Mario Albera.El título de este artículo presenta dos inconvenientes.
En primer lugar, emparenta las virtudes de los investigadores del crimen de Nora Dalmasso con las del detective más famoso de la literatura mundial, lo que sinceramente, parece un exabrupto.
Si algo destacó a Sherlock Holmes sobre sus contemporáneos fueron su ingenio, su sutileza racional, e intelecto inquieto, y no la falta de modales, la mediocridad profesional, y la utilización del miedo para obtener pistas y testimonios falsos a fin de montar una escena.
El detective inglés arribaba a las conclusiones de un crimen por medio del razonamiento puro, partiendo de los detalles más triviales e inadvertidos por el común. Su estilo no eran las apretadas, ni su método inductivo la mentira.
El segundo problema con el título de esta nota, es que parte de un prejuicio: el de minimizar las virtudes delictivas de alguien por ser pintor. ¿Acaso una simple bailarina exótica como lo fue Mata Hari no logró engañar a dos gobiernos imperiales?
Pero permitámonos jugar un poco con las palabras, y aceptemos por un momento que los investigadores de la muerte de Nora Dalmasso están más cerca del detective inglés de lo que puede estarlo un mortal. Si es así, entonces un joven pintor de condición humilde y rutinaria vida pueblerina, se burló de ellos durante dos meses y medio. Pregunta:
¿O el pibe es un piola bárbaro y un míster Ripley vernáculo, o estos investigadores son unos soberanos imbéciles, unos incompetentes por naturaleza?Resulta que el pibe de 27 años, el que todos los días sale de su casa con la brocha en mano para ganarse el mendrugo, borró cuidadosamente las pruebas, emprolijó el dormitorio, tomó la precaución de no robar nada o llevarse un objeto ajeno que lo delatara, violó y mató a Dalmasso y luego volvió a la escena del crimen por los celulares, los vendió o los regaló y luego tiró los chips por un inodoro, y le fue contando a quien quisiera escucharlo que él había matado a la señora de Macarrón y que tenía su celular.
Digamos que estamos en presencia de un pintor de "brocha gorda". Audaz, atrevido, excéntrico, y con un ingenio, un poder de concentración, una logística y un olfato para eliminar los detalles más comprometedores, sorprendente. El mismo Sherlok no vacilaría un segundo en adoptarlo como su pupilo, a la par del doctor Watson.
Es más: nos parece que si se rasca un poco más el hueso daremos con el mismísimo asesino de J.F.K. ¿O ustedes siguen creyendo que fue Lee Oswald?
- Tenés que decir que vos fuiste el que mató al presidente Kennedy, ¿entendiste?
- ¿Pero es que yo sólo soy un pintor?
- Y que en ese mugroso balde -¡miráme, pendejo de mierda!- lleváste escondida el arma.
- ¿Y lo de Dalmasso?
- Eso no te importa, ya encontraremos un asesino para ella.
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