Sosperiodista.El testimonio de un joven que compartió pabellón con Mauricio Maldonado y que aceptó hablar con
Sosperiodista bajo la condición de no revelar su nombre, dijo que el joven de barrio Yapeyú habría sido golpeado por personal policial producto de un malentendido ocurrido al segundo día de su ingreso a la Unidad de Contención del Aprehendido (UCA), que funciona en barrio Güemes.
La UCA depende de la Policía de Córdoba y a sus vetustas instalaciones, van a parar los contraventores y supuestos delincuentes en flagrancia que la Policía detiene en la calle.
Maldonado ingresó vivo al edificio de la ex cárcel de Encausados por infringir el Código de Faltas, el 2 de enero y salió en grave estado, el 6 de enero, lo que motivó su internación en el hospital San Roque y su fallecimiento, seis días después. La información oficial, recogida por los medios de fuentes policiales y judiciales, afirma que murió por meningitis. La pregunta es si recibió golpes durante su detención que pudiera derivar en la enfermedad.
Para la familia y su abogada Adriana Aubrit, no hay dudas. En declaraciones formuladas ayer a La Voz del Interior, la letrada afirmó que Maldonado "estaba lacerado, lastimado los brazos, tenía un ojo en compota y el otro amarillo, como si hubiera sido golpeado anteriormente". “Está clarísimo” que esos golpes no fueron producto de las convulsiones de las que habla la Policía, completó Aubrit.
Pero, ahora,
Sosperiodista pudo dar con un testigo cuyos dichos darían verosimilitud a la hipótesis de la golpiza.
Esta persona compartió el Pabellón B con Maldonado y según su relato, dijo que el pibe de barrio Yapeyú habría sido sancionado por un hecho que no cometió.
Resulta que en la noche del 2 enero, desde el interior de una de las celdas, le piden a Maldonado (que limpiaba el pasillo junto a otro interno) que consiga fuego. “El pibe se va a la zona de los baños, se escuchan unos gritos y no volvió más. Al otro día, cuando nos sacaron de las celdas, el comentario era que los guardias pensaron que Maldonado se estaba peleando con otro y, en represalia, lo encerraron en la celda de abajo. Dicen que lo retiraron del pabellón desmayado junto a otros dos y que lo llevaron al médico”, contó el testigo.

La celda está en planta baja y funcionaría con las características de un calabozo. Allí serían encerrados los que se comportan mal. “A los dos días (sería el 4 de enero) yo bajé al lugar y me levantó la vista cuando pasaba. Lo vi con un ojo machucado, como si le hubieran pegado. Estaba tirado en el piso, como durmiendo”, confesó el joven, que se puso pálido cuando vio el rostro de Mauricio en Canal 8.
Horas antes, nos habíamos comunicado telefónicamente con el director del Departamento Alcaidía (así se la conoce a la UCA), comisario Pedro López, que hizo un relato casi telegráfico de los hechos.
“El sujeto ingresó por merodeo y negativa de identificación. A la tarde, solicita ver al médico por una crisis histérica, nerviosa. Se lo medica y el personal médico manifiesta que está en condiciones de seguir alojado. Al día siguiente, se lo lleva al neurólogo, que solicita la realización de estudios complementarios, y como son análisis que no hacemos, se lo entrega a sus padres”.
El comisario sorprendió al admitir que “aquí se lo medicó. A lo mejor (los medicamentos suministrados) no fueron los adecuados y nadie se imaginó que era una meningitis lo que estaba incubando”.
¿Cómo se explica que recién al cuarto día de detención se decida el traslado de una persona que, según la Policía, desde el primer día evidenciaba crisis nerviosas, propias de un epiléptico, y un cuadro de meningitis? Si a esto sumamos la presunta golpiza, la salud de Maldonado estaba rodeada.
Tampoco debe pasarse por alto las inhumanas condiciones de detención que seguirían sufriendo los internos. El recurso de habeas corpus presentado por el Defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino, para mejorar esas condiciones aún no ha logrado conmover a las autoridades provinciales pese al tiempo transcurrido desde esa presentación, ya cuatro meses.
El domingo, La Voz indicó que el recurso “motivó que desde la Policía, el Ministerio de Gobierno y la Fiscalía General se dieran instrucciones específicas para mejorar esas condiciones”. Si se dieron, sus destinatarios la ignoraron, porque algunos de los que pasaron recientemente por el lugar, aseguran que todo sigue como entonces.
Así lo corroboraron tres jóvenes que ayer fueron a firmar para quedar liberados de culpa y cargo tras pasar por la UCA y hablaron con nosotros. Dijeron que los internos siguen durmiendo en el piso, hacinados en grupos de ocho o nueve en celdas de tres por tres, sobre colchonetas finas y mugrientas o sin ellas, con un pozo que hace de letrina para hacer sus necesidades a la vista de todos, porque a los baños no se puede ingresar por el olor a excremento y orina; y con chinches verdes (también pulgas) que pican de noche y dejan el lomo lleno de ronchas y granos. “Apestoso todo”, dijeron.
Consultado sobre los problemas más frecuentes de salud de los internos, el comisario López dijo que es frecuente que pidan asistencia médica al presentar “cuadros como diarrea y vómitos”. ¿Tendrá alguna relación con la situación que describen los jóvenes?
“De ocho a 13 horas, te sacan de las celdas para desayunar y almorzar, luego te guardan hasta las 18, y a las 22, te vuelven a encerrar hasta el otro día”, cuenta un joven, al que no dejaron firmar porque concurrió a hacerlo en bermudas. Otro estaba con la mamá y cuando ésta quiso entrar, una policía le puso la mano en el pecho. “Usted no”, le dijo.
En el viejo edificio de barrio Güemes, los familiares no entran. Sólo pueden hacerlo los empleados, los internos y los abogados; aunque, en realidad, son pocos los que están en condiciones de pagar 300, 500 o más pesos en honorarios, para acelerar la salida.
Uno de los jóvenes contó que la tercera vez que cayó, se “comió” 11 días por una contravención porque “debía firmas”. Es así, no firmar equivale a sumar días de detención en contra para el futuro. Los que entran, no saben exactamente cuándo van a salir, pues el Código de Faltas vigente, estimula los comportamientos más arbitrarios.
Reparemos, por un momento, en el artículo 86, sobre la insólita figura del Merodeo: “Serán sancionados con multa de hasta cinco Unidades de Multa (5 UM) o arresto hasta cinco (5) días, los que merodearen edificios o vehículos, establecimientos agrícolas, ganaderos, forestales o mineros, o permanecieran en las inmediaciones de ellos en actitud sospechosa, sin una razón atendible, según las circunstancias del caso, o provocando intranquilidad entre sus propietarios, moradores, transeúntes o vecinos”.
Ayer, a un chico que fue a pedir un certificado para justificar sus días de ausencia en el trabajo, le indicaron que antes debían pintarle los dedos porque no existía su ficha. “Mirá si me voy a dejar pintar por pedir un certificado”. A otro, que firmó, le advirtieron que no vuelva antes del año, porque tendrá que “comerse” varios días. Y a otro, denunció que cuando lo detuvieron, le hicieron figurar en la planilla que sólo presentaba “portadocumento” cuando les había mostrado el DNI.
Los protagonistas de estas historias se niegan a identificarse porque eso supone ser perseguidos. Pero son reales, de carne y hueso, y son los que todas las tardes golpean la ventanita del portón de acero de la UCA para decir: “Vengo por la firma”. Son cientos.
15/1/08