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CFK condena la dictadura pero honra y legitima sus deudas /

CFK condena la dictadura pero honra y legitima sus deudas

El ex diputado nacional Mario Cafiero afirma que la vuelta de la Argentina al FMI no es casualidad sino que es causalidad de los compromisos asumidos por CFK ante el G 20, entre ellos el pago de una deuda al Club de París, medida que cataloga de incoherente por parte de una presidenta que condena a los gobernantes de la dictadura por criminales pero por otro lado los legitima al dar por válidas las deudas que ellos contrajeron, como la del Club de París. Aquí, tramos de la intervención de Cafiero en una audiencia sobre el tema deuda.

Mario Cafiero

Argentina y sus compromisos con el G-20: La vuelta del FMI.

A su regreso de la participación en la Cumbre del G-20 en Seúl, la Sra. Presidenta usó la cadena nacional para anunciar triunfalmente que la Argentina iba a regularizar su deuda con el club de París, sin la intervención el FMI. O sea que vamos a pagar unos 7.000 millones de dólares, en dos o tres cuotas anuales, pero dejando muy en claro que lo hacemos de “motu proprio”, sin que nadie nos venga a imponer nada. Una situación parecida a la del chiste del marido sojuzgado, que disimula su sometimiento diciendo: “en mi casa se hace lo que yo obedezco”. 

La Sra. Presidente nos dice que su gobierno rechaza la obediencia y las recetas del FMI.  Pero lo que nos escatimó decir a los argentinos, es que ese pago es consecuencia directa de los compromisos que asumió en la Cumbre del G-20 en Seúl. Allí la Presidenta firmó el documento “Compromisos políticos de los miembros del G20”, cuyo primer punto expresa el compromiso “a seguir adoptando medidas para garantizar la solvencia para normalizar las relaciones de Argentina con sus los acreedores externos”.

El G-20 es el “corralito” de países armado por el G-7, que a su vez es la cumbre de los países más poderosos de la Tierra, que se ha autoerigido en un cuasi gobierno mundial, y que a su vez integran el exquisito Club de París. Y las políticas que impulsan en el G-20, no difieren gran cosa de las malogradas políticas del Consenso de Washington: tipos cambio basados en los mercados, liberalización del comercio y más aún de las  finanzas, etc. Esos documentos han sido suscriptos por nuestra Presidenta[i], pero en idioma inglés, como para que los argentinos no nos enteremos mucho que dicen ellos. De ser así nos daríamos cuenta de que se trata del mismo “perro” del Consenso de Washington de los 90, pero con distinto collar. Ahora bajo un nuevo ropaje, buscan nuevos “consensos” globalizadores. Y amenazan además con que “la descoordinación traerá peores resultados para todos”.

Como si todos estuviéramos duros y asustados sobre un bote averiado que se está hundiendo, pero peor sería que hubiera movimientos, porque el bote se va a dar vuelta, y nos ahogaremos todos. Este es el penoso resultado de la globalización de las finanzas y el comercio de la década de los 90, regido exclusivamente bajo la ley de la codicia, que se nos vendió como la receta magistral para entrar en una nueva era de prosperidad mundial capitalista.

Bajo la impronta del G-7, todos los documentos del G-20 destilan una filosofía y contenidos que se encuentra en las antípodas del modelo que nuestra Presidenta dice defender. En especial, el punto 9 de la Declaración, y el punto 19 del Documento de Seúl, en el que se reivindica expresamente al FMI como supervisor y soporte técnico de los países que lo integran. Con el pleno consentimiento por parte de nuestra Presidenta.

Conociendo este dato, resulta perfectamente entendible que inmediatamente después de que la Presidenta nos anunciara por la cadena nacional que el FMI no iba a intervenir, el canciller Timerman y el ministro Boudou hayan viajado de incógnita a Washington. Para mantener allí una ríspida reunión secreta con el número dos del FMI, John Lipsky, como en los mejores tiempos de Alfonsín, Menem, De la Rua, y Duhalde. Reunión de la que los argentinos nos enteramos porque la oficina del Sr. Lipsky la dio públicamente a conocer, no así nuestros ilustres funcionarios argentinos. Como desde siempre, en las cuestiones con el FMI, el pueblo no debe saber de qué se trata.

Como consecuencia de esa reunión, el ministro Boudou a su regreso nos anunció que Argentina había pedido asistencia técnica al FMI, para la normalización del INDEC, y la determinación de un nuevo índice nacional de precios al consumidor. Y después declaró que Argentina “no se había bajado los pantalones ante el FMI”. Claro que no, mal se podía haber bajado los pantalones, puesto que había ido grotescamente en pelotas. Como si en vez de pertenecer al segundo o tercer mundo, hubiésemos descendido al cuarto o quinto mundo, donde todavía en algunos recónditos lugares, se estila ese atuendo que consiste en no llevar atuendo alguno.

La deuda con el Club de Paris: una deuda manchada de sangre y fraude

El anuncio del pago al Club de París por parte de la Presidenta, incurre en una flagrante contradicción con los postulados que su gobierno dice defender a ultranza, de MEMORIA, VERDAD Y JUSTICIA.

Si tuviera un poco de MEMORIA la Presidenta debería recordar que casi la mitad de la deuda con el Club de París fue  íntegramente contraída por la sangrienta dictadura cívico-militar que ella denosta. De esta manera esquizofrénicamente, condena a los gobernantes de entonces por ser criminales de lesa humanidad. Y a la par, como si fueran gobernantes legítimamente constituidos, de por validas y legitimas las deudas que ellos contrajeron. Al menos el ministro Cavallo  que reconoció esas deudas, tenía el atenuante de que dichos ex gobernantes habían sido indultados por el gobierno, cuestión que durante el actual gobierno se revirtió enteramente. Y si se pudieron revertir indultos sancionados por la democracia, como no se pueden revertir deudas de la dictadura aceptadas por la democracia.

Si cultivara un poco de VERDAD la Presidenta llegaría a la conclusión que en la trama del ovillo de la deuda externa que nos agobió y agobia, están los intereses de los miembros del Club de París; que su vez son los patrones del G-20 y del FMI. Si tal como ella asegura, el FMI fue el artífice de nuestra debacle como país; lo menos que debería hacer es exigir a los países del G-7 y el Club de París, que digitan y digitaron al FMI, que se hagan responsables de los gravísimos errores de este. Y en consecuencia den por cancelada la deuda de Argentina con los países integrantes del Club de Paris, o implementen una medida reparatoria parecida. 

Si aspirara realmente a la JUSTICIA  la Presidenta podría haberle dado el impulso necesario a la investigación judicial, que con mucho esfuerzo y sordina mediática, se está tramitando en búsqueda de determinar la responsabilidad penal de quienes fueron cómplices financieros de los crímenes de lesa humanidad de la sangrienta dictadura, como participes necesarios de ellos. Causa que se tramita desde hace años en el juzgado federal Nº 2 de la Capital Federal, en la que recientemente se recibió la confirmación por parte de la Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton, confirmando que los documentos desclasificados aportados a la causa son verídicos.

Una lectura atenta de esos documentos desclasificados, ahora certificados  oficialmente, permite constatar que por parte de determinados gobiernos extranjeros integrantes del Club de París, y de sus estamentos diplomáticos, financieros y empresariales, existía un claro conocimiento de la existencia de gravísimas violaciones a los Derecho Humanos en la Argentina, desde el inicio mismo de la dictadura cívico-militar.

En la causa también obra copia del Decreto Secreto Nro. 223 del 27/4/1976, que dispuso la creación de comisiones asesoras ad-hoc para resolver “diferendos planteados entre el Estado Nacional y diversas empresas privadas, nacionales y extranjeras”. En su art. 3º instruye a “tomar contacto directo con las partes interesadas y finalmente recomendar soluciones”. Cabe destacar que las empresas extranjeras involucradas en el decreto secreto mencionado, pertenecen todas a los países integrantes del Club de París. De tal manera los efectos de los hechos investigados en esta causa penal, lejos de diluirse en el tiempo, continúan aún vigentes en reclamos concretos contra nuestro país. Verdad que la Sra. Presidenta parece querer olvidar, para no tener que reclamar Justicia.

Finalmente, los argentinos debemos reflexionar del enorme potencial que tenemos, del enorme potencial humano que tenemos, del enorme potencial de recursos renovables y no renovables que tenemos y del enorme potencial cultural acumulado que tenemos. Pero estamos errando en el rumbo estratégico y recreando condiciones de un renovado colonialismo, que se traduce en el saqueo de nuestras riquezas.

Tenemos que cambiar el rumbo. La gobernabilidad de la Argentina tiene su centro la en cuestión de los recursos y su territorio. En recuperar la orientación hacia un nacionalismo económico que nos devuelva la inmensa renta que hoy se dilapida y fuga al exterior. En la preservación y en el uso de sus recursos, de manera ambientalmente y socialmente sostenible. Para que la mayoría de los argentinos pueda coparticipar de la enorme riqueza Argentina. Para que la mayoría sea copartícipe de un proyecto de vida común. Para que la Argentina sea el mejor reflejo, de los mejores valores que poseemos.



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Pepe el Viejo

El título de la excelente nota, de un estudioso con mayúsculas, me refiero a Mario Cafiero, nos muestra las incoherencias de un gobierno que nos confunde con el pan dulce de "justicia para todos" e ignoran que el saqueo patrio, la entrega del patrimonio nacional a precio vil, etc., sus autores nunca serán juzgados, menos castigados.




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