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Tubab, tubab, tubab... /

Tubab, tubab, tubab...

Nuestra periodista ciudadana estuvo en Senegal, en un poblado llamado M'Boro, que se levanta sobre la costa de un mar fluorescente. Tubab es la palabra que pronuncian los niños, que siempre tienen una sonrisa para regalar, a pesar de sus extremas necesidades. "Es la palabra que nos une y nos define", afirma nuestra periodista, que integra el equipo de CREART, una ONGD fundada por un artista plástico malagueño para educar a los más pequeños a través del arte.


Raquel Boquet i Alabart (desde Barcelona)

Explicar la experiencia de ir a trabajar a un país africano es una tarea que me resulta muy difícil, pero a la vez significa todo un reto que no quiero dejar pasar.

“Tubab, tubab..." la palabra que más nos hacía reír a todos. A los niños que la pronunciaban mirándonos con curiosidad, a los adultos africanos que nos acompañaban y a los tres europeos que compartíamos la estancia en M’Boro, un pueblecito de la costa de Senegal. Tubab es la palabra que nos definía y nos unía, a la vez que evidenciaba nuestra diferencia, el color.



Llegamos a M’Boro como parte del equipo de CREART; una ONGD (Organización No Gubernamental de Desarrollo) que trabaja para mejorar la calidad de la educación del niño y de sus condiciones de vida. El objetivo fundamental de CREART es la educación, como primer paso para que las comunidades más desfavorecidas y marginadas continúen avanzando.

CREART es una ONGD joven, fundada y dirigida por Chené Gómez, artista plástico malagueño residente en Barcelona. Su ilusión y compromiso de ayudar a educar a los más pequeños a través del arte, hacen que junto a Chené el trabajo sea un placer y un aprendizaje constante. Los diferentes profesionales que colaboramos con CREART conocemos lo bonito y lo difícil de la cooperación internacional. Cada uno de nosotros desde su ámbito de trabajo, desde su profesionalidad, ha realizado colaboraciones con diferentes entidades.

Mi trayectoria profesional como psicóloga está vinculada desde hace años a diferentes vivencias en países menos desarrollados que Cataluña, donde actualmente vivo. El paso hacia Senegal lo hice el pasado mes de mayo con la compañía y el apoyo del equipo de CREART.

Dos mundos, una sola realidad.

La entidad, invitada por médicos suizos que están facilitando el acceso a la sanidad gratuita en la zona, emprendió el viaje hacia Senegal, M’Boro, con la intención de compartir unos días con sus habitantes y realizar talleres con los niños para conocer y entender cuáles son sus principales necesidades, y valorar qué podíamos ofrecer nosotros desde CREART. Nos habían explicado mil y un detalles de la localidad. Todo un caos, todo un laberinto, todo confuso y diferente, demasiado diferente para poder ser expresado con palabras. África no está tan lejos, pero todo un mundo nos separa.



M’Boro es un poblado en la costa de Senegal. No hay luz, ni agua, ni gas. El pueblo está construido sobre la arena de la playa. Las casas están hechas de paja y caña. La principal fuente de alimento es el mar. Toda la actividad diaria se desarrolla en la playa. Hay siempre niños por todos lados. Todo el mundo tiene siempre una sonrisa en la cara para regalar y te invitan a tomar el té con ellos en su casa. Las mujeres crían a los niños, siempre colgados en su espalda dolorida, los hombres salen al mar en pequeñas barcas de madera, hacia un mar ensordecedor. El mar de noche muestra todo su esplendor ¡y brilla! ¡¡ Es fluorescente, verde fluorescente!!

En M’Boro hay una serie de lujos impagables. Lujos para todos sus habitantes, pero sobretodo lujos para los niños. La educación y la sanidad son los principales. Sólo unos cuantos privilegiados tienen la cantidad necesaria para acceder a estos servicios. Así, no todos los niños pueden ir a la escuela, y al médico van cuando están muy, muy enfermos.

¡Mamá, papá, ya os llevo yo al médico!

CREART se plantea desde un primer momento trabajar con la población local a través de talleres y la creación y mejora de infraestructuras.



Este pequeño pueblo de la costa senegalesa tiene dos escuelas que no mantienen una relación fluida y a través de talleres de arte conjuntos realizados por CREART se inicia una relación entre los pequeños que participan. Estos talleres realizados con los niños tenían como objetivo final acercar la población al ambulatorio local, donde los mismos chicos terminaron pintando un mural en la sala de espera y expusieron los dibujos hechos esos días que pudimos compartir con todos ellos. CREART llevó a cabo el primer taller de artes plásticas con los chavales.

A través de sesiones de pintura y juego, en los que utilizamos diferentes materiales y técnicas, pudimos constatar que muchos de los niños no habían podido dibujar nunca sobre papel. Aún así, sus obras de arte fueron expuestas en las paredes del ambulatorio, mientras todos ellos dibujaban su particular mar de peces en el porche del local. ¡Ahora son los niños los que llevan a sus padres al médico para mostrarles su mural común! Ver a Chené Gómez con los niños, haciéndolos pintar y trabajar juntos, es todo un espectáculo. Parece tan sencillo....

El papel principal de los maestros y artistas de la localidad nos ayudó a tirar hacia delante con éxito este primer acercamiento. Intercambiamos experiencias, conocimientos, técnicas... siempre ayudando a perpetuar con nuestro granito de arena la tarea de formación iniciada. El arte puede ayudar a crear diversificación laboral en la zona, donde sin creatividad y sin recursos educativos, los niños no tienen otra salida que trabajar en el mar y para el mar.

Lo que más nos impactó, fue la escuela coránica. La segunda escuela del poblado, gratuita, donde los más chiquitos que no se pueden permitir ir a la escuela francesa (la estatal y de pago), tienen un espacio donde encontrarse y aprender a leer árabe, aprender a escribir, aprender a sumar y a restar.

El nuestro compromiso

Cuando estuvimos en el mes de mayo del 2006 por primera vez, esta escuela tenía graves problemas de estructura. Una sola habitación cuadrada, pequeña, sobre la arena de la playa, con una única ventana minúscula por donde entraba un poco de luz solar, grietas en todas las paredes y el techo, el suelo agujereado... Un par de banquitos rotos para sentar a algunos de los pequeños, mientras los otros se sentaban en el suelo (este suelo agujereado por todos lados), no había ninguna mesa donde los niños pudiesen apoyar sus papeles. Las pulgas eran las reinas de la escuela. Aminata, la maestra local, les impartía las clases diariamente sin ninguna otra remuneración que la que los niños y sus familias le ofrecían puntualmente.



Y hablo en pasado porque a pesar de lo desastroso que estaba el recinto, los niños y niñas de M’Boro tenían un lugar donde reunirse a estudiar. ¡Y ahora ya no! La escuela, tal y como avisaba con las grietas por todos lados, ha terminado cayendo y ahora ya no pueden encontrarse ni estudiar juntos.

Este primer viaje a M’Boro nos ha unido a esta localidad, nos a comprometido con sus habitantes a ofrecerles nuestro apoyo, nuestro trabajo, nuestros recursos humanos y materiales.

El compromiso de CREART con M’Boro se materializa también en infraestructura. Queremos reconstruir en condiciones dignas la escuela coránica, queremos ofrecer la posibilidad de continuar pintando, de continuar dibujando y de continuar aprendiendo y creciendo hacia un futuro con nuevas opciones; y porqué no, un futuro que se avenga con las sonrisas de los niños que cuando nos ven llegar, nos cogen de la mano mientras gritan “tubab, tubab!”

Nota de Sosperiodista. La autora de este artículo es psicóloga de CREART.

Las fotos también pertenecen a la autora de esta nota.

Relacionadas: Chené Gómez, el hombre que cura el alma de los niños con la pintura.


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Sandra Neira

Es genial lo que hacen! increible laburo y excelentes fotos,felicitaciones.-



eduardo

Es increible, todo, el lugar,las fotos, lo que hacen. FELICITACIONES.




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