
Carlos Gallo (desde Catamarca)
Pocas dudas caben acerca de que los argentinos somos imprevisibles. Digamos: nuestras reacciones no necesariamente son las que se espera en situaciones consideradas normales o racionales. Pero tampoco somos previsibles en situaciones extraordinarias.
Esto viene a colación de las reacciones de la gente en una situación extrema como la vivida el lunes, en Catamarca, cuando la tierra se volvió a mover más de lo normal, hasta hacer cruzar las miradas -como despidiéndonos- ante un cataclismo.
La experiencia vivida por los más de 300 mil catamarqueños que sentimos subir por la garganta una onda natural sucedida de una sacudida fenomenal de la tierra, nos recordó inevitablemente al terremoto del 7 de septiembre de 2005, cuando por divina providencia no hubo que lamentar víctimas.
Esta vez, la magnitud fue de 5,1; entonces había sido de 6,7. Da lo mismo.
Lo que verdaderamente aflige, como decía, son las reacciones.
Si bien reconozco que no es fácil afrontar este tipo de situaciones, critico el hecho de que no estamos preparados para prevenir sus posibles consecuencias. Sentí en carne propia el angustioso sufrimiento que precede a una catástrofe, seguido del alivio de la regocijante calma del después sin consecuencias.
Unos más calmos y ya experimentados o resignados, otros invariablemente fuera de sí, esperando ayuda sobrenatural. Lo cierto es que quedó nuevamente puesto en evidencia que la población no está preparada: colegios en absoluto caos, oficinas sin escaleras exteriores, puertas de emergencia clausuradas, olvido liso y llano de las normas de comportamiento en situaciones extremas, desorden, apuro. Colapso de comunicaciones, tardanzas, egoísmo, improvisación, discurso vacío, inacción. Esa reacción, la más peligrosa: la inacción. Sabiendo que no se puede disponer sobre los designios naturales, sabiendo que la provincia ya está considerada en una zona de alto riesgo sísmico, es preciso instrumentar una campaña sistemática de difusión de estas normas de prevención.
No quisiera ser pájaro de mal agüero, pero tampoco un cómplice silencioso de la inacción de organismos e instituciones que se amparan en detestables fachadas de poder. Fachadas que van a caer.
Fue el segundo aviso.
23/10/07
Recomendar esta notaAsí es. En este país hay tal desprecio porla vida que pueden ocurrir varias inundaciones en Santa fé, muchos sismos en Catamarca y hasta un nuevo Cromagnon sin que nadie tome el más minimo recaudo...empezar a pelear cuando aún no pasó nada es el camino!!
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