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La Quebrada, el derecho a la tierra y el email /

La Quebrada, el derecho a la tierra y el email

Pocos correos electrónicos han sido tan difundidos como el que refiere al despojo de tierras en La Quebrada de Humahuaca y que lleva circulando al menos dos años. El autor de este artículo reflexiona sobre la compleja situación en la región respecto a quién le corresponden las tierras y por qué. Y dispara: "Un caso es el reclamo de aquellos que están en un terreno fiscal y otra es la postura de todos aquellos que, invocando esa condición “originaria”, se creen con el derecho de que les den un pedazo de tierra que ni siquiera han pisado". El periodista ciudadano grafica un complejo cuadro donde la justicia, la legalidad, la legitimidad y la cultura están en juego.

Oscar Branchesi (Tilcara, Jujuy)

info@cerromorado.com.ar

De los derechos a las tierras. Jujuy, igual que el resto de la región andina, se caracterizó por un sistema de propiedad comunal de las tierras, como pequeños poblados autónomos primero e integrados al Imperio Inca a partir del siglo XV. Efectivizada la conquista española a partir de 1594, pasan a ser “tierras de encomienda” y “mercedes de tierra” (según hayan estado pobladas o no), pero siempre manteniendo la estructura de comunidad, bajo el mando de un “curaca” (denominación local de los caciques).

En la Quebrada de Humahuaca, con la llegada de la independencia, estas tierras comunales pasaron a ser “propiedad pública” y concedidas en enfiteusis (sistema de cesión de bienes raíces a largo plazo o en forma permanente mediante el pago de un canon anual), pero con la especificación de que: “Gozan de preferencia los indíjenas originarios de los terrenos que fueron de comunidad” (Art. 5 del Reglamento Enfitéutico – 16/04/1839). Estas disposiciones posibilitaron que -a diferencia de otras regiones de Argentina- se formara una estructura de pequeñas parcelas que fueron adquiridas por sus ocupantes: en 1883, en el Departamento Tilcara, de 148 propietarios sólo 4 tenían más de tres propiedades (información tomada de “Introducción a la Geografía Histórica de la Quebrada de Humahuaca” – Mirta Ana Seca – U.B.A./F.F.L./Instituto Interdisciplinario Tilcara).

En la Puna Jujeña, en cambio, el dominio de la familia Campero (descendientes del Marques de Yavi) se extendía por una enorme región desde Salinas Grandes de Jujuy hacia el Norte, hasta La Quiaca, Yavi, Santa Victoria Oeste (provincia de Salta) y parte del Sur de Bolivia hasta las cercanías de Tarija.

La Asamblea de 1813 hace caducar el sistema de encomiendas, lo que da lugar a reclamos de las comunidades de Casabindo y Cochinoca que estaban bajo este sistema. La familia Campero argumenta que son tierras en propiedad y continúan con su tenencia. Resumiendo en extremo el problema: los reclamos y las fricciones se van incrementando, hasta que en 1874 se genera un gran alzamiento armado de los aborígenes puneños, que derrotan a las tropas provinciales en la Batalla del Abra de la Cruz, pero que son derrotados en enero de 1875 en la Batalla de Quera (conocida como “la hecatombe de Quera”, por los fusilamientos y persecuciones que se desarrollaron después de la misma).

La repercusión de este alzamiento es tan grande en los medios de comunicación de la época que, a pesar de la derrota (pero acorde con los vaivenes políticos del momento), la Provincia de Jujuy inicia un juicio contra estos terratenientes. Como resultado de esto, las tierras de Casabindo y Cochinoca (Puna Oeste de Jujuy) pasan a manos de la Provincia, la que efectúa algunos loteos en la zona cercana a Laguna de Pozuelos (en una primera etapa, algunos lugareños alcanzan a comprar lotes, gracias a un préstamo del Banco de la Nación, pero luego las adquisiciones son de grandes inversores externos), quedando el resto como tierras fiscales.

La continuidad de los reclamos da origen, en 1946 al llamado “Malón de la Paz” (marcha a pie de más de un centenar de aborígenes puneños y de la zona de Santa Victoria-Iruya a Buenos Aires para entregar un petitorio al presidente Perón). Como consecuencia, en 1949 se expropian las tierras jujeñas de la familia Campero (región de Yavi), las que nuevamente quedan en manos de la Provincia y no son devueltas a los pobladores locales (Ver: “Hacienda y encomienda en los Andes” de Guillermo B. Madrazo , “Rebeliones indígenas en la Puna” de Irma Bernal – Editorial Búsqueda-Yuchan o “Batalla de Quera” del Ing. Esteban Cardozo – Abra Pampa/Jujuy/2000, “¿De quién es la Puna?” de Andres Hidalgo – UNJU/1996)

Esta situación se mantiene hasta el presente, donde encontramos que buena parte de las tierras de la Puna son consideradas tierras fiscales provinciales.

Como consecuencia de estos procesos, en esta zona se dan varias situaciones relacionadas con las tierras:

a) los que tienen sus papeles en condiciones (los menos)

b) otros que tienen papeles a nombre de algún antepasado y nunca pudieron actualizarlos por falta de dinero.

c) gente asentada en terrenos fiscales, a veces por propia iniciativa u otras con papeles dados por algún político (incorrectamente en muchos casos, como cuando los intendentes regalan tierras provinciales), pero que no pueden legalizar porque no responden a loteos oficializados, por lo que no tienen números de padrón, mensuras, etc.

d) aquellos que están asentados en tierras privadas, ya sea como “caseros” (cuidan casas o terrenos, recibiendo como compensación el uso de los mismos, sin relación de dependencia o sueldo) o como “arrenderos” (alquilan, pagando un “arriendo”, terrenos para la explotación agrícola o ganadera, que, en casi todos los casos, incluye una casa para vivienda). En estos casos, generalmente, se dan relaciones de décadas entre el propietario y sus “caseros” o “arrenderos”

e) los que no tienen tierras

En medio de este caos legal, últimamente se dan muchos reclamos de tierras, especialmente basados en la condición de “aborigen” u “originario” de los reclamantes.

Frente a estos reclamos, hay dos opiniones totalmente encontradas: los que están a favor de los mismos -como una reparación histórica- y los que argumentan que no son válidos, ya que esta situación es producto de una guerra que los aborígenes perdieron hace 500 años y que es absurdo tratar de volver la historia atrás. No sin cierta lógica, ya que si yo voy a Italia a reclamar tierras que le quitaron a mi familia hace cinco siglos, lo mas probable es que, en el mejor de los casos, me saquen a patadas en el culo.

Aquí tenemos que tener en cuenta dos situaciones: una es el reclamo (legítimo, a mi modo de ver) de aquellos que están en un terreno fiscal -ya sea porque su familia lo tiene “desde siempre” o porque se ubicaron allí en épocas más recientes-, lo mejoraron y construyeron en él y otra -muy distinta- es la postura de todos aquellos que, invocando esa condición “originaria”, se creen con el derecho (y la consiguiente obligación estatal) de que les den un pedazo de tierra que ni siquiera han pisado.

Algo que tenemos que pensar es que, a diferencia de lo que pasó con los mapuches en el Sur, los habitantes originarios de la Quebrada (los omaguacas) fueron desapareciendo a lo largo del tiempo (aunque en la zona se conservan algunos apellidos de ese origen: Toconás, Quipildor, Cata Cata, Vilte) y fueron reemplazados por otros aborígenes provenientes de Bolivia o de la Puna (al comienzo traídos por los españoles, llegados por su propia voluntad a partir del siglo XX). La pregunta (que me hago especialmente como defensor de los derechos aborígenes) es: ¿Hasta qué punto tienen derecho estos “originarios” venidos de Bolivia o la Puna (donde los españoles SÍ pueden haberle quitado tierras de las que después se apropiaron otros) a reclamar tierras en la Quebrada (de donde no son “originarios” y donde, como “originarios” nadie les quitó nada)?

¿Tiene derecho, por ejemplo, un matrimonio de recién casados, sólo por tener un apellido andino, a exigir que les den un lote? ¿Tiene derecho (si queremos ser más extremistas y rebuscados con los razonamientos) un guaraní (que también es de un pueblo originario no quebradeño, como en el hipotético caso anterior) a pedir tierra en esta zona únicamente por ser “originario”?

La justicia indica que TODOS tenemos derecho a la tierra (originarios y descendientes de inmigrantes, aquí o en Buenos Aires, jóvenes o mayores…), pero: ¿Qué parámetros usamos para adjudicarla? Si todos somos iguales ante la ley y tenemos los mismos derechos: ¿no sería discriminación regalar tierras a ciertas personas solamente por ser “originarias” y no hacerlo con otros de distinta ascendencia? Desde un punto de vista de argentinos: ¿qué priorizamos: 80 años de permanencia en el país de una familia “originaria” que vino desde Bolivia (por usar el ejemplo más frecuente) o 120 años de permanencia de inmigrantes italianos (por usar, también, el ejemplo más frecuente)?

Otra cosa que hay que tener en cuenta es que hay distintas situaciones: una es la de la Puna, donde las tierras -que estaban en poder de los descendientes del Marques de Yavi- fueron expropiadas por el estado y NUNCA se devolvieron a las comunidades y otra (también muy distinta) es la situación de la Quebrada, donde las tierras fiscales (resto de las antiguas tierras comunales) son totalmente marginales e improductivas y las mejores tienen dueños (en su mayoría aborígenes y como consecuencia de la política de enfiteusis del siglo XIX) dueños que están vendiendo (a muy buen precio y de muy buena gana) esas tierras a los “gringos con plata” que vienen a construir hospedajes (¡que lejos están las épocas en que los quebradeños no vendían las tierras porque habían sido abonadas por el sudor de sus abuelos!).

Además de estos reclamos, aparecen los de aquellos que, en las situaciones que habíamos visto antes, ocupan tierras privadas. En la actualidad, muchos de esos propietarios, que durante décadas no habían prestado atención a su propiedad, tratan de sacar un mayor rendimiento económico de las mismas; en la mayoría de los casos, con proyectos asociados con el turismo, lo que genera una reubicación o expulsión de sus “caseros” o “arrenderos”, los que protestan y se quejan, argumentando su prolongada presencia en las tierras y el trabajo realizado en las mismas.

En este caso, se enfrentan LO JUSTO (el derecho a la tierra de quienes las han trabajado o cuidado durante décadas) y LO LEGAL (los títulos de propiedad). ¿Debemos apoyar “lo justo”, con lo que estamos despreciando la base de nuestro sistema democrático y justificando toda acción de “justicia por sus propias manos” o debemos apoyar “lo legal”, porque es lo correcto aunque nuestro corazón esté del otro lado?




Esto puede parecer una teorización digna de una mesa de café, pero muestra lo complejo desde lo legal y, sobre todo, desde la ética, de la situación.

Es muy fácil engancharse de una cadena de mails y decir “¡pobres los coyitas que tiene problema con las tierras!”. Lo difícil (tremendamente difícil) es poder distinguir entre los que realmente TIENEN GANADO el derecho a la tierra y aquellos que se enganchan a la regalaría fácil de los políticos y (amparados en una condición de aborigen que ostentan de la boca para afuera) exigen que les den lotes, casas (que rara vez pagan) y un montón de etcéteras más, no dando ni siquiera el esfuerzo mínimo del trabajo a cambio.

Aquí se conjugan dos situaciones bastante particulares: la existencia de tierras fiscales y la presencia de gente que viene habitando la zona desde hace años (o que descienden de ellos), lo que hace presuponer un derecho sobre las mismas, pero como se desprende de lo escrito mas arriba, mi postura (que coincide con la de los abuelos quebradeños que conocí hace veinte años) es muy simple: LA TIERRA NO SE REGALA, SE LA GANA CON EL ESFUERZO DEL TRABAJO.

Soy conciente de que esta postura genera cuestionamientos difíciles o imposibles de responder, pero me gustaría que la tierra vuelva a tener el valor sagrado que siempre tuvo para los andinos y no que se la prostituya utilizándola para comprar votos.

Lógicamente, hay quienes están en la vereda de enfrente y son fanáticos partidarios de reintegrar a rajatabla las tierras a sus dueños “originales”, como una reparación de un despojo cinco veces centenario. Para ellos, que desde la distancia ven un usurpador en cada persona de piel un poco más clara que habita la Quebrada, les dejo (para el final, así lo consultan con la almohada) la “pregunta del millón”: pensando que TODAS las tierras del país pertenecieron a pueblos aborígenes: ¿por qué no regalan su casa a un “originario”así son coherentes con sus ideales?


De yapa, el correo electrónico. Podría haber terminado aquí este trabajo, pero, como dice la canción: “te`i de dar, si querís, la yapita…”. Y esta “yapita” hace referencia a un E mail que está circulando desde hace un buen tiempo y que está relacionado con el tema que venimos tratando.

Este mail, que se origina hace un par de años, responde a ciertos rumores que circulaban por Tilcara en ese momento y está firmado por Luis Fernando Cabrera, que es un buen chango, pero que creo que acá metió la pata: por esos tiempos, la madre de Luis (que también es una buena persona con buenas intenciones) era concejal y aparecía con muy serias posibilidades de reemplazar al intendente de Tilcara. Por “extraña casualidad”, en el momento en que suena como muy factible la posibilidad del reemplazo (por una aparente postulación del intendente a un cargo de diputado), esta señora se dedica a organizar una serie de marchas bastante xenofóbicas cuyo lema era algo así como: “fuera los gringos de Tilcara”… Allí es cuando (también “por extraña casualidad”) Luis manda este mail, que causó (y causa) bastante alboroto.

Como comentario popular se habló mucho de gente que aparecía con papeles falsos a reclamar terrenos. Pero, que yo sepa, no hubo ningún tipo de denuncias ni datos concretos. Ahora bien: si alguien vino con papeles falsos ¿quién se los dio? (porque tener una escritura falsa no es cuestión de pasar por la fotocopiadora de la esquina y listo) ¿Por qué no se los denunció?

Más allá de que esta posibilidad fuese cierta en algún caso muy puntual, una de las cosas QUE sí SUCEDIÓ, es que (tal como comentaba más arriba), aparecieron personas que tenían terrenos abandonados (o por los menos, bastante olvidados) y se encontraron (como en el caso de la famosa canchita que se menciona en el correo) que estaban ocupados: aquí es frecuente que la gente se instale en terrenos “botados” cuyos dueños no aparecen en años. Acá tenemos el clásico enfrentamiento de la propiedad y la ocupación de hecho. Ahora bien: estos dueños ¿habían actualizado su derecho a propiedad pagando los impuestos o habían desechados estos terrenos y , de golpe, por una cuestión de ambición se acordaron de recuperarlos? ¿Tenían su documentación en orden? Lamentablemente, este tipo de cosas nunca se conoce como para poder evaluar la justicia de los reclamos de cada parte.

Los casos de Alfarcito (donde, de paso las terrazas son PRE-INCA –con unos dos mil años de antigüedad- y no inca como se comenta en el mail) y de los terrenos de Álvarez Prado, están en una situación, también, comentada antes: propietarios (aparentemente legítimos) que reclaman a sus arrenderos. Vuelvo a la pregunta: ¿Lo justo o lo legal?

La familia Flores eran “caseros” de un terreno donde se construyó un hotel y fueron desplazados… ¿lo justo o lo legal?

Se podría ir viendo cada caso mencionado, pero llevaría tiempo y escapa al sentido de este trabajo: algunos los conozco y otros sólo por comentarios.

Una simple (y lógica) aclaración: nadie en su sano juicio va a construir un hotel sobre un terreno apropiado indebidamente, por la sencilla razón de que el terreno es la mínima parte de la inversión y pueden tener problemas el día de mañana.

Dejemos las conclusiones para después y hagamos la pregunta clave: ¿De quién es la responsabilidad de que el pueblo se haya llenado de “jipies con tatuajes” (tal como aparece en algunas versiones del mail) o de “gringos con plata” que construyen hoteles? La respuesta es muy (pero muy) simple: DE LOS MISMOS TILCAREÑOS. Desde hace años se sabía que esto podía llegar a pasar algún día y nadie (especialmente las autoridades) hizo nada para impedirlo. En mi caso particular, desde hace por lo menos quince años que lo venía diciendo en cada reunión de turismo que había o en cada programa de radio en el que he participado y la respuesta, en el mejor de los casos, fue la indiferencia. Y digo que en el mejor de los casos, porque en la mayoría (especialmente cuando le decía a los lugareños de que ellos se tenían que poner a realizar emprendimientos porque de lo contrario otros vendrían a hacerlo) fueron de los siguientes tenores: “a los gringos atendelos vos, que a vos te gusta”, “quién va a venir a hacer un hotel acá”, “yo no le voy a estar lavando las sábanas sucias a los gringos”, “a mi no me jodas con esas cosas y dejame “cervecear” tranquilo con los muchachos” o “yo soy tilcareño y a mí nadie me viene a decir que tengo que hacer en mi pueblo” Ahora la realidad (que tiene tiempos mucho vás rápidos que los tiempos locales) les pasó por encima y es más fácil echarle la culpa a los de afuera (al Patrimonio de la Humanidad, a los gringos, a los jipies…) que reconocer (como muchos lo hacen en privado) que se han equivocado.

Lo que, lamentablemente, no comenta el mail son los casos de usurpación de terrenos por parte de los lugareños: en estos últimos tiempos es necesario tener todo cercado porque, de lo contrario, alguien instala una carpa y ¡que lo saque el que pueda! Tampoco habla de los casos en que los “caseros” (obviamente, lugareños) terminan vendiendo terrenos que no les pertenecen, amparados en la confianza y en la costumbre de hacer “tratos de palabra”.

Independientemente del respeto y el cariño que tengo por mis vecinos tilcareños, hay que reconocer que, cada tanto, rebrota esta actitud de enfrentamiento con los “foráneos” (ver un trabajo de Gabriela KARASIC titulado “Plaza Chica vs. Plaza Grande” o parecido).

Por mi parte, siento que, en la medida que crece este sentimiento de rechazo, la gente me saluda mejor que nunca (quizás reconociendo mis 20 años de presencia en Tilcara, o acordándose de que yo les había avisado, o concientes de que uno está acá por un profundo amor a esta tierra y no por una cuestión de negocios…), así que pienso que puedo analizar este fenómeno sin rencores ni susceptibilidades. Coincido con ellos en que el pueblo ha cambiado y los ritmos ya no son los de antes, pero esto comenzó a cambiar mucho antes de la declaración de Patrimonio Histórico de la Humanidad o del incremento del turismo (esto ya es tema para otro trabajo).

Ahora bien: desde mi semi-desconexión con los ritmos y usos de las ciudades me sorprende (y mucho) como gente inteligente, con posibilidades de acceso a todo tipo de información, se engancha con cuanta cosa le llega por internet y redistribuye información sin tratar de ver, mínimamente, si hay algo de cierto en lo que está mandando... o si está perjudicando a alguien con su actitud (el interesante análisis de esta actitud de “compromiso y participación a la distancia” también es lindo tema para otro trabajo…je, je).

En internet se puede poner cualquier cosa: verdades o mentiras. Incluso la verdad, según como la presentemos (o desde que punto de vista) puede transformarse en una mentira. Tampoco debemos creer todo lo que aparece en diarios, revistas o televisión: los medios muestran lo que vende (y cuanto mas cargado de sentimentalismo y aparente injusticia mejor). Sirva como ejemplo el caso de una nota de la Revista Viva, que también distorsionaba totalmente la realidad: cuando (estúpidamente ilusionado con la libertad de expresión y el derecho a réplica) contesté a la misma a través del correo de lectores pero ¡no publicaron mi respuesta! (se la puede ver aquí)

Así que: ¡a ser más precavidos muchachos!, porque, como decían los viejos mineros: en la vida es más fácil encontrar pirita (bien llamada “el oro de los tontos”) que oro verdadero.

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En la foto principal regreso a casa cargada con paja para techar
(cercanías de las Lagunas de El Toro) Foto Interior: Manca Fiesta (a mediados de octubre en La Quiaca), es una tradicional feria de intercambio - Habitante de Tucsa. -Cuidador de la iglesia de Rosario de Susques (Oscar Branchesi)

Nota de Sosperiodista: El autor reside en Tilcara desde 1987 y presta servicios de guía en la Quebrada de Humahuaca y Peña jujeña

28/10/07


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Carolina

es compleja la situación poro que las soluciones son complejas también.de todas maneras no creo que sea imposible compatibilizar la legalidad con la legitimidad de los reclamos, siempre en estos casos tiene que ver con (buena) voluntad política. Algo cercano al sentido (y el bien) comun que no abunda en los dirigentes.



Selva

FELICITACIONES, excelente nota, coincido que o se puede creer a RAJATABLA en todo lo que sale publicado en los medios (de cualquier tipo, las notas deben ser fruto de una investigacion rigurosa con cita de fuentes...salvando las distancias, en nuestra provincia hay un proceso de apropiacion ilegal de tierras que es llevada a cabo por bandas o una banda integrada por ABOGADOS,ESCRIBANOS,INGENIEROS,EMPLEADOS DE CATASTRO PROVINCIALES Y MUNICIPALES,EMPLEADOS DEL REGISTRO DE LA PROPIEDAD (dateros)y terceros, algunos de los cuales actuan como testaferros "protegidos " por el poder judicial, y aprovechando la ignorancia y/o la buena fe de la gente "le han robado todo o casi todo"...es verdad que existe una controversia entre lo JUSTO y lo LEGAL y para para resolverlo esta el poder judicial, ahora que pasa cuando la justicia es complice de lo INJUSTO y lo ILEGAL...¿a donde nos quejamos????...



daii

me gustaria que me manden imformacionde los deechos de los omaguacas... podria ser?



roberto

es muy bueno el articulo pero me hubiera gustado mas detalles de la batalla de Quera que no se puede ver mas informacion actualizada desde ya muchas gracias pero esta muy bueno los paorte historiograficos



Ledesma Pablo

La verdad es hora que empecemos a tomar las cosas en su determinado espacio y podamos tomar conciencia de las cosas que nos estan pasando .Tomemos conciencia ,no permitamos que la ingnorancia de la informacion nos alejes de la realidad.



miguel angel

mi apellido es Catacata todo junto y posiblemente por lo que lei se escriba separado.se que mis abuenos y bisabuelos son de jujuy Tilcara y me gustaria saber mas sobre mi apellido.vivo en chacabuco, provincia de buenos aires y mi padre fallecio en el 88.gracias



Normando Vilte

lamentablemente los 20 años de residencia en la quebrada no le sirvieron ni le dan autoridad para hablar o escribir del tema con objetividad, su vision es simplista, egoista, peor aun sin valorar la gente con la cual convive y como el dice lo saludan. Se olvida o no sabe que nuestra principal ley la CN de 1853 ni siquiera reconoce a los "indios" como ciudadanos argentinos? y recien la de 1994 luego de arduas luchas de toda la comunidad aborigen de la argentina consiguio que se le reconozcan sus derechos. como dijo alguien para entender a las sociedades de las hormigas hay que sentirse hormigas. Me cuesta creer que no ve a los lugareños trabajando de sirvientes en los nuevos hostales, hoteles,etc. regentados por otros argentinos no ooriundos de Tilcara ni de la Quebrada, Quien la da credito a un lugareño para un emprendimiento? Es cierto que la Declaracion de Patrimonio fue nefasta, y es tan cierto como la improlijidad del gobierno provincial en el tema, no previo absolutamente nada, hasta el dia de hoy la Secretaria de Turismo y el supuesto ente de la Quebrada no formularon el POT programa de ordenamiento Territorial, es por ello que se observa en la quebrada estas desprolijidades,en fin es una tema bastante amplio y complejo por supuesto el autor tampoco investigo ni tuvo la objetividad que el reclama para otros.



Marcela soledad Vilte

Soy descendiente de Humahuca(Hornaditas), de bisabuelos paternos Vilte y Machaca. Mi abuela vive desde siempre allí(procedencia de mas de 200 años aprox.). y quisiera preguntarle si ud me podria brindar información sobre la situacion en la que estaria mi abuela o donde puedo profundizarme del mismo. Sobre la nota no puedo acotar demasiado ya que no estoy interiorizada en el tema en cuestion pero me gustaria estarlo a fin de poder ayudar a mi abuela. Desde ya muchas gracias.




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