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Y por qué no, Hitler y Mussolini /

Y por qué no, Hitler y Mussolini

Ni la penicilina ni los corticoides le habrían alcanzado a Adolf y Benito para aliviar sus traumas reumáticos. El mito del paso de los dictadores europeos por la laguna de Mar Chiquita se reactualiza. Un vecino, que vive hace más de 80 años en el lugar tira la primera piedra y el periodista ciudadano hace el resto.

Nicolás Albera.

Ni la penicilina ni los corticoides le habrían bastado a los máximos exponentes del fascismo, hablo de Adolf Hitler y Benito Mussolini, para aliviar sus supuestos traumas reumáticos.

Hablo de supuestos porque no tengo nada probado al respecto sobre qué tipo de dolores podrían haber tenido estos dos personajes despreciables de la historia mundial. Sin embargo, atando cabos, pude siquiera convencerme sobre un rumor que me contaron hace unos días.

De pasada por la localidad cordobesa de Miramar donde se halla la imponente laguna de Mar Chiquita, uno de los humedales de aguas continentales más importantes de Sudamérica, pude recorrer -a medias- su renovada costanera. Es admirable el crecimiento que ha adquirido en los últimos años y que la llevaron a convertirse en un importante, aunque no tan explotado, polo turístico.

Mientras caminaba por la ribera y tomaba algunas fotografías, un hombre calvo y entrado en años se acerca hacia mí. Me habla sobre lo linda que está Miramar hoy, luego de haber sorteado con éxito diversos obstáculos que la naturaleza le fue oponiendo, tales como sequías, tornados y duras inundaciones.

Me explica que los primeros visitantes de la zona eran atraídos por las famosas "aguas milagrosas", denominadas así por su eficacia en la cura de diversas afecciones, especialmente las reumáticas.

Y luego como queriéndole imponer aun más trascendencia a la localidad, este hombre que vive hace más de 80 años en el lugar, me dice en voz baja como al pasar: “Dicen que aquí veraneaban Hitler y Mussolini”. Sorprendido por la noticia quise indagar más, pero mi informante sostuvo que sólo eran rumores y mitos del pueblo en décadas pasadas.

Ya de retorno me vuelco a la bibliografía del lugar con la necesidad de encontrar algún dato, mínimo que sea, que corrobore tamaño rumor. Tal como me dijo el octogenario, Miramar ha sido durante años una convocatoria obligada de miles de visitantes que buscaban en las aguas de la laguna el bálsamo a sus dolencias por la acción terapéutica de ellas, y cuya fama trascendió las fronteras nacionales.

Con el tiempo -reza la información- la demanda de estos servicios fue creciendo, y en otros países, especialmente Alemania e Italia, fueron reconociendo el extraordinario valor balneo-fangoterapéutico de las aguas y el barro de Mar Chiquita, originando una corriente turística de miles de personas y por qué no, entre ellas, el “Führer” y el “Duce”.

A más de 197 kilómetros de Córdoba capital, en plena llanura, Miramar volvió a levantarse y como me dijo aquel hombre calvo “está mucho más linda”.



Hoy exhibe una pintoresca playa y un imponente espejo de agua cuya superficie oscila los 18 mil Km2. Brinda el confort necesario en materia de alojamientos (departamentos, cabañas y hotelería) y una variada gastronomía. Y en sus entrañas, encubre duros golpes de la naturaleza y misterios de una historia que se cerró hace más de 60 años.

Foto: Nicolás Albera.

16/08/07


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María Fernanda

Miramar y su laguna esconden este tipo de mitos. Estando allí me contaron que una familia de Buenos Aires, de origen alemán, fue de vacaciones a la laguna y trató a su hijo enfermo con esas aguas. Al ver que se curó, la familia decidió radicarse en el lugar y lograron asociarse con una mujer que manejaba el hotel donde habían estado alojados. Según comentaron, con los años se disolvió la sociedad y ésta familia quedó al frente del hospedaje. Con el tiempo fueron refaccionándolo y agrandándolo, convirtiendo el sitio en un gran hotel. Brindaban total privacidad a los huéspedes, cuya mayoría era de origen alemán al igual que los empleados. Se dice que atrás de semejante construcción se escondía el lavado de dinero nazi o el encubrimiento de grandes líderes del movimiento. El hotel era un lujo para la época, contaba con calefactores, aire, ascensor, sus paredes estaban revestidas de mármol europeo, había autos a disposición de los clientes, spa, generadores de luz propios. Algo impresionante en el lugar. Existe el mito de que en ese lugar existió una reunión entre Hitler y Perón. Pero sin motivo alguno, en la época de mayor auge los dueños decidieron dejar el lugar. El hotel quedó en otras manos y se cerró luego de una de la inundación. El sitio quedó en el total abandono hasta que el municipio lo reclamó por falta de pago en sus impuestos. Al no haber oposición ni herederos, en la actualidad se convirtió en un museo donde se brindan visitas guiadas que recrean imágenes de una época gloriosa y a la vez misteriosa.




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