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En contra del abuso, la indiferencia y el olvido /

En contra del abuso, la indiferencia y el olvido

La gente dice presente cuando las injusticias laceran el alma. Un comunicado de la hermana Martha Pelloni que circuló, entre otros medios, por la web convocó el viernes a una manifestación de apoyo por Valentina y María Daniela Vallejos, la mujer que denunció hace cinco años que Valentina, su hija de cuatro estaba siendo abusada por su padre. Lesiones que fueron constatadas. Sin embargo, por formalidades legales, el hombre resultó absuelto y hasta se le otorgó la tenencia de la niña.

Mónica Beatriz Gervasoni (Buenos Aires).

Y, si, la gente dice presente porque las injusticias son cada vez más y laceran el alma del ciudadano, ser humano y nadie está exento.

Lo que hoy le pasa a él, puede pasarme a mí y a Ud. También. Es imposible mantenerse al margen, es inaudito seguir cultivando la indiferencia. Por eso la asistencia, el viernes 28 de marzo a las 10, frente al Palacio de Justicia: en su mayoría eran mujeres. Abuelas, madres, jóvenes. Un puñado de hombres y unos pocos medios. Todos visiblemente consternados. Con lágrimas en los ojos pero con el coraje de saber lo que se está reclamando: justicia.

El responsable de la convocatoria: un escueto comunicado de la hermana Martha Pelloni, miembro de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y Presidenta Honoraria de la Red Alto a la Trata (explotación sexual y comercial) y al tráfico de Niños, Niñas y Adolescentes, que circuló, entre otros medios, por la web.

La consigna: Justicia para Valentina. Una niña de 7 años víctima de abuso sexual por parte de su padre biológico y entregada su tenencia a su progenitor por orden del juez Miguel Ricardo Güiraldes. Un hecho aberrante que sale a la luz, en nombre de muchos otros que se callan o se callaron.

Frente al micrófono una mujer valiente. Es María Daniela Vallejos, la mamá de la criatura. Es menuda de cuerpo. Chica de contextura. Pero con voz de gigante, se convierte en el portavoz de su hija y de otros que desconoce, pero que se le acercan y le confiesan en voz baja: yo también fui abusado. Y dice: “No tengo miedo, porque lo peor que me pudo haber pasado, ya me pasó. Me sacaron a mi hija y ya no puedo cuidarla. Los aplausos entusiastamente rabiosos e indignados reforzaban la misión que unía a todos, el reclamo justo y pertinente.

Después de todo, en el ultraje de esa niña, está el ultraje de todos, hombres y mujeres, chicos y grandes. Los coros improvisados, salidos de la espontaneidad de corazones unidos, a los que se les hace imposible creer en hechos tan increíbles pero absolutamente constatados en la realidad.

Entonces quieren, queremos hacer algo. Y la pueblada empieza. En la capital, en las provincias, en todo el país donde sucede lo que no debería haber sucedido nunca y a nadie, sin embargo, pasa y lo peor de todo es que sigue pasando. Se alzaron las voces para pedir justicia. Con la metáfora de arrancarle la venda a esa justicia tantas veces corporizada en una mujer con una venda tapándole los ojos. Y la restitución inmediata de Valentina a su mamá. Ya que se desconoce actualmente el paradero de la nena. Es tremendo saber que la niña nunca fue oída por el Juez. Porque así también estamos todos, desoídos, desprotegidos, huérfanos frente a los delitos.

Mientras la mujer hablaba recorría los ojos y rostros de los presentes. Cuando sus nervios y desesperación no la dejaron seguir hablando más, dejó a un lado el micrófono y saludó uno por uno a quienes se acercaban para apoyarla en su lucha, y estrechándoles las manos, les agradecía haber venido y les decía tenemos que estar unidos.

Abuelas, madres, hombres que no desconocen que su humanidad viene del vientre de una mujer. Que se rebelan en forma pacífica pero activa ante la aberración no solo de abusar de un cuerpo infantil sino también de todos los derechos de la hija y de la madre.

Por más que ya sea una costumbre en nuestro país que se juzgue a la víctima y a los primeros damnificados de los hechos, por más que haya habladurías que intentan sugerir la posibilidad de que la madre arengue a la gente para no ser investigada y que use al público en su defensa y como aliado para reencontrarse con su hija. Sin embargo, las cartas están barajadas. La gente vio que la madre dio la cara. El dolor reflejado en su rostro dictaminó con su apoyo.

Muy conciente de que Valentina y María Daniela Vallejos son sólo un caso que se hace público pero que da la cara por muchos otros, por muchas otras mamás y muchas otras hijas y por muchas otras mujeres en general víctimas de abuso sexual y no protegidas por la Justicia Argentina.

31/03/08



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Selva

Monica es tan cierto lo que manifestas respecto a la cultura de la indiferencia SOBRE TODO CUANDO SE TRATA DE LA ADMINISTRACION DE JUSTICIA, cuanta razon tenes cuando decis ..."así también estamos todos, desoídos, desprotegidos, huérfanos frente a los delitos"...y esto sucede porque el poder judicial es manipulado por los jefes de las mafias, en Cordoba y en el resto del pais tenemos ejemplos de ENORMES injusticia y quienes somos victimas de la MALA PRAXIS del poder judicial y de los abogados sabemos que mientras los ciudadanos evitemos INVOLUCRARNOS con el funcionamiento de la administracion de justicia permitiendo que el NEPOTISMO la tiña de inseguridad juridica NADA CAMBIARA, es mas,cada dia crecera la IMPUNIDAD ..averguenza que gente con tanta preparacion y que ocupa tan altos cargos se dedique a amargar la vida de quienes piden JUSTICIA.



carlos

pero dicen que esta madre nunca dejo ver a sus otros dos hijos a su primer marido osea el padre de ellos???? es esta misma persona..... mariadanielavallejos.blogspot.com




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