Jorge Cáceres.La hegemonía de la vertiente neoliberal de la economía de mercado influye en todos los ámbitos, no sólo en el económico de donde presuntamente surge, sino también en el político, social y cultural.
Su influjo, interviene también en un campo tan específico como la "salud mental" de la población. Esta incidencia se da en los discursos o en las llamadas actitudes, comportamientos, costumbres, formas de vida, objetivos, fantasías, deseos, angustias, etc., de los individuos de su tiempo, es decir en la psiquis y su lógica, de los llamados sujetos, con todo lo que esto implica de sujetación.
Sin embargo, las importantes y fundamentales críticas que constantemente se hacen al modelo hegemónico neoliberal se limitan a sus efectos señalados, sin hacerlo o ligarlo a un terreno que en definitiva es primordial de todo lo que interviene sobre el ser humano: la subjetividad, la "salud mental" y el trabajo.
En los últimos años, debido a lo que se dio en llamar
precarización laboral, en organismos internacionales y países desarrollados
se ha incrementado considerablemente el reconocimiento de los riesgos psicosociales en la afectación de la salud de la población trabajadora.
El trabajo es considerado vital para hombres y mujeres en todas las partes del mundo, concierne a todos los seres humanos, ya sea que estén desempleados, subempleados o sobrecargados de trabajo; afectando el entorno social y físico del trabajo, la pérdida del mismo, y el nivel de seguridad con el que han de poder contar cuando no puedan trabajar.
Ahora bien, las relaciones que se dan dentro del mundo laboral son de la más variada gama: confraternidad, compañerismo, competencia, y hasta violencia, que no siempre es física.
Un informe elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de las Naciones Unidas revela que la
Argentina es uno de los países más afectados por lo que en el derecho moderno se conoce como “violencia laboral”. Aunque no existe una definición unánime, se considera “violencia laboral” a una variedad de actos que atenta contra la dignidad del trabajador; comprenden no sólo la agresión física, sino también las conductas verbales amenazantes, intimidatorias, abusivas o acosantes.
Los actos constitutivos de violencia laboral “provocan una alteración inmediata y a menudo duradera en las relaciones interpersonales, la organización del trabajo y el entorno laboral en su conjunto”, con costos directos en el ámbito de la seguridad, e indirectos que condicionan “la eficiencia y la productividad”.
El trabajo elaborado por el organismo de la ONU en 1998 ubicó a la Argentina junto con Francia, Rumania, Canadá e Inglaterra como los países que registran tasas más elevadas de agresiones y acoso en el trabajo. Los actos de violencia laboral sobre las mujeres alcanzan el índice mayor.
A pesar de ello, en nuestro país aún no es posible identificar estrategias concretas para atender las repercusiones que la tensión excesiva en algunas condiciones laborales, genera en la salud de los trabajadores. Es decir, se admite la nocividad que ciertas condiciones (contratos basura, temporarios) o tipos de trabajo ocasionan en los sujetos, pero se carece de programas de atención y prevención ante esta manifestación mórbida, o se intenta solamente estudios sin la participación de los sectores involucrados en este problema.

Un problema específico de violencia laboral es el denominado mobbing u hostigamiento psicológico en el trabajo. El mobbing, es un término usado para indicar la situación en la que una persona o grupo ejerce violencia psicológica extrema y sistemática (al menos una vez por semana durante más de 6 meses) sobre otra persona en el ámbito laboral.
Las formas en que se produce este hostigamiento son muy variadas, depende de cada situación, pero podemos clasificarlas en tres grupos:
Conductas tendientes a conseguir la
desacreditación profesional, por ejemplo, rebajar a la persona asignándole trabajos por debajo de su capacidad profesional o sus competencias habituales; abrumar con una carga de trabajo insoportable con vistas a agobiar a la persona; evaluar su trabajo de manera inequitativa o de forma sesgada; dejar a la persona sin ningún trabajo que hacer, ni siquiera a iniciativa propia; amenazar a la persona con usar instrumentos disciplinarios contra ella (rescisión de contrato, sumarios, despido, traslados forzosos, etc.).
Conductas dirigidas a
socavar la reputación y la dignidad personal, por ejemplo, menospreciar o menoscabar personal o profesionalmente a la persona; realización de comentarios calumniosos o injuriosos; difusión de rumores; ridiculización de gestos, posturas, voz, vida privada, orígenes o nacionalidad, creencias políticas o religiosas; atribución de supuestas enfermedades físicas o mentales.
Conductas de uso perverso de la comunicación y de las relaciones sociales, por ejemplo, restringir las posibilidades de comunicarse, hablar o reunirse con el superior; ningunear, ignorar, excluir, hacer el vacío, fingir no verle o hacerle “invisible”; interrumpir continuamente impidiendo expresarse y avasallando a la persona; humillar, despreciar o minusvalorar en público a la persona ante colegas o ante terceros; chillar, gritar o elevar la voz con vistas a intimidar; amenazas verbales, escritas o mediante llamadas telefónicas; prohibir a otros trabajadores hablar con la persona; asignar un puesto de trabajo aislado, sin contacto con otras personas.
Los
efectos son variados pero podemos clasificarlos en:
Trastornos físicos, entre otros síntomas, produce dolores de espalda, musculares y articulares, irritabilidad, depresividad, cefaleas, alteraciones del sueño, falta de concentración, estrés. Un 5% ha pensado en el suicidio como última solución al problema.
Trastornos psicológicos, la sintomatología puede presentarse como síndrome de estrés postraumático, síndrome por coacción continuada, crisis nerviosas, síndrome de fatiga crónica, hipervigilancia o síndrome de “burn-out” (también conocido como
síndrome del quemado).
Los trastornos relacionales, aparecen como daños colaterales y suponen deterioro de las relaciones de pareja o aislamiento familiar y social.
Y por último
trastornos económicos, se producen como consecuencia de las disminuciones de ingresos producidas por las continuas bajas, traslados, pérdida y dificultad para encontrar empleo, pago de procesos litigiosos.
Las víctimas. Casi unánimemente la literatura específica del tema afirma que las personas acosadas se ajustan al perfil de trabajadores de excelencia, que destacan sobre los demás, muy bien valorados, cumplidores, creativos, con un elevado nivel de ética, alta capacitación profesional y populares entre sus compañeros, que no se dejan manipular, son solidarias con los demás, que se han negado a participar en acciones ilícitas o chanchullos, honradas y dignas de confianza, con una rica vida social y/o profesional que provoca envidia entre sus jefes o es visualizado como “peligroso”, es decir, los mejores de entre los recursos humanos de la organización.
Además,
tiene más incidencia entre los trabajadores eventuales o contratados que entre los fijos y es más frecuente en la Administración Pública, que en la empresa privada y dentro de ésta, aparece con más frecuencia en el sector terciario (servicios) que en el secundario (producción).
Quienes la ejercen. La bibliografía describe a los
acosadores como personas inoperantes, mediocres en su trabajo, manipuladoras, extremadamente desconfiadas, inseguras y malévolas que denigran al acosado para defender su propio estatus o “espacio”, fenomenológicamente dicen que suelen tener personalidades psicopáticas, con trastornos paranoides y muy narcisistas, fuertes complejos de inferioridad y necesitan de tres factores sin los cuales no pueden actuar: el secreto, la vergüenza de la víctima y los testigos mudos.
El entorno. Por lo que respecta a los compañeros de la víctima, en un intento de quedar al margen ante un eventual efecto bumerán, tienden a pensar "algo habrá hecho; a mí nunca me ocurriría pues soy un trabajador cumplidor y una buena persona". Al usar este mecanismo de defensa, los que en un principio eran neutrales, se transforman en cooperadores necesarios, tácitos consentidores o testigos mudos de los malos tratos que presencian en el trabajo, con lo que el acosador ha conseguido uno de sus objetivos.
Por otro lado,
el ámbito en el que se propaga suele ser de organización rígida, altamente burocratizada, con una sobrecarga cuantitativa de trabajo o un déficit en la calidad o enriquecimiento de las tareas a realizar; asimismo, aquellas en las que suelen existir situaciones no éticas que las víctimas no aceptan o con las que se resisten a colaborar; también las que contemplan y fomentan entre sus valores preeminentes la competitividad y el autoritarismo, donde vale todo; o son simplemente organizaciones con ambientes de elevada inseguridad personal y desconfianza que favorecen un ecosistema de depredación.
Regulación Legal. Al
no estar contemplada en ninguna norma la protección contra la violencia psicológica en el trabajo, el principio general sobre el cual debe basarse la búsqueda de la relación indirecta es el de la dignidad.
Esta violencia laboral ejercida contra los trabajadores cuenta con la complicidad del entorno laboral y de las autoridades que debieran regular las condiciones de trabajo. El nivel de exigencias de sumisión toma como pilar la desocupación y la excesiva precarización en las relaciones laborales.
Hoy tomar conciencia,
animarnos a denunciar estos casos ayuda no sólo a la dignidad, a la mejora de las condiciones laborales, sino también a la eficacia y eficiencia de la organización. Lamentablemente la salud de los trabajadores no está en la agenda del gobierno y excepcionalmente en los sindicatos, queda mucho camino por andar pero hay que comenzar.
Nota del autor: Scialpi Diana (2002). La violencia laboral en la administración República Argentina
Revista Venezolana de Gerencia (RVG) Año 7. Nº 18, 196-219. Universidad del Zulia (LUZ). www.arq.luz.ve/rvg.
Scialpi, Diana (2005). La destrucción personal institucionalizada. Le Monde Diplomatique 67.
Nota de Sosperiodista: el autor es licenciado en Psicología.
Imagen central: www.uchile.cl
Imagen en la nota: losrecursoshumanos.com
28/08/06
Aníbal Camarasa
Es un gran tema el de las nuevas relaciones laborales y las consecutivas nuevas formas de angustia que generan. La legislación española ya incorpora al "mobbing" como lesivo de la integridad de los trabajadores.
Sin embargo me parece desaconsejable engancharse en la línea médico- psicológica de análisis de estos problemas. Esta manera de abordar estos problemas viene del "Norte Grande".
En realidad cualquier análisis muestra que no hay nuevas enfermedades (que justificarían el abordaje médico-psiquiátrico). Las enfermedades son las mismas: Neurosis de angustia, depresiones, despersonalización, etc. Lo novedoso es que ocurran casi sistemáticamente, en el marco de las nuevas condiciones de trabajo.
Y estas nuevas condiciones no son ajenas al nuevo escenario de despliegue del capitalismo mundial triunfante. Que han arrastrado a una nueva concepción de trabajo.
Desde el aspecto despreciable, que lo acercaba a la condición animal, en tanto satisfactor de necesidades elementales, relegado a los esclavos, en la Grecia Clásica, pasó en la edad media al saber de los artesanos, celosos guardadores de los secretos de su oficio y fue exaltado por la refoma protestante como medio de ser grato a Dios, cumpliendo la penitencia merecida por el hombre al expulsarse del Edén por su desobediencia y alejándolo de las tentaciones del maligno. "las manos ociosas hacen el trabajo del Diablo"
La Revolución Francesa impone, paulatinamente su visión de Igualdad, Libertad Fraternidad, funcional a la libertad de trabajo que requería la Revolución Industrial y su avance arrollador.
El último Capitalismo, el de la segunda mitad del XX , tras batir a su adversario, el socialismo real, impone por sobre todo la libertad de mercado. La nueva sociedad de la informacion, sociedad de la tecnología, sociedad del conocimiento, es el nuevo capitalismo que ya no necesita ejércitos de obreros sino sólo puñados de mano de obra muy capacitada para controlar procesos robotizados. El resto de la gente tiene que quedarse afuera y sobrevivir o vivir bien si tienen suerte, en los servicios, o en las economías marginales de la delincuencia.
Son esas las condiciones que imponen la precarización laboral.
Y no requieren respuestas psico expertas sino actitudes cívicas nuevas. Concepciones nuevas de la política. Direcciones nuevas de orientación del desarrollo humano.
En cualquier caso compromiso político de cada actor ciudadano. (no aspiraciones a particiipar del presupuesto público, sino de la decisión estatal).
Conviene tener esto en cuenta.
sonia
No en todos los puntos pero en muchos me siento identificada,el unico camino que encuentro es el buscarme otro empleo a pesar de los 8 anos que estoy trabajando en el empleo actual.Soy una buen empleada,no me merezco exceso de trabajo,falta de valorizacion ,no me gusta "ser un numero nada mas "
Adriana
Me gustaría saber más sobre el tema de el sindrome de la cabeza quemada, ya que tengo una tía que pasó por todas estas etapas y hoy está internada en una cama muy mal físicamente y no le encuentran nada, la preocupación es mucha pero a pesar de que le han hecho todos los estudios habidos y por haber, no hay diagnóstico. Podrías informarme si solo se da la enfermedad psicológica o también afecta al físico? Ella está internada en el Hospital Italiano de Buenos Aires, desde ya muchas gracias por la información. Saludos
Morales Maria Cristina
Soy agente judicial,tambien sufro de violencia laboral y estoy en los ultimos tramos de presentar una denuncia.En la Constitucion de la Ciudad de Bs.As.existe una ley aprobada sobre este tema.Mi idea es comunicarme con todos aquellos que sufren lo mismo que yo para presentar una nota a los senadores,para, que den la media sancion,que falta pra convertir en ley, el proyecto aprobado en diputados.Tengo la esperanza que si,se juntan muchas firmas,se trate la ley de una vez por todas.Si esto le sirve a alguien,tienen mi mail donde comunicarse.Desde ya gracias por su atencion.Un saludo cordial.MARIA CRISTINA.
eduardo
inicie un sumario adminstrativo a mi supervisora es el segundo que tiene por explote despues de casi 20 años de constante hostigamiento maltrado cuando escuche que le preguntaba a mi compañero de turno a que hora habia llegado yo. siendo ella la que tiene que controlar el horario de entrada siempre me nego horas extra y permisos de cambio de turno por estudio ahora esta en victima y con el personal a su favor atte cuando sepa como se resuelve informo me la veo complicada yo sali de testigo en el sumario anterior
liliana
Soy directora de una escuela rural, por consiguiente tengo alumnos a cargo,y mi tarea directiva debo realizarla en contraturno. Por consiguiente, trabajo ocho horas diarias y cobro el sueldo de cuatro horas. Desde hace más de dos años estoy padeciendo el hostigamiento laboral de mis superiores con toda clase de malos tratos, amenazas, etc., etc. Hablando con colegas pude saber que ellas también estaban sufiendo los mismo, les propuse unirnos y denunciar, pero nadie lo hizo. La gente tiene miedo o, en la vorágine en la que estamos sumergidos, avanzamos por inercia hasta que, como me pasa en este momento, caemos porque nuestra mente y nuestro cuerpo no dan más!!!
Desde hace veinte días estoy alejada de mis tareas laborales y con tratamientos: psiquiátrico, psicológico, endocrinológico, etc., y podría haber sido mucho peor... Mientras tanto, nadie se hace cargo de nada, porque el problema es mío.Los "superiores" siguen en sus funciones y los gremios docentes, ante los cuales expuse mi problemática, siguen "anestesiados".
Quizás éste sea un medio para encontrar otras personas en situaciones similares, y poder encontrar la respuesta a tantos interrogantes, o al menos a éste: ¿ES ESTA LA DESTRUCCIÓN DE LA ESCUELA PÚBLICA DESDE EL MISMO SISTEMA EDUCATIVO?
¡MUCHAS GRACIAS!
LILI