
Martín Menditto
Caso raro y difícil el de los homenajes. Sobretodo cuando se trata de nombrar lugares públicos. Es complicado conformar a todos con las denominaciones, que a veces parecen carecer de un criterio coherente.
A veces en el afán de homenajear a alguien se termina faltándole el respeto a la memoria del supuesto homenajeado. Es el caso de Leopoldo Lugones, quien conocedor de su destino de bronce póstumo, expreso su voluntad por escrito minutos antes de suicidarse: “Pido que me sepulten en la tierra, sin caja y sin ningún signo ni nombre que me recuerde. Prohíbo que se dé mi nombre a ningún sitio público”. Sin embargo, nuestra provincia, y en general Argentina toda, está superpoblada de cosas que llevan el nombre del “poeta de la patria”, tal como se lo conoció en las primeras décadas del sigloXX.
Si se trata de honrar la memoria de Lugones lo correcto sería respetar su última voluntad, por lo cual se debería quitar el nombre del poeta de calles, barrios, plazas, escuelas y museos.
¿Cuál es el sentido de un homenaje que el propio homenajeado rechazó expresamente?. Si la intensión es rendirle tributo eterno por su valioso aporte a la literatura nacional, entonces que los sitios que hoy se llaman Leopoldo Lugones lleven en adelante el nombre de sus obras, por caso que la Avenida que cruza Nueva Córdoba se pase a llamar “Romancero de Río Seco” o “La Guerra Gaucha”. Incluso de esta forma se ayudaría a difundir más los textos de Lugones, y ese sería el verdadero homenaje, el mas valioso, que la gente conozca al poeta por sus escritos.
15/11/09
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