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Cómo empezó mi amor por Carlos /

Cómo empezó mi amor por Carlos

¿Sabía que por año se editan en promedio diez nuevos libros sobre Gardel?, este es uno de los datos que aporta nuestra periodista ciudadana, que nos cuenta que hace 30 años descubrió El día que me quieras. Desde ese momento no pudo parar de investigar sobre el zorzal crillo. Hoy cuenta con un archivo de audio, la mitad de los textos editados sobre el Cantor y trabaja en la búsqueda de monumentos de Gardel por el mundo. Si usted quiere conocer más, siga sus recomendaciones.


Ana Turón (Azul, Pcia. de Buenos Aires).

Tendría unos diez años cuando Roberto Carlos cantaba “El día que me quieras”, que yo tarareaba todo el día, igual que mis compañeras de la escuela. En una de tantas peleas, mi hermano se burló diciéndome que “eso lo cantaba un viejo cuando el abuelo era joven”.

Fue una gran decepción enterarme que la canción de Roberto Carlos ya la había cantado otro. Y decían que mejor.

Conocía su nombre y su voz, pero no le había prestado mucha atención (era chica, disculpen). Quise escuchar “El día que me quieras” en la voz de ese “viejo” llamado Gardel.

Ahí empezó todo, hace treinta y tantos años...

El hecho de vivir en el interior (a 300 Km. de Buenos Aires) me limitaba. No tenía edad para manejarme sola –“en un ambiente de hombres”- y muy poco es el material que puede conseguirse en una ciudad como Azul.

Comencé, por lo tanto, a guardar revistas y a escuchar y grabar cuanto programa radial encontraba. Era conciente de que el aire se llevaría esas voces, testimonios de gente que sabía mucho, y casi sin darme cuenta fui armando un archivo de audio que hoy me enorgullece.

Con los años conocí a Luis Ángel Formento, aquel periodista de “La Razón” de saber enciclopédico. Muchos otros investigadores, coleccionistas y estudiosos llegaron pronto: Bruno Cespi, Juan Carlos Piatanessi, Rodolfo Zatti, Héctor Ernié, José Le Pera, Héctor Blotta, Marcos Delgado, Pedro Ortiz, Miguel Bonano, se sumaban a los azuleños Juan Miguel Oyhanarte, Mario Marateo.

Dada la distancia geográfica, estos diálogos no eran todo lo fluidos que hubiese querido, de manera que nada me resultaba mejor que la lectura para esclarecer dudas.

Confieso que en oportunidades he ido a Buenos Aires sólo a comprar libros de Gardel. Una vez leídos, comprobaba que no todos aportaban material importante. Había algunos que reiteraban lo ya dicho por otros; otros, que no se apoyaban en los documentos necesarios. De todo.

Siempre tuve la curiosidad por saber cuánto me falta leer, cuánto me falta aprender sobre Gardel. Y esa inquietud me llevó a revisar pacientemente la bibliografía consultada por cada autor de los libros que he leído, y a marcar –como en los álbumes de figuritas- cuál tengo y cuál me falta.

Así nació el catálogo “Gardel en los libros del mundo”, en el que intento un inventario de los trabajos editados desde 1935 hasta la fecha. Es verdaderamente asombrosa la cantidad que se ha escrito, pero creo que la utilidad de este catálogo está dada en la subdivisión que presenta, ya que los libros en los que Gardel es sólo un símbolo –porque figura en el título, aunque no en sus páginas- se encuentran ubicados en otra sección diferente de aquellos en los que el Cantor es el tema central. De esta manera, no se corre el riesgo de comprar un libro que no aborda el tema.

Al elaborar este trabajo, comprobé que tengo en mi poder la mitad de los libros que se han editado sobre el tema. Así como hay quienes se han pasado la vida buscando fotos o discos, yo he transcurrido la mía “coleccionando” libros. Me gusta comparar las reediciones de un mismo trabajo; es como inmiscuirme en la intimidad profesional del autor y compartir con él cada nuevo hallazgo que incluirá en su edición “corregida y aumentada”.

Las novelas no me atraían al principio; en mi afán de aprender prefería los libros técnicos. Con el tiempo comenzaron a interesarme y empecé a disfrutar textos en los que el autor, basado en Gardel y hechos históricos, da rienda suelta a su imaginación; hay quienes han logrado verdaderas maravillas, y otras que carecen por completo de calidad literaria u originalidad.

Los libros reflejan claramente la demanda del público. En un comienzo, abundaban los “cancioneros” y anecdotarios; por los años ’80 surgió la primera generación de investigadores propiamente dichos; son aquellos que no conocieron a Gardel y, por lo tanto, buscaron la documentación que respaldara cada una de las palabras que habían escuchado en boca de sus mayores.

Estos investigadores comenzaron con la obra de Gardel: la discografía y la reconstrucción de giras y actuaciones. Luego se fueron profundizando aspectos vinculados al ser humano más que al cantor. Curiosamente, eran todas obras parciales y las que intentaban ser biografías, eran superficiales.

En los últimos años se publicaron varios libros referidos a la nacionalidad; Gardel nació en Toulouse (Francia) aunque en su Libreta de Enrolamiento, pasaporte y otros documentos figure como nacido en el Uruguay, por cuanto el país vecino ha tejido otra historia, muy lejana de la real.

Pero lo más interesante, es que la existencia de libros indica que hay un público que investiga, que estudia, que quiere aprender. Gardel ha dejado de ser un tema “light” para charlar en las peñas, en los cafés y en las sobremesas. Es un tema de análisis profundos, de investigaciones minuciosas, de búsquedas concienzudas.

A esos públicos se los conoce por sus bibliotecas, sin dudas ese es el mejor termómetro para comprender qué lugar ocupa el Cantor en cada uno de sus admiradores. Aunque no significa que quien no lee no es gardeliano; pero hay gente que escribe más de lo que estudia y, en mi opinión, no deja de ser una falta de respeto hacia quien dicen admirar, y de quien debería tomarse el ejemplo de autoexigencia.

Ese público que encuentra en Gardel un tema de análisis e investigaciones motivó la creación del Centro de Estudios Gardelianos, la primera asociación que se conforma no para tradicionales homenajes, sino para profundizar sobre él. Esos trabajos se han volcado en libros, obviamente, que son el cimiento indispensable para todo aprendizaje.

Mi libro preferido? Hay varios. Si necesito consultar algo, acudo, sin pensarlo a “La biografía", de Julián y Osvaldo Barsky, porque ahí está todo cuanto se ha escrito con anterioridad a 2004. No se trata de una simple compilación, sino que todos y cada uno de los episodios han sido elaborados rigurosamente, creo que es la obra más seria y completa.

“Carlos Gardel y La Prensa Mundial” (Eduardo Visconti – Hamlet Peluso) es otro libro que me encanta leer: son crónicas de la época (1913-1935) y permiten ver la carrera de Gardel “in situ et in tempore”.

“Tango del Mudo” (Luis Benítez) es una novela muy bien lograda. Muy acertado el personaje de Gardel, sus diálogos, su sicología. La trama es muy original y su lectura es un verdadero deleite.

Hay muchos libros que valen la pena. Ahora estoy releyendo piezas de colección de la década del ’30 y del ’40 que tienen el sabor y encanto de lo afectivo.

Para quienes quieren profundizar sobre Gardel y no saben cómo empezar, pueden consultar una selección que hice en Los Recomendados en el ítem “libros” del sitio www.quienesgardel.com.ar. Allí también hay un catálogo “Gardel en los libros del mundo". Espero que sirva de guía para aquellos jóvenes que -como yo en mis comienzos- carecen de orientación.

Creo que el catálogo no se completará jamás, porque se publica un promedio de diez libros anuales sobre Gardel y la tendencia va en aumento, de manera que sólo su actualización requiere de trabajo permanente. Si se suman, las ediciones limitadas, de escasa distribución... pero lo importante es haber empezado.

Además, estoy haciendo otro trabajo en forma conjunta con Alejandro Maceiras, que es similar al de los libros, pero se trata de los monumentos que se han erigido en homenaje Gardel en el mundo. Como con los libros, nadie sabe cuántos monumentos hay. Es muy vasto y es parte de la respuesta a “¿quién es Gardel?”.

Foto: Monumento a Gardel en la plazoleta que lleva su nombre ubicada entre calle Belgrano y la Cañada, en barrio Nueva Córdoba.

Nota de Sosperiodista: La autora es Secretaria de Prensa del Centro de Estudios Gardelianos.

21/2/07





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Sami

Qué hacen especificamente, ¿estudian la vida de Gardel su obra? ¿Se conectan con gardellianos de otros países??



Ana Turón

Efectivamente, Sami. El lema del CEG es "recuperar a Gardel a través de la verdad histórica" y por lo tanto se realizan muchas investigaciones que después se plasman en Congresos, Jornadas y libros. También estamos en contacto con gente de otros países, de hecho tenemos una delegación en España, otra en Francia y otra en el Uruguay. El mayor objetivo que perseguimos es el de terminar con versiones de hechos que jamás ocurrieron (como la prisión en Ushuaia, el nacimiento en Tacuarembó, etc.)



Omar Horacio Alcántara

PUBLICADO EN EL DIARIO "EL TIEMPO" DE LA CIUDAD DE AZUL, PCIA. BS. AS., EL 08 DE NOVIEMBRE DE 2007.- CON FOTOS DE LA ÉPOCA: SALVADOR DE CIENTOS DE CAUTIVAS.- EL CAPITÁN DON RUFINO SOLANO EL DIPLOMATICO DE LAS PAMPAS El Capitán Don Rufino Solano actuó en la llamada “Frontera del desierto” entre los años 1855 y 1880, donde desarrolló un papel incomparable dentro de nuestra historia argentina. Por su labor, conoció y trató personalmente con las más altas autoridades, tales como Justo José de Urquiza, Domingo F. Sarmiento, Nicolás Avellaneda, Bartolomé Mitre, Marcos Paz, Adolfo Alsina, Martín de Gainza y hasta el mismísimo Julio A. Roca. En el ámbito militar actuó y combatió bajo las órdenes del Coronel Álvaro Barros, coronel Francisco de Elías, general Ignacio Rivas, coronel Benito Machado, entre otros. En el ámbito eclesiástico, fue además el eslabón militar con el Arzobispado metropolitano, en la figura de su Arzobispo Monseñor León Federico Aneiros, denominado “El Padre de los indios”. Esta última tarea lo llevó a actuar muy estrechamente con el P. Jorge María Salvaire, mentor y fundador de la Gran Basílica de Nuestra Señora del Luján. El Capitán Solano junto al Cacique Namuncurá y tres Capitanejos Este militar, con verdadero arte y aplomo, también se vinculaba y relacionaba con todos los Caciques, Caciquejos y Capitanejos de las pampas, adentrándose hasta sus propias tolderías para contactarlos. Mediante estas acciones, logró liberar cientos de personas, entre cautivas, niños, canje de prisioneros e incluso funcionarios, como es el caso de Don Exequiel Martínez, Juez de Paz de Tapalqué, en una época donde arreciaban los terribles malones tanto a los poblados, como en la zona rural. Del mismo modo, mediante esta labor mediadora y pacificadora, logró evitar incontables enfrentamientos y ataques a las poblaciones. Es por ello, que prestigiosos y académicos historiadores, concluyen sin vacilar que “durante casi veinte años el Capitán Solano logró mantener la paz en sus confines (sic)” R. Entraigas, Op. Citada. Galardonan su legajo militar dos glosas manuscritas por el Coronel Álvaro Barros, fundador de Olavarría, donde lo colma de merecidos elogios. Ignacio Rivas Adolfo Alsina Álvaro Barros Por este don que poseía, el Ministro de Guerra Adolfo Alsina, ante una gran multitud reunida en el Azul en el mes de diciembre del año 1875, le manifestó: “Capitán Rufino solano, usted en su oficio es tan útil al país como el mejor guerrero”. Es que, mediante tratados de paz, logró evitar los ataques a la región durante la guerra con Paraguay, donde existía mucha debilidad en la frontera. Si bien era poseedor de una gran valentía, lo que más lo identificaba era su técnica y poder de persuasión, no solo porque dominaba el idioma araucano a la perfección, sino porque además sabía como plantarse ante los bravos caciques y demostrar su firmeza, sinceridad y honestidad en su trato; esta innata virtud le permitió gozar del máximo prestigio y confianza de ambos bandos. Mediante su atinado manejo de las situaciones críticas, logró evitar mayores derramamientos de sangre y por este aspecto, con toda justicia, se lo conoció como “El diplomático de las pampas”. Su actividad se vio interrumpida cuando el General Julio A. Roca decidiera llevar a cabo la “conquista del Desierto”, en 1880, contienda en que la que Rufino Solano no participó. Pero si actuó valientemente como soldado cuando debió defender a los suyos, como veremos más adelante. En cumplimiento de su tarea, se lo vio acompañando a cuanta delegación de indígenas se acercó a Buenos Aires a parlamentar con las autoridades nacionales, sean estas políticas, militares o eclesiásticas. Cuando venía con estas embajadas, se alojaba en el Hotel Hispano Argentino u otro de Buenos Aires, en muchas ocasiones en los Cuarteles del Retiro, e iba con ellos a las distintas entrevistas y audiencias, finalizadas ellas, los acompañaba de regreso, cabalgando con ellos, rumbo a la frontera. En la fotografía se lo puede ver junto a varios Caciques, enviados de Calfucurá, esperando una entrevista con el General Justo J. de Urquiza. El diplomático de las pampas Durante sus servicios, efectuó travesías de miles de kilómetros a caballo, siempre acompañado por un puñado de soldados e incluso en muchas ocasiones se aventuraba en soledad; solía pasar varias jornadas en las tolderías, donde era admitido y aceptado merced al enorme respeto y consideración que se le tenía, cada acercamiento le permitió retirarse llevándose cautivas y prisioneros de los indios. Este “hombre de dos mundos” sabía hablar el idioma de los indígenas a la perfección, especialmente el araucano, la lengua de Calfucurá, Namuncurá, Pinsén, etc., manejando los términos adecuados para manifestarse ante estos líderes; pero, también poseía la misma valiosa virtud, para tratar con sus mandos, en castellano, tanto militares como del Gobierno Nacional, para arribar a acuerdos ecuánimes y que finalmente se cumplieran. Esta honestidad en su comportamiento, le permitía a Solano ser bien recibido en las tolderías para lograr salvar nuevas vidas. En cierta ocasión, durante sus recorridas por la frontera, sorpresivamente se encontraron copados por una gran cantidad de indios, en la oportunidad Solano iba con un pequeño grupo de soldados. Estos soldados con armas en mano, se prepararon para una rápida retirada, pero el Capitán les ordenó que se quedaran quietos, comprendió que actuando de esta manera lo único que iban a lograr sería que los “chucearan” por la espalda. En vista de ello, les pidió que lo esperaran, que iría a parlamentar para tratar de salvar sus vidas, y de inmediato se dirigió solo hacia un individuo que, por su postura y aspecto, parecía era el líder de la indiada. Tras este parlamento, donde solo Díos sabe lo que le dijo, todos se adentraron hasta la toldería, y luego de un par de días regresaron con un grupo de cautivas y prisioneros, e incluso fueron escoltados por los propios indios y este caciquejo hasta las cercanías del fuerte. Este hecho y muchos episodios más, se encuentran plasmados en valiosos manuscritos de la época, obrantes en el Archivo Histórico del ejército Argentino, como claro testimonio del prestigio que gozaba este ilustre azuleño. Durante su larga vida de frontera, son innumerables los momentos en que la vida del Capitán Solano en la cual estuvo a cinco centímetros de punta de una lanza, donde logró salvar su vida, y la de muchos, gracias a esta prodigiosa habilidad que poseía. Rufino Solano actuó en los Fuertes Estomba, Blanca Grande y del Arroyo Azul, entre tantos otros, y por su desempeño militar se lo considera uno de los forjadores de las fundaciones de las ciudades de Olavarría, San Carlos de Bolívar, entre otros lugares donde le tocó servir. Rescate de prisioneros de la ciudad de Rosario, Santa Fe Para el año 1873, en un multitudinario acto, le fue entregada por la Comisión de Beneficencia de Damas y el Club Social de la ciudad de Rosario de Santa Fe, una medalla de oro en premio a sus servicios rescatando prisioneros y cautivas residentes en esa ciudad. En dicho acto también se le hizo entrega de un testimonio de gratitud que manifiesta lo siguiente: “Rosario, 5 de agosto de 1873. Al Capitán Don Rufino Solano: Me es satisfactorio dirigirme a Ud. Participándole que el “Club Social” que tengo el honor de presidir resolvió en asamblea general obsequiar a Ud. Con una medalla de oro que le será entregada por el socio Don José de Caminos la que tiene en su faces verdadera expresión de los sentimientos que han inspirado al “Club Social” a votar en su obsequio este testimonio de simpatía y agradecimiento por la atenta abnegación y generosidad con que penetró hasta las tolderías de los indios de la Pampa para realizar el rescate de los cautivos cristianos, llevando con plausible resultado la difícil y peligrosa misión que le encomendó la Comisión de rescate del Rosario. Esta sociedad no podrá olvidar tan preciosos servicios y ha resuelto acreditarle estos sentimientos con este débil pero honroso testimonio. Manifestando así los deseos del “Club Social” del Rosario, me complazco en ofrecer a Ud. Toda mi consideración. Firmado: Federico de la Barra (Presidente)”. Dicho acontecimiento fue reproducido en las primeras planas de todos los diarios de la de la ciudad de Rosario y de la Capital Federal, de aquella época. Luego de finalizar la conquista, los indios continuaron buscando al Capitán Solano para que les ayudara a conseguir tierras donde vivir y muchos de ellos las consiguieron gracias a su influencia, conduciéndolos ante el mismísimo Presidente de la República, General J. A. Roca, a efectuar sus justos petitorios; así lo hicieron el Cacique Valentín Sayhueque, Manuel Namuncurá, la Reina de los Indios Catrieleros Bibiana García, entre muchos otros. En esos territorios obtenidos hoy se hallan enclavadas las ciudades de Catriel, Valcheta y muchas poblaciones más, dentro del territorio de las provincias de Buenos Aires, La Pampa y de Río Negro. Blanca Grande, Olavarría. Batalla de San Carlos, Bolívar. Muerte de Calfucurá. El capitán Rufino Solano Intervino en numerosas batallas en defensa de los pueblos fronterizos, enfrentándose al ataque de malones (San Carlos de Bolívar, Azul, Olavarria, Cacharí, Tapalqué, Tandil, Bahía Blanca, Tres Arroyos, etc.), entre ellas son dignas de mencionar su intervención en Blanca Grande a las órdenes de los coroneles Benito Machado y Alvaro Barros y más tarde, a partir de 1868, junto al coronel Francisco Elías, sentando las bases de la actual ciudad de Olavarría. Junto al general Ignacio Rivas, con el grado de capitán, participó en la feroz e encarnizada batalla de San Carlos, el 8 de marzo de 1872, abriendo los cimientes de la hoy ciudad de San Carlos de Bolívar; en esta última contienda, que duró todo el día, los indios, reconociéndolo, le gritaban “pásese Capitán !!”. En esta batalla, en la que participó como jefe del cuerpo de baqueanos, y fue debido a sus indiscutibles conocimientos de los campos que la División del General Ignacio Rivas logró hacer marchas rapidísimas. Su intervención en San Carlos no impidió a este valiente soldado, que al poco tiempo de esta decisiva batalla, se presentara nuevamente en la propia toldería de del temible cacique Calfucurá, su contrincante vencido, apodado “El Soberano de las pampas y de la Patagonia”, siendo casi un milagro que no lo mataran; no solo ello, sino que al cabo de algunos días pudo retirarse llevándose consigo decenas de cautivas a sus hogares. Este episodio es único e inolvidable, porque Calfucurá, sintiéndose morir, en la noche del 3 de julio de 1873, le indicó al Capitán Solano que debía retirarse, porque sabía que luego de su muerte lo iban a ejecutar junto con todas las cautivas. Así lo hizo, e inmediatamente luego del fallecimiento del cacique, partió el malón a alcanzar al rescatador y las cautivas: se escuchaban cada vez más próximos los aterradores alaridos de sus perseguidores y cabalgando durante toda la noche, finalmente lograron salvarse llegando a sitio seguro. Fue así como el Capitán Rufino Solano fue el último cristiano que vio con vida a este legendario cacique. El cual, en sus últimos instantes de vida, tuvo un gesto de majestuosa grandeza y generosidad. Por esta verdadera hazaña, el Capitán Solano fue recibido con admiración y gratitud en Buenos Aires por el Arzobispo Aneiros, el Presidente de la Nación y todo su gabinete. Monseñor Aneiros mandó a colocar, en el Palacio del Arzobispado, una placa conmemorativa de este singular suceso. Su participación junto a la Iglesia. A propósito de esta máxima figura de la Iglesia Argentina, el Arzobispo Federico León Aneiros, como dijimos, denominado “El Padre de los indios”, en numerosas oportunidades, el Capitán Rufino Solano le ofició de enlace e intérprete con diversas embajadas de líderes indígenas, con quienes, esta célebre autoridad eclesiástica del país, mantuvo varias reuniones en mencionado Hotel Hispano Argentino de Buenos Aires y en otras oportunidades, en la propia sede del Arzobispado. La Iglesia anteriormente había intentado un acercamiento al aborigen, fue así como en enero de 1859, el Padre Guimón, asistido por los Padres Harbustán y Larrouy, bayoneses, se internaron en Azul para entrevistarse con Cipriano Catriel, manteniendo tres encuentros con este cacique. El primero fue halagüeño, mostrándose Catriel solícito para atender los requerimientos. En el segundo, el P. Guimón expuso los proyectos de su acción evangelizadora, expresándole: “Somos extranjeros, hemos consentido el sacrificio de abandonar nuestro país, nuestros parientes y amigos, con el solo fin de dar a conocer la verdadera religión… ¿No tendría el cacique el deseo de ser instruido en ella?”. “-¿Por lo menos negaría el permiso de enseñarla a la gente de la tribu y especialmente a los niños?”. Todo hacía prever la afirmativa respuesta del cacique, sin embargo, después de consultar al adivino y a los demás jefes, el primero mostró su negativa. Durante la tercera entrevista, respondió Catriel de este modo: “No queremos recibirlo más en adelante, ni siquiera una vez, aunque fuera solo para satisfacción de su curiosidad”. Debido a este manifiesto rechazo demostrado por los indígenas, el misionero debió regresar a Buenos Aires, viendo totalmente frustrado su intento de acercamiento. Catorce años mas tarde, el 25 de enero de 1874, arriba al Azul el Padre Jorge María Salvaire (lazarista) con idénticas intenciones de catequizar e impartir los sacramentos, pero esta vez contando el sacerdote y la Iglesia con la invalorable presencia intercesora del acreditado capitán Rufino Solano. Es así como debiendo internarse en la pampa, en dirección a los toldos de Namuncurá, la prudencia y la cautela de este célebre sacerdote le aconsejaron la intervención de “…el capitán Rufino Solano, hombre experimentado en la vida de frontera, que en varias oportunidades y con el mismo fin había participado para Salinas Grandes, ganándose la confianza de los caciques y capitanejos, cuya lengua conocía a la perfección” (Monseñor J. G. Durán, Ops. citadas.) Queda certificada la activa participación y la benéfica influencia ejercida por el capitán Solano, por la existencia de tres cordiales y afectuosas misivas dirigidas a él: dos enviadas por el cacique Alvarito Reumay, fechadas el 15 de febrero y 13 de marzo de 1874 y la otra remitida por el cacique Bernardo Namuncurá, del 13 de marzo de 1874. Es bien conocido que este último fue el que salvó al Padre J. M. Salvaire a punto de ser ultimado por su hermano, el cacique Manuel Namuncurá, hijo de Juan Calfucurá y padre de nuestro Ceferino Namuncurá. (Archivo Basílica Ntra. Sra. de Luján, J. M. Salvaire, Fuente citada). Son célebres los sucesos ocurridos en el transcurso de las mencionadas tratativas. La providencial intervención de Bernardo Namuncurá salvándole la vida al P. Salvaire, y las consiguientes promesas a la virgen efectuadas, que han dado origen a su proceso de beatificación, el cual se halla en trámite. 1 2 3 1) Arzobispo León Federico Aneiros y otros sacerdotes. 2) Padre Jorge María Salvaire. 3) Placa Padre Salvaire. Fue así como el Capitán Rufino Solano trató, colaboró y le allanó el camino en la misión, casi quince años postergada, al virtuoso y venerable Padre Jorge María Salvaire, llamado “El misionero del desierto y de la Virgen del Luján”, comenzando la iglesia a tener un contacto mucho más frecuente y fluido. Así lo testimonian expresivas correspondencias remitidas por el Cacique Manuel Namuncurá al Arzobispo Aneiros, destacando este cacique la presencia del Capitán Solano guiando la delegación que iba a entrevistar al ilustre Arzobispo, entre otras más. (Capítulo “Correspondencia con los caciques”, Op. Citada, Cardenal S. L. Copello) Fue el propio Padre Jorge María Salvaire quién, más tarde, colocó la piedra fundamental de la gran Basílica de Luján, el 15 de mayo de 1887, luego fue su Cura Párroco, y murió en la misma ciudad de Luján el 4 de febrero de 1899 a los 51 años de edad. Sus restos fueron depositados en el crucero derecho de la Gran Basílica de Nuestra Señora de Luján a los pies de la imagen de la Medalla Milagrosa, al lado del Altar Mayor, donde yacen hasta el día de hoy. Por su parte, los restos del Arzobispo Aneiros descansan en un mausoleo situado en el ala derecha de la Catedral de Buenos Aires, en la capilla consagrada a San Martín de Tours. Por cierto, resulta una verdadera injusticia que la derruida tumba de este notable militar azuleño se halle ubicada en el rincón más apartado, abandonado y olvidado del cementerio de la ciudad de Azul, sitio que, sin ayuda, difícilmente se podría localizar. Cripta del Padre Jorge María Salvaire (Luján). Mausoleo de Monseñor Aneiros (Catedral, de Bs. As.) Por la muy meritoria labor desplegada por el Capitán Solano, junto a estas grandes figuras de la Iglesia, no son pocos los historiadores religiosos que lo señalan y lo refieren en señal de reconocimiento a su valiosa colaboración; incluso en la más reciente actualidad, el destacado historiador Monseñor Dr. Juan Guillermo Durán, miembro de la Academia Nacional de la Historia y Director del Departamento de Historia de la Iglesia, de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina, en el año 2001, vino hasta la ciudad de Azul para fotografiar la tumba del Capitán Solano, publicándola a página completa en su libro “En los Toldos de Catriel y Railef” (Editorial de la Pontificia Universidad Católica Argentina, 2002). Se puede afirmar, sin dudarlo, que el Capitán Rufino Solano sigue siendo el militar mas querido y reconocido de la Iglesia. Hace aún más valiosa y resalta su intervención, el hecho de que su figura representó el punto de inflexión entre la función del ejército y la acción de la Iglesia, cuyas posturas y principios se mostraron en aquella época, por sus disímiles naturalezas, muy a menudo enfrentadas, incompatibles y hasta inconciliables. Para comprender y valorizar la obra del Capitán Solano, es necesario ubicarse en el contexto y en el paisaje de la época y en nuestra patria. Por esos días la frontera era como pararse en la orilla del mar, no había nada más que horizonte. En ese horizonte, de manera recóndita acechaba el peligro, los indios, la muerte, la cautividad. No existían árboles ni otro obstáculo natural que interrumpiera la visión, durante las agotadoras travesías se debía pernoctar en medio de aquella inmensidad, sin nada para cobijarse, solo cielo, tierra y distancias. Tampoco para guarecerse de las inclemencias del frío, de la lluvia, el viento o el calor. Idéntica situación se producía para el caso que hubiera que combatir ante el hábil y astuto rival. Las marchas duraban días, semanas enteras, se debía llevar suficiente cantidad de provisiones y mucha caballada para el recambio. Los indios brotaban de la tierra como por arte de magia. El espectáculo de una toldería india es inimaginable, allí las cautivas y demás prisioneros vivían en un infierno. Si alguien lograba escapar, seguramente moría en el interminable desierto. Las mujeres indias, por celos, hostigaban continuamente a las cautivas y les daban de comer las sobras, como si fueran perros. Para que no escaparan, a los prisioneros se les despellejaba las plantas de los pies, lo que obligaba a trasladarse arrastrándose por el suelo. Las escenas y el ambiente eran ciertamente escalofriantes. Salvo estas cosas, no difería demasiado la vida que se llevaba en los fortines o en los pueblos que se formaban alrededor de ellos. A pesar de la ausencia de memoria de nuestra sociedad, este formidable ser es una clara demostración que cuando alguien es verdaderamente grande, jamás puede ser olvidado totalmente, porque esa grandeza es capaz de superar los mayores obstáculos, tales como la indiferencia, la ingratitud y el impiadoso paso del tiempo. Ello se debe a que los servicios del capitán Rufino Solano, sus conocimientos, destreza y valentía, fueron requeridos desde todos los sectores de la esfera social, comenzando por desesperados familiares que le rogaban que rescatara a sus seres queridos, continuando por los mandos del gobierno, tanto políticos como militares, y aún como producto de la constante preocupación de la Iglesia por darle una solución a tan difícil situación. Durante décadas, todos supieron quien era y donde estaba el “capitán salvador” y él cumplió con todos. Ahí radica la explicación del porqué su recuerdo siempre regresa: porque no se puede investigar nuestra historia sin encontrarnos de repente con su noble estampa. Aún en la actualidad, su acción ha sido estudiada y valorada incluso en obras de autores y universidades del exterior. Captive Women: Oblivion and Memory in Argentina. Susana Rotker, 2002, University of Minnesota, USA; Rutgers University, Wilson Center, 1977, New Jersey, USA; Ftes. Citadas). El capitán Solano, vivió y sirvió a su querida Patria durante toda su larga, pobre y sacrificada vida de frontera, donde rara vez le llegaba un sueldo desde Buenos Aires. Rufino era hijo de Don DIONISIO SOLANO (1777/1882), un valiente Teniente de Patricios, guerrero de las Invasiones Inglesas, y de la Independencia Nacional, que actuó junto al General Manuel Belgrano durante las Campañas al Paraguay y del Norte; y más tarde, fue el jefe de la caravana de familias fundadoras de la ciudad de Azul, allá por el año 1832, fue Alcalde (*) de ella, muriendo en esta población a una edad superior a los cien años. (Antonio G. del Valle, Alberto Sarramone, Ricardo Piccirilli, Enrique Udaondo, Vicente O. Cutolo, Juan G. Durán, obras citadas. *Archivo de la Municipalidad de Azul (año 1837 y otros), Iglesia Catedral de Azul, Revista Biblos, Ftes. Citadas) Dos fotografías de Rufino Solano. La segunda data de 1912, un año antes de su fallecimiento A menos de cinco años de la fundación del Azul, nació nuestro personaje (1837), viviendo en su pueblo natal hasta su muerte, ocurrida el 20 de julio de 1913. Así lo certifican su acta bautismal en la Iglesia Catedral de Azul, los Censos Nacionales de 1869 y 1895 (el primero y segundo del país) y la certificación de defunción, asentada en registro del cementerio local. Este ejemplar ser humano, que lo dio todo por sus semejantes, al cual centenares de familias le deben hoy su existencia, murió pobre, viejo y olvidado en su pueblo natal y se llamaba Don RUFINO SOLANO, capitán del ejército argentino, y su mayor orgullo fue ser, como él siempre lo decía: “un fiel servidor de la Patria”.- Autor: Omar Horacio Alcántara BIBLIOGRAFÍA Y FUENTES UTILIZADAS - En los Toldos de Catriel y Railef. Juan Guillermo Durán. Editorial Pontificia de la Universidad Católica Argentina, 2002. - El Padre Jorge María Salvaire y la familia Lazos de Villa Nueva – 1866-1875 - Juan Guillermo Durán. Buenos Aires, Ed. Paulinas, 1998. - Historia del Antiguo Pago del Azul: Alberto Sarramone, Editorial Biblos, Azul, 1997. - Recordando el Pasado: Antonio G. del Valle, Editorial Placente y Dupuy, Azul, 1926. - Buenos Aires Ciudad y Campaña 1860/1870: Editorial Antorchas, Pablo Buchbinder, Abel Alexander y Luis Priamo, 2000. - Gran Enciclopedia Argentina: Diego A. de Santillán. Ediar Soc. Anon. Editores, 1961. - Libro con Indios Pampas y conquistadores del desierto: Samuel Tornopolski. Buenos Aires, 1958. - Frontera, indios, soldados y cautivos -1780-1880-. Juan Guillermo Durán. Buenos Aires, Bouquet Editores; Universidad Católica Argentina. Facultad de Teología, 2006. - Monseñor Aneiros, Arzobispo de Buenos Aires, y la Iglesia de su tiempo: Héctor José Tanzi. Junta de Historia Eclesiástica Argentina, Buenos Aires, 2003. - Caciques Huilliches y Salineros: P. Meinrado Hux, Ediciones Marymar, 1991. - La Conquista del Desierto: Juan Carlos Walther Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), 1970. - Gestiones del Arzobispo Aneiros a favor de los Indios, hasta la Campaña del Desierto. Cardenal Santiago Luís Copello, Bs. As. 1945, Edición definitiva, Imprenta y Casa Editora “Coni”.- - Diccionario Biográfico Argentino: Enrique Udaondo. Imprenta Coni, Buenos aires, 1938. - Nuevo Diccionario Biográfico Argentino: Vicente Osvaldo Cutolo. Editorial Elche, Buenos Aires, 1985. - Diccionario Histórico Argentino: Ricardo Piccirilli, Francisco L. Romay y Leoncio Gianello. Ediciones Históricas Argentinas. - El significado de la Nomenclatura de las estaciones ferroviarias de la República Argentina: Enrique Udaondo (Estación El Lenguaraz). Talleres Gráficos del Ministerio de Obras Públicas, 1942. - El Beato Miguel Garicoïts Fundador de los Padres Bayoneses, Pedro Mieyaa, Buenos Aires, 1942, Historia de la Iglesia. Buenos Aires, 1942, págs. 376/79.-- - Historia Argentina Contemporánea 1862 - 1930. Raúl Entraigas, publicada por la Academia Nacional de Historia. Editorial El Ateneo, Buenos Aires. - El Malón de 1870 a Bahía Blanca, Rojas Lagarde, Jorge Luís, Ediciones Culturales Argentinas, 1984. - Captive Women: Oblivion and Memory in Argentina / "Cautivas. Olvidos y memoria en la Argentina". Susana Rotker. Traducido por Jennifer French, 2002, University of Minnesota Press. (U.S.A.). - Pincén. Vida y leyenda, Estevez, Juan José, Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, La Plata, 1991. - El Cacique Namuncurá. Último soberano de la pampa. Clifton Goldney, Adalberto A., Editorial Huemul, 1963. - Revista “Biblos”, Nº 1 y otros, Azul, 1923.- - Caras y Caretas, Año XV, Num. 732, Buenos Aires, 1912. OTRAS FUENTES - Fototeca del Archivo General de la Nación. - Museo Histórico Enrique Udaondo de Lujan. - Archivo del Ejército y la Marina. - Museo Ricardo Güiraldes de San Antonio de Areco. - Archivo Histórico del Ejército Argentino. - Biblioteca del Arzobispado de Buenos Aires. Legajo de Monseñor Aneiros sobre conversión de los indios (sic). - Museo Julio Marc, de la Ciudad de Rosario. - Diario "El Nacional" (Bs. As., 14-III-1873). - Diario “La Prensa" (Bs. As., 13- III- 1873). - Diario La Capital (Rosario, Marzo, 1873). - Diario El Tiempo (Azul, 09 de julio de 1964). - Archivo Basílica Nacional, Ntra. Sra. de Luján, Carpeta Nº 13, J. M. Salvaire. - Iglesia Catedral Nuestra Sra. del Rosario, ciudad de Azul. - Hemeroteca Bartolomé J. Ronco, ciudad de Azul. - Archivo de la Municipalidad de Azul. - Museo Histórico y Etnográfico “Enrique Squirru”, ciudad de Azul. - www.wilsoncenter.org/topics/docs/ACF352.pdf (U.S.A.) ------------------------------------------------------------------------------



María A. González

Realmente conmovedor el artículo sobre el Capitán Rufino Solano. Hay que considerar la situación que vivían las personas cautivas, especialmente las mujeres, a las cuales se les hacía vivir un infierno en vida: sometidas cruelmente a un sufrimiento moral y físico, condenadas a una angustia sin esperanzas, la pérdida absoluta del contacto con todos sus seres queridos, etc. Ellos son solo algunos síntomas del cautiverio, que podemos llegar a imaginar. Respecto si es un tema de la de la actualidad o el pasado de este flagelo, rescato unas palabras vertidas por una mujer cautiva que expresan lo siguiente: "Estoy cansada de sufrir y eso hace que la muerte sea una opción dulceâ€; las palabras transcriptas han sido extraídas de una carta enviada por la Sra. Ingrid Betancourt a su esposo el 28 de febrero de 2008, siendo ella víctima de cautiverio por parte de las FARC en la selva colombiana, situación en la que se halla desde hace seis años. Más allá del tiempo, nos resulta claro que el sufrimiento, el desconsuelo y la desdicha padecidas por las víctimas deben ser absolutamente similares en ambas épocas. Es por ello que considero que la obra del capitán Rufino Solano, salvador de cientos de cautivas en la Argentina, debe ser reconocida y recordada en su justa dimensión. Esa es al menos mi sencilla pero razonada opinión. Muchas gracias por el extraordinario artículo que han rescatado de nuestra historia. Les saluda muy atentamente: MARÃA.-



daniel

me encanto tu comentario de luis angel formento tu la suerte de conocerlo y te cuento que era la persona que mas conocia la vida de gardel lastima que se nos fue pero estoy seguro que debe estar con carlitos gardel mirandonos desde arriba cuando el murio se parte de mi con el era un padre para mi y yo el hijo varon que no tuvo gracias. atte, daniel




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