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Descanso /

Descanso

Descanso. (En los últimos días aparecieron en el microcentro cordobés y zonas aledañas unos muchachos jóvenes, de aspecto humilde y trato algo rústico, vendiendo productos de panadería en amplios canastos de caña seca. A los muchachos se los suele ver en uno de los ingresos al Puente Olmos. Aquí los descubrí disfrutando de unas horas de descanso ofrecida por un generoso follaje) Foto: Mario Albera.

 
El Descanso /

El Descanso

El Descanso. (El chofer de la línea C del transporte urbano de pasajeros de Córdoba aprovecha la cogestión en el tránsito de la calle 27 de Abril para posar antebrazos sobre el volante y entregarse a un breve descanso. Es que diez y doce horas montado en ese pichón de dinosaurio de hierro y chapa no es cosa de pavo. Llega un momento en que el calambre llama a la puerta y que los nervios se atenasan en la columnna para hacer escuchar su peor melodía. Adelante, hay un compañero que debe estar aprovechando también el momento) Foto: Mario Albera.

A nuevo dispositivo igual descanso /

A nuevo dispositivo igual descanso

El jueves se entregaron 20 nuevos autos y 25 motos enduro a la Policía de Córdoba. Algunos beneficiarios de esos vehículos no estaban tan contentos. Un grupo se quejó ante nuestro periodista ciudadano porque piensa que se invierte más en material de trabajo que en capital humano. Mencionan, sobre todo, las pocas horas de descanso. El ministro y el jefe policial lo desmienten, pero no dan precisiones.


Mario Albera.

Jueves pasado, 10,30 horas. La postal sobre la explanada de la Plaza San Martín irradiaba fuerza y seguridad. 20 nuevos autos y 25 motos apostadas en orden, lucían radiantes con el sol de la mañana. Fueron comprados para reforzar el trabajo de seguridad en la zona del Centro y Nueva Córdoba.



Faltaban treinta minutos para el comienzo del acto y los policías aguardaban en ronda la presencia del ministro y el jefe policial. Algunos aprovechaban para enviar mensajes de texto, otros fumarse un pucho, y otros lamentarse porque le tocó hacer guardia este fin de semana.

Me acerco a un grupo integrado por cuatro agentes:

- ¿Qué les parecen los nuevos autos y motos?-. Me refiero a los Fiat Palio 1.8 cilindrada y las motos enduro marca Zanella de 200 cc adquirida por la Provincia para la fuerza.

- Todos muy lindos, pero que inviertan en el recurso humano- responde uno, mientras el resto asiente. Luego, desafía:

-¿Sabés cuánto van a trabajar nuestros compañeros de las motos? Diecisiete por venticuatro (esto es, 17 horas de trabajo diarias por 24 horas de descanso). A fin de mes terminás con trescientas o trescientas cincuenta horas en el lomo. ¿Vos creés que con tantas horas de laburo podés estar lo suficientemente lúcido para manejar esas motos sin chocar o pasar por riesgos?

La respuesta queda flotando.

Media hora después del horario fijado, llega el ministro de Seguridad Juan Carlos Massei, quien se baja sonriendo de una camioneta deportiva junto a sus colaboradores. Uno de ellos le sostiene los tres teléfonos celulares: uno de color negro y dos grises. El ministro, de profesión bioquímico, sonríe.



Empiezan las preguntas y las respuestas de cassette. “El delito es dinámico y nosotros tenemos que darle a la institución policial medios para que pueda disuadir el delito y hacer una correcta prevención con un patrullaje más efectivo”, dice Massei, en alusión a los nuevos vehículos.

Le pregunto al ministro sobre la recarga horaria que implica la puesta en marcha del nuevo dispositivo de seguridad. El ministro mira con extrañeza y responde una generalidad. Le cuento que un grupo de policías acababa de pedir que se invierta más en capital humano, lo que significa entre otras cosas más horas de descanso y mejores salarios. Massei ya no sonríe.

- No tengo conocimiento de eso. Nosotros estamos permanentemente en contacto con nuestros oficiales y suboficiales así que vamos a dialogar con ellos y vamos a hacer lo que más convenga.

No le creo.

Después llega Daniel Alejo Paredes, el joven jefe policial, a quien le traslado el mismo interrogante. Primero me responde otra cosa, que el horario de trabajo más fuerte será por la tarde; luego le exijo precisión sobre la cantidad de horas y me dice que no la tiene; pero al término del acto, desmiente que el esquema sea de diecisiete horas de servicio por veinticuatro de descanso. Insisto por más precisión pero no la tiene.



En el momento que Paredes responde es asediado por reclamos de seguridad de distintas personas. Aunque algunos lo saludan y lo alientan: "Fuerza, siga adelante", le dice un señor y le da un apretón de manos. Pero también aparece una señora que se queja por la inseguridad espantosa que sufren en Los Robles, un barrio de policías. "No podemos salir de nuestras casas", le dice la señora a Paredes. El jefe la alecciona ("La seguridad es un problema de todos", le dice) y amablemente le pide que ellas y los vecinos formulen la denuncia en la institución. La señora se enfurece y queda hablando sola, y desconfiada, se rehúsa darme el nombre. "No ves cómo escuchan", me dice, temiendo una represalia de los subordinados por interceder ante el jefe.



Me quedo con la última frase del cura de la parroquia María Auxiliadora que dio la bendición en el acto: "Pido a Dios que nos ampare".

12/5/07
Descanso /

Descanso

El descanso viene acompañado del ejercicio genuino del derecho a celebrar su inicio, luego de revisar logros obtenidos y para poder empezar un nuevo año con remozados ánimos. "Debe ser fantástico comenzarlo con nuestro interior barrido cuidadosamente .... El suelo limpio, prolijo en su pobreza, pero fresco y acogedor, en la sencilla y sincera visión de nuestras limitaciones reales y no de nuestros pretextos". Se viene la pausa anual y el periodista ciudadano reflexiona sobre la mejor forma de comenzarla.


Ernesto Guillermo Abril.

Desde los albores, se reconoce al descanso como una necesidad.

Obviamente, se trata de un reclamo natural ligado directamente a la posibilidad de recuperar capacidades, disminuidas o afectadas, por el desgaste.

A partir de este razonamiento lógico, comienzan a surgir expresiones como la de "un descanso reparador". Y tal descanso viene ineludiblemente acompañado del ejercicio genuino del derecho a celebrar su inicio, luego de haber participado de un esfuerzo y a la vista sanamente orgullosa de los logros obtenidos.

Pero malsanas costumbres de este siglo XX cambalache, y sin que esto signifique restringir las cosas a nuestra época, nos lleva necesariamente a detenernos y a meditar acerca de lo que se nos propone como una celebración cuando, en realidad, no hay siquiera qué conmemorar.

Se entiende que la celebración es festiva y la conmemoración no tiene porqué serlo (no se celebra sino que se conmemora la muerte de un prócer, por ejemplo). A la vista de las cosas, a veces podemos preguntarnos si en lugar de celebrar el año transcurrido, sea por el esfuerzo aplicado como por los logros alcanzados, no se debería en cambio conmemorar la fecha en que esto ocurrió la última vez. Y muchas veces no sólo parece que fue hace mucho.

La fecha invita al balance y al festejo, pero estamos hablando de lo genuino de la cosa, del derecho a celebrar o a conmemorar algo que realmente haya ocurrido.

Hasta aquí lo que podría surgir espontáneamente a partir de la observación, pero para no complicar las cosas, o dar oportunidad a los malos pensamientos o a los prejuicios, podríamos centrarnos sólo en lo que un enemigo mío me reclama frecuentemente: eso tiene que analizarlo cada uno, sin fijarse en los otros.

Y una y otra vez uno lo ensaya. Realmente trato de hacerlo pero me es tentador mirar al otro, así sea tan sólo a través del rabillo.

Debe ser que no me sale muy bien porque, si bien un fin de año arrastra el inevitable análisis y recuento de lo personal, pocas veces el proceso tiene la posibilidad de asumir el papel de reflexión personal. ¿Será que la sidra o el ruido no le dejan tomar forma?

Como estamos dentro de la fecha "mágica" del perdón y de la disculpa -la Navidad- tal vez podamos hacer paz sobre nosotros mismos y llegar a analizar objetivamente lo hecho y lo logrado. Pero no ha de ser para hacer un mísero inventario. Sería muy bueno poder contrastar las capacidades propias frente a las intenciones, la voluntad y el esfuerzo invertidos. Podríamos medir finalmente la distancia entre unos y otros. Sería entonces propicia la oportunidad para fijar metas serias y valiosas, a la luz de posibilidades ciertas, y poder comenzar un nuevo año con remozados ánimos.

Debe ser fantástico comenzarlo con nuestro interior barrido cuidadosamente, sin apuros, aunque el piso sea de tierra, como el de Don Brito. El suelo limpio, prolijo en su pobreza, pero fresco y acogedor, en la sencilla y sincera visión de nuestras limitaciones reales, y no de nuestros pretextos.
Buen punto de partida para también medir las deudas para con los otros, así como las que tanto postergamos por la sencilla razón de ser las que tenemos para con nosotros mismos.

Tal vez no sea mala la idea de reflexionar a la luz de la santa inocencia que nos propone un 28 de diciembre como el de hoy.

No sería tal vez desubicado pensarnos por un momento con las potencialidades interiores a pleno que significa de hecho procurar las tantas veces ridiculizada inocencia.

¿Qué gran diferencia acarrearía acompañar con lucidez profunda la viveza que ponemos en práctica cada año en esta fecha para sorprender a los otros con la famosa broma de costumbre?

Cautivados por la sorpresa de encontrarnos libres en tal situación, podríamos quizá servir de humilde pero útil mojón al mostrarnos simplemente culpables en lo que corresponda, arrepentidos en lo que hayamos ofendido y comprometidos en la reparación del daño que hubiésemos hecho.

Buena forma de comenzar un merecido descanso.

Sería todo un detalle que, nada menos que nosotros, desde la miseria que fuésemos capaces de reconocer, estemos haciendo acto de presencia en el altar del tiempo para reclamar sin piquetes que la inocencia ¡valga!

30/12/07

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Descanso

Descanso. (A los pies del edificio municipal y bajo la sombra de los árboles del Paseo Sobremonte, un señor descansa simétrica y prolijamente con su bolso como almohada. A su lado, una palomita quiere hacerse amiga) Foto Analía Reineri.

 

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