras obligaciones lo que nos haría la vida más digna", cuanta razón hay en esa frase.
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