
Jonatan Colombini (Florencio Varela).
“Lo que pasó no es de acá. Es algo que vino de afuera. No hay que olvidarse que el padre de Junior era correntino, no nació en Patagones”, exclamó Eduardo, un taxista que refleja la opinión de muchos de los habitantes de Carmen de Patagones.
Este pequeño pueblito, para recordar, sufrió el “ataque psicótico” de un chico de 15 años al que desde entonces se lo conoce como Junior y que hoy está internado en un instituto de menores, de máxima seguridad, en la zona de La Plata.
El 28 de septiembre de 2004, dejo marcados a todos los alumnos de 1º B de la Escuela Malvinas Argentinas, quienes todavía “tienen pesadillas”.
“Es inconcebible lo que pasó. Yo creo que buena parte de la culpa la tiene el padre (miembro de la Prefectura y dueño del arma utilizada en la masacre), que era un milico, un típico resentido”, vociferó un matrimonio que vivía en Morón y se vino a Carmen de Patagones porque suponía que era “un lugar tranquilo”.
Sorprende la búsqueda incesante de encontrar a un culpable. Si, es obvio que el actor material existe y esta internado, pero todos saben que algo transformó a ese chico en un psicópata, todos saben que nada sale de la nada, pese a que ignoren la dialéctica Cartesiana.
Los padres de hijos heridos se ubican en el rol de las víctimas. Acusan a Júnior, acusan el lugar de procedencia de su familia. La reflexión simplista lleva a convencerse de que los culpables son los “otros”. Yo soy víctima, ergo no tengo nada que ver. Nada más alejado de la realidad, si tomamos a esta como un cúmulo de causalidades. Nada es más erróneo, que culpar a una sola persona del ataque de locura de otra.
Este hecho se podría analizar retomando la teoría del Caos donde “un pequeño aleteo de mariposa en un punto del mundo puede generar un tornado en otra parte”.
A partir de aquí, se podrían transformar todas las víctimas en victimarios, los culpadores en culpados y, en fin, reflexionar sobre la repercusión que generan algunos hechos sociales sobre un chico. Se podría observar la responsabilidad de la sociedad que engendra a un loco. Y así, ubicando un gran espejo frente a todos los que hoy en día culpan a otros, se podrán dar cuenta que ya no hay más “un lugar tranquilo” llamado Carmen de Patagones.
Foto: larazon.com.ar
06/10/06
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