
Juan M. Vanadía.
Sus rostros curtidos por el sol y vientos de añares son, aparentemente, impasibles.
El viejo mandarín, entorna sus párpados meditando ¡vaya a saber qué aserto filosófico!, y a la vez, extraña la altura de su emplazamiento original.
A su lado, la dama con enigmática sonrisa disfruta nuevamente de algún momento pasado aunque el cristal que la protege de a ratos, le da la sensación de quitarle el aire.
A pocos metros, un diablo con gesto crispado asusta a los niños que se atreven a mirarlo. A su lado, y sólo separado por una pilastra, el rostro impasible de un ser asexuado lo separa de un viejo con aspecto fiero. Columna de por medio, otros viejos y demonios contemplan el paso de los días. Y todo esto condensado en una cuadra, por Ituzaingó al 500, en la ciudad de Córdoba.
Son los mascarones que personalizan de manera singular viejas casonas desperdigadas por el Centro, Nueva Córdoba, Alberdi y otros barrios. En la fuente de la plaza San Martín está el Decano de todos ellos: data de 1876.
Recorrer la ciudad con ánimo inquieto depara estas sorpresas que explican un pasado de constructores habilidosos, artistas del yeso y el cemento que plasmaban así los pedidos de sus clientes para singularizar sus viviendas.
El fotógrafo Sergio Barbieri, autor de “Señores y Señoras en los Frentes de Córdoba”, cuenta que “los que saben” afirman que los martes por la noche, los mascarones cobran vida, se reúnen y comentan los cambios de la ciudad que los vio nacer y temen a la demolición como si fuese el Apocalipsis.
Cuando vea una construcción de más de cien años, le recomiendo que busque, porque seguramente encontrará alguna sorpresa con cara impertérrita que lo observa con ojos vacíos y tal vez, boquiabierta.
Foto: Sergio Barbieri, enviada por el periodista ciudadano.
31/5/08
Recomendar esta notaMuy buena la nota. Los cordobeses no sabemos apreciar la ciudad que tenemos. Pero además hay que saber mirar. Como varias fuentes o relojes de sol que hay en la ciudad. Lástima que muchas casas antiguas en Nueva Córdoba, barrio Geenral Paz y otros ya desaparecieron y /o están a punto de hacerlo. Demolidas literalmente.
Sergio muy linda la nota y has tratado un tema que en lo personal me apasiona y soy de las que trato de rescatar a través de mis escritos, todo lo que tiene la ciudad en bellezas arquitectónicas y naturales que pasan totalmente desapercibidas. Es como dicen en el anterior comentario se trata de saber ver, de hacer una pausa mientras caminamos, de observar, mirar las cúpulas,los ornamentos, también ese tipo de cosas hace bien al espíritu y lo estimula.Me encanta esta descubrir que te has impuesto y que nos traslades a nosotros la inquietud y la magia que tiene todo eso. Por mi parte, gracias.
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Los medios de comunicación locales aburrieron ayer hasta el hartazgo comentando las implicancias del operativo que se realizará hoy para censar a la mayoría de los hogares provinciales. Los medios centraron sus notas y comentarios en las particularidades del operativo (las credenciales con que se identificarán los censistas, las preguntas que harán, las sanciones previstas para los que no respeten el feriado, etcétera); pero poco se indagó sobre la necesidad real del censo, el uso posterior de esa información y la aplicación de esa información para un fin específico. Por caso, ¿qué hará el gobierno para impedir que información tan sensible se filtre y sea usada con fines deshonestos o ilícitos? ¿Qué garantías existen en este sentido? La sensación es que se perdieron minutos preciosos discutiendo sobre la presunta espectacularidad de un operativo, que no es más que un gran encuesta donde unos preguntan y otros responden, o mostrando los aspectos más superficiales del hecho como la bolsita que llevarán los censistas (foto). Lo verdaderamente interesante es qué hará el gobierno con esa información y si, finalmente, los cordobeses tendremos accesos en el futuro al procesamiento más fino de esos datos, no a los datos vagos y generales que seguramente el poder buscará difundir.