
Omar Moreti.
Los observadores más avezados tienen la posibilidad, día a día, de ver a una gran cantidad de chicos tirando de algún carro para poner un pan sobre la mesa de su casa. Con esta realidad, cuesta creer que en Argentina tengamos alguna posibilidad de construir una sociedad mejor.
¿Cómo podemos planificar el futuro si los ciudadanos de mañana no tienen un hoy? Si los que, supuestamente, podrían tener un futuro mejor, no tienen un presente. Esos chicos -por llamarlos de alguna manera basándome en su imagen, porque a pesar de su estatura y su peso, la vida ya los atropelló- tendrían que estar en su casa a la espera de un nuevo día de clases y no recorriendo las calles de la ciudad a la medianoche.
Tengamos en cuenta que un pueblo sin educación, no tiene chances como Nación. Entonces, mientras que nuestros gobernantes utilicen el tiempo, tratando de solucionar los problemas urgentes y no pongan energías en solucionar los de fondo, esto no tiene salida.
En nuestro país, perdemos el tiempo en discutir si la gente del gran Buenos Aires debe atenderse en los hospitales porteños o, si la gente de Capital puede traer la basura a la provincia. Sin dudas, esos son problemas graves pero ¡por favor! que les avisen: las bacterias, el dolor y el hambre no se detienen en la General Paz.
En fin, parece mentira que nos cueste tanto levantar la cabeza y mirar a los costados. Sin duda, gran parte de la responsabilidad de lo que pasa, es nuestra. Sí, nuestra, porque es más fácil agachar la cabeza y ensimismarnos en nuestros problemas que mirar a ambos lados, indignarnos y reclamar por los que no son escuchados.
Aquellos, que tengan la posibilidad de ver, no por la cercanía sino porque tienen la voluntad de hacerlo, tienen que exigir que las cosas cambien. Para eso, deben comprometerse con los problemas y utilizar todas las herramientas a su alcance para que, los que no tengan voz, utilicen su garganta y sus ganas de gritar para hacerse visibles.
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Salió el El Sur de agosto. El número habla de la soledad con que gobierna Schiaretti: sin los recursos de la Nación y sin el apoyo de De la Sota, con quien estaría distanciado. La revista cuenta por qué administra una "provincia fundida" y por qué se distanció de su antecesor.