
Yanina Malissia.
Toda “noticia” tiene un presupuesto de hecho que le sirve de base, un hecho concreto de la vida real que llega a los medios de comunicación y alcanza notoriedad. De todos los hechos policiales que ocurren a diario sólo algunos se transforman en noticia y los menos permanecen en los medios durante varios días. Otros van decayendo y finalmente desaparecen.
¿Se resuelven? No, simplemente salen de la “agenda de los medios” ¿Por qué sucede esto? Dicen los textos de periodismo que una noticia “pega” en la gente, le interesa y la busca cuando provoca identificación, cuando uno siente que le afecta o le puede afectar de alguna forma. Si no es así la noticia se cae.
Dicen por su parte los sociólogos, que en todo hecho social relevante es necesario mirar que se encuentra debajo del mismo, en forma latente, el “porqué” una noticia provoca una reacción importante en la sociedad y otras no.
La pregunta en concreto es ¿por qué estamos todos tan pendientes de una noticia cuyos principales detalles pertenecen al ámbito de la vida privada de las personas? Muchos dicen que sucede así porque el público es “morboso” y le gustan las noticias escabrosas, escandalosas.
Los medios de comunicación, que todo el tiempo le “toman el pulso” a la opinión pública captan este interés y responden en consecuencia: van al lugar, persiguen a los implicados y, en cámara, se desesperan por los detalles y por conseguir información para darle de comer a ese público “morboso” y ávido.
Otra respuesta simplificada es que los periodistas son “buitres” que se alimentan de la miseria humana, desinteresados del respeto a la intimidad de las personas y de los tiempos lógicos de la justicia para resolver los casos, solo quieren datos (aunque surjan de rumores de verdulería) e imágenes para alimentar al coloso hambriento.
¿Cuál de las dos respuestas se acerca más a la realidad? Ambas sin duda. Y entonces nos damos cuenta que, otra vez, es casi imposible responder la pregunta sobre quién alimenta a quien.
Pero podemos probar: los medios reconocen cuando una noticia tiene todos los ingredientes para convertirse en una fantástica novela de verano y esta noticia lo es, hay intrigas, infidelidad, traiciones, cofradías y muerte. Sin duda la decisión de llevar la noticia a primera plana es de los medios, ellos tiran el anzuelo. Pero no alcanza, si la opinión pública no “pica” la noticia se desbarranca. Y en este caso (como en muchos otros memorables) “picó”.
A partir de allí todo se mezcla: el público ya no sabe si quiere ver o no la noticia, no tiene opción, está en todos los medios y a toda hora. Pero además todos las comentan y, como en todo chisme o rumor que circula en un grupo, todos quieren tener información para comentar, para opinar, para juzgar.
Pero el verdadero interés de los medios y de la opinión pública no parece estar sólo en saber quién la mató, porque para saber eso es necesario que la fiscalía y la policía investiguen, que haya una acusación y que finalmente la justicia juzgue y condene al culpable. Y para conocer esa respuesta falta necesariamente mucho tiempo.

Los datos que nos morimos por conocer son ¿Cuántos amantes tenía Nora?,¿Qué ocultan las amigas?¿Qué piensa y que siente el viudo?¿Cuántos amigos de la pareja se acostaron con la víctima?... Todas cuestiones que en realidad pertenecen a la vida íntima de las personas, en este caso de la intimidad de la familia Dalmasso – Macarrón.
Y entonces ¿por qué nos interesa tanto? La respuesta que me surge desde el punto de vista sociológico es tan posible como patética. Posiblemente hay, en cierta gente, un regodeo malsano de sentir que un profesional conocido y sin problemas económicos como Macarrón es además un marido engañado por su mujer y traicionado por sus amigos, al menos por uno de ellos, y así les incomoda menos su propia mediocridad.
Quizás a muchos en Río Cuarto le molestaba que una mujer de cincuenta años como Nora Dalmasso fuese aún una mujer bella, atractiva (algunos dicen que la apodaban “La Regia”) y además rica y afortunada. A lo mejor queremos creer que Nora fue víctima de un homicida por su (supuesta) vida desenfrenada y entonces nos sentimos a salvo porque no llevamos ese estilo de vida.
Quizás pensamos que ese laberinto de intrigas, traiciones e infidelidades sólo ocurren en los “countries” y a la gente adinerada, que vive una vida aparentemente fácil y cómoda. Tal vez el desenlace de esta historia asusta a quienes efectivamente engañan a su pareja y creen poder llevar cómodamente la mentira.
Y es posible que nos preguntemos ¿qué haría yo si fuera el marido engañado, o el amigo que traiciona? ¿Qué haría si se trata de mi amiga? ¿Protegería su honra? ¿Cómo reaccionaría si, antes de que la justicia me llame mi nombre circule de boca en boca sobre la base de un rumor callejero? ¿Saldría a responderlos para salvar mi honor? ¿Serviría de algo hacerlo?
Los más reflexivos se preguntarán también ¿qué haría yo si (como el viudo y su familia) estuviera pasando por una situación tan dolorosa y fuera además sometido al acoso de la prensa? ¿Cómo me sentiría de saber que soy el centro de los más disparatados rumores pueblerinos?
Yo personalmente creo que me enojaría muchísimo con los periodistas si no me dejaran llorar mi pérdida en paz, y le exigiría a la justicia que no deje trascender detalles tan dolorosos para mis hijos, a los que seguramente querría proteger porque, al final de todo, su mamá murió asesinada y esa tragedia los acompañará toda la vida.
Si estas hipotéticas preguntas que planteo son posibles entonces pareciera justificable el interés público, ya no se trata solo del “morbo”, hay algo más, siempre hay algo más. Fenómenos sociológicos como este podría ser el espacio para que los periodistas ocuparan su lugar de “formadores de opinión” y no sólo de “transmisores profesionales de chismes” y explicaran a la opinión pública como se investiga este tipo de casos, qué pasos se siguen e hicieran hincapié en dos trillados pero imprescindibles postulados constitucionales: “Toda persona es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad”, y “Nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias y abusivas en su vida privada, en la de su familia... ni de ataques ilegales a su honra o reputación” tal como reza el artículo 11 del Pacto de San José de Costa Rica que en nuestro país vale tanto como la Constitución Nacional. Y así todos aprenderíamos un poco más sobre el funcionamiento de la justicia (un viejo anhelo de los juristas y funcionarios judiciales).
Podría ser también el lugar desde el cual, como sociedad, revisáramos nuestros propios valores, nos pusiéramos por un segundo en lugar de las otras víctimas (el viudo, los hijos, los familiares de Nora, los allegados mencionados, los mencionados porque sí) y decidiéramos que la intimidad de las personas es un bien a proteger, no a invadir. Porque la conducta social es algo que construimos todos, todos los días, es lo que aprendimos como hijos, es lo que enseñamos como padres y es lo que finalmente los medios de comunicación reflejan, al menos en parte.
¿Quién fue primero entonces? La verdad es que no importa. Lo que importa es, como sociedad y como personas, que hacemos con el huevo y la gallina una vez que existen.
(foto principal del sitio phototheque.bordeaux-bs.edu; foto de nora dalmasso, Perfil)
09/11/06
Recomendar esta notaCreo que en la vida caminamos al filo de una navaja, con mucho equilibrio, puede existir el momento en que nos bandeamos, el asunto es caer en un lugar sin daños, lo contrario ya sabemos, los que nos pasa. En cuanto al papel de los medios, creo que es natural, la noticia genera negocios, para ello estan, de eso viven, en cuanto a los limites del mismo esta en la ideología que los impulsa. En el publico en general este tipo de hechos provoca la CURIOSIDAD, que los saca del aburrimiento y abombamiento cotidiano. Bueno en definitiva es todo un tema para conversar, comunicarse, discutir, etc. En definitiva nadie se acuerda del muerto, solo es un tema de conversación, tampoco les importa la familia y el dolor que pueden provocar en los mismos, total ni los conocen,, no los tienen cerca.
La periodista ciudadana efectúa un abordaje integral del caso judicial de la ciudad de Río Cuarto, desde la mirada de las ciencias sociales, el derecho, la sociología, las ciencias de la información y la psicología social.En primer lugar debemos pensar que hay una víctima, a quien no podemos correr de ese único lugar.Que la Constitución Nacional en el art. 19 establece que las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero , están solo reservadas a Dios y exentas de la autoridad de los magistrados y el Pacto de San José de Costa Rica determina la protección de la honra y la dignidad. Nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada, en la de su familia... Estamos ante la muerte de un ser humano; el Poder Judicial desde la Fiscalía de Instrucción debe llevar adelante una investigación con el procedimiento previsto en el Código Procesal Penal, esto es autopsia, declaraciones testimoniales y todas las pruebas que puedan conducir a determinar quien fue el autor o autores del hecho, en el marco del secreto de sumario. Los medios de prensa captaron en el acto el impacto social y psicológico en la gente, la noticia pegó fuerte. En los espacios sociales cada uno opina sobre la moralidad de la víctima, pareciera que se la condena a morir.Ahora resulta que nosotros los informados estamos envueltos en una halo de moralina y nos repetimos interiormente soy un buen padre de familia, soy una excelente esposa, soy el ejemplo para mis hijos ahora y por toda la eternidad.Que tremenda hipocresía,parece que hoy a partir de este caso judicial descubrimos que existen diversas formas de practicar la sexualidad.Y que la consigna es YO NO FUI, YO NO FUI, pero que no tan solo tiene que ver con la novela de este verano,sino que casi como un culto religioso deseamos volver a las formas tradicionales de la familia. Tal vez el desenlace de esta historia asusta a quienes efectivamente engañan a su pareja y creen poder llevar cómodamente la mentira. Entonces por un tiempo seamos todos "normales", por nuestra mente nunca tuvo vuelo un pensamiento o un deseo diferente.Es un caso paradigmático porque influye en el colectivo social, en las elecciones, en las frustaciones, en la madurez. Se me ocurre pensar que tal vez la víctima podía tener un fuerte sentimiento de soledad, por eso se hace la autopsia psicológica. Tan sólo quienes forman el nudo de esta historia, pueden saber cual es la verdadera historia. Si apuntamos la proa visionaria hacia un ideal, como dice José Ingenieros en el Hombre Mediocre, nuestra vida seguirá latiendo en el sentido que le demos, y será necesario minimizar los detalles que los medios de prensa brindan y maximizar los detalles del protagonismo. BASTA YA de tanta información tergiversada de opinólogos.Tengamos la valentía de afrontar nuestras miserias y además los sueños. Dejemos de hablar de otros, para poner el eje en cada uno. La periodista ciudadana efectúa una crónica brillante, que conduce necesariamente a la reflexión.
Yanina, los periodistas son formadores de opinion en la sociedad antes de dalmasso no un "transmisor de chismes profesional". me parece q ahi tenes errados los tantos. Con respecto al tratamiento de la noticia por parte de los medios ya es excesivo, fuera de lugar, se trata de buscar la novela de turno, pero volviendo al trabajo periodistico pasa tambien por que los profesionales estan bajo el ala de un perfil editorial que les da de comer.
Yanina, te felicito por la nota, realmente me gusto!!!!
hola lei la nota, me encanto, pero queria destacar EL HORROR que mostro america, no tienen derecho alguno de mostrar las fotos de nora muerta, c las piernas abiertas, toda ensangrentada que les pasa?????? como se nota q no es madre de ningun periodista, todo por el rating, por el ser el mejor noticiero. da pena sinceramente , y ni quiero pensar en esa familia...
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