Eduardo Lacoste
El jefe del Ejército, general Bendini, a quién uno considera a priori un general democrático o al menos partícipe ideológico de los criterios que forjaron el CEMIDA en los años ochenta, acaba de declarar, palabras más palabras menos, que “debemos cerrar las heridas del pasado” y de yapa vindicar la gesta “patriótica de Malvinas.
A esta altura de los acontecimientos, a uno no le queda en claro si Bendini en un pomposo acto registrado hace un tiempo descolgó el cuadro de un general sin batallas pero sí ducho en represiones y espionajes internos como Videla; por un ejercicio de convicción interna o por un simple mandato de obediencia debida emanado del actual presidente.
Deseo detenerme en un punto: lejos estoy de creer que un estado puede constituirse sin la existencia de un ejército propio calificado; los nobles idearios de paz, amor y libertad esgrimidos con vital y masiva intensidad por la contracultura sesentista y que intentaron imponerse en todo el orbe, quedaron en eso: idearios.
También intuyo que Bendini responde a presiones de numerosos pares de su generación y a estratos intermedios, no sólo pertenecientes al ámbito militar sino también a ámbitos civiles. Más, una vez mas quisiera resaltar un gesto como el manifestado por la ciudadanía alemana respecto a su pasado nazi, y recientemente hacia la inescrupulosa burocracia de la Alemania Oriental: el del juzgamiento y ejercicio de conciencia.
Señor Bendini, el denominado período del “proceso Militar” no sólo es criticado por los crímenes que cometió de manera ilícita y fuera del marco de la ley; la formidable destrucción del aparato educativo, cultural e industrial fueron también horrores despreciables, y si usted no quiere ver o desea mitigar esta triste realidad de la Argentina presente, está en todo su derecho. Nosotros en el nuestro. Pero eso sí, recuerde que usted se debe a una sociedad que hace treinta años vio mancillados sus derechos, en parte también por un grado de irresponsabilidad propia, por mandato de una oficialidad inepta que se subordinó a los dictámenes de una minoría.
Respecto a Malvinas lamento ser más polémico: siento una profunda solidaridad respeto y tristeza por quiénes pelearon y ofrendaron sus vidas en el campo de batalla bajo el gesto histriónico de un general caduco e ignorante, el que creyendo que porque había sido condecorado en West Point, en su divague imaginó que iba a recibir apoyo del país del norte. Si este general, que fungía de ilustrado y su oportunista canciller, que en un acto surrealista de acuerdo a su ideología terminó abrazado a los cubanos en una sesión de las Naciones Unidas, hubieran sido lectores, entre otras cuestiones, de esa polémica pero notoria publicación conservadora que se llama Foreign Affaires, que expresa sin pudores lo que son los intereses de la ideología dominante, habrían previsto cuál iba a ser la respuesta.
La que de todas maneras ya se las había manifestado un terrible y astuto general, pero en este caso sí condecorado por batallas: Alexander Haig. Claro que la ambición lo puede todo y que mejor que apelar a los sentimientos genuinos de un pueblo, respecto a un legítimo derecho, si lo único que interesa es preservarse en el poder.
Foto:pagina12.com.ar
13/06/07
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