







Obviamente, se trata de un reclamo natural ligado directamente a la posibilidad de recuperar capacidades, disminuidas o afectadas, por el desgaste.
A partir de este razonamiento lógico, comienzan a surgir expresiones como la de "un descanso reparador". Y tal descanso viene ineludiblemente acompañado del ejercicio genuino del derecho a celebrar su inicio, luego de haber participado de un esfuerzo y a la vista sanamente orgullosa de los logros obtenidos.
Pero malsanas costumbres de este siglo XX cambalache, y sin que esto signifique restringir las cosas a nuestra época, nos lleva necesariamente a detenernos y a meditar acerca de lo que se nos propone como una celebración cuando, en realidad, no hay siquiera qué conmemorar.
Se entiende que la celebración es festiva y la conmemoración no tiene porqué serlo (no se celebra sino que se conmemora la muerte de un prócer, por ejemplo). A la vista de las cosas, a veces podemos preguntarnos si en lugar de celebrar el año transcurrido, sea por el esfuerzo aplicado como por los logros alcanzados, no se debería en cambio conmemorar la fecha en que esto ocurrió la última vez. Y muchas veces no sólo parece que fue hace mucho.
La fecha invita al balance y al festejo, pero estamos hablando de lo genuino de la cosa, del derecho a celebrar o a conmemorar algo que realmente haya ocurrido.
Hasta aquí lo que podría surgir espontáneamente a partir de la observación, pero para no complicar las cosas, o dar oportunidad a los malos pensamientos o a los prejuicios, podríamos centrarnos sólo en lo que un enemigo mío me reclama frecuentemente: eso tiene que analizarlo cada uno, sin fijarse en los otros.
Y una y otra vez uno lo ensaya. Realmente trato de hacerlo pero me es tentador mirar al otro, así sea tan sólo a través del rabillo.
Debe ser que no me sale muy bien porque, si bien un fin de año arrastra el inevitable análisis y recuento de lo personal, pocas veces el proceso tiene la posibilidad de asumir el papel de reflexión personal. ¿Será que la sidra o el ruido no le dejan tomar forma?
Como estamos dentro de la fecha "mágica" del perdón y de la disculpa -la Navidad- tal vez podamos hacer paz sobre nosotros mismos y llegar a analizar objetivamente lo hecho y lo logrado. Pero no ha de ser para hacer un mísero inventario. Sería muy bueno poder contrastar las capacidades propias frente a las intenciones, la voluntad y el esfuerzo invertidos. Podríamos medir finalmente la distancia entre unos y otros. Sería entonces propicia la oportunidad para fijar metas serias y valiosas, a la luz de posibilidades ciertas, y poder comenzar un nuevo año con remozados ánimos.
Debe ser fantástico comenzarlo con nuestro interior barrido cuidadosamente, sin apuros, aunque el piso sea de tierra, como el de Don Brito. El suelo limpio, prolijo en su pobreza, pero fresco y acogedor, en la sencilla y sincera visión de nuestras limitaciones reales, y no de nuestros pretextos.
Buen punto de partida para también medir las deudas para con los otros, así como las que tanto postergamos por la sencilla razón de ser las que tenemos para con nosotros mismos.
Tal vez no sea mala la idea de reflexionar a la luz de la santa inocencia que nos propone un 28 de diciembre como el de hoy.
No sería tal vez desubicado pensarnos por un momento con las potencialidades interiores a pleno que significa de hecho procurar las tantas veces ridiculizada inocencia.
¿Qué gran diferencia acarrearía acompañar con lucidez profunda la viveza que ponemos en práctica cada año en esta fecha para sorprender a los otros con la famosa broma de costumbre?
Cautivados por la sorpresa de encontrarnos libres en tal situación, podríamos quizá servir de humilde pero útil mojón al mostrarnos simplemente culpables en lo que corresponda, arrepentidos en lo que hayamos ofendido y comprometidos en la reparación del daño que hubiésemos hecho.
Buena forma de comenzar un merecido descanso.
Sería todo un detalle que, nada menos que nosotros, desde la miseria que fuésemos capaces de reconocer, estemos haciendo acto de presencia en el altar del tiempo para reclamar sin piquetes que la inocencia ¡valga!
30/12/07

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