Pablo De La Vega Política Internacional
Desde que tengo memoria para recordarlos, los conflictos armados, que generalmente tienen a EE.UU. como gran protagonista, siempre desnudan datos sobre la libertad con la cual un país se arroga la potestad de hacer y deshacer (guerras, cárceles, intrigas) a su antojo. O manejarse sin fronteras o sin leyes.
Hace poco se conoció que EE.UU. transportó a personas que consideraba sospechosos de ataques terroristas en vuelos que no dejaron rastros, o trataron de no hacerlo. Esto no es novedad, ya que con sólo haber visto algunos de los capítulos de la mítica serie de culto Misión Imposible o alguna de las películas de espías norteamericanas de los años 60 uno puede aprender como operaba y opera la CIA. Sin hacer preguntas, sin dar explicaciones.
Como la realidad siempre supera ampliamente a la ficción, no hace tanto se dio a conocer que la Agencia Central de Inteligencia utilizó pistas, bases y aeropuertos de 14 países europeos.
Esas naciones conocían del traslado furtivo de esos prisioneros a centros de reclusión, donde en muchas ocasiones eran sometidos a torturas. El hecho fue corroborado por una comisión del Consejo de Europa, que, en su informe preliminar,
contó más de 1.000 vuelos secretos en Europa.
No hace falta profundizar sobre otras aberraciones jurídicas y a los derechos de los detenidos (Guantánamo, está casi al tope de la lista) para tener una mejor idea sobre el país del norte, con nuestro mesiánico amigo George W. Bush a la cabeza. No existen barreras para el muchacho ni con sus más cercanos socios.
En ese sentido, Gran Bretaña protestó contra EE.UU., tras conocerse que dos vuelos norteamericanos que transportaban bombas de precisión para Israel hicieron escala en un aeropuerto británico sin la autorización expresa de Londres.
Como alguien que reclama a su socio por haber entrado a su casa, dormido en su cama y salido sin pedir permiso (iba a usar una analogía que involucraba la esposa del primer sujeto, pero me pareció demasiado).
La ministra de Exteriores británica, Margaret Beckett, afirmó que elevó una "protesta formal" al gobierno de Washington, y que habló sobre el tema con su colega estadounidense, Condoleezza Rice. Masas y té mediante, seguramente.
El diario inglés Daily Telegraph fue el disparador de la noticia y destacó que
dos vuelos charter Airbus A310 de EE.UU., que transportaban bombas de precisión GBU28 guiadas por láser hacia Israel, hicieron escala en el aeropuerto de Prestwick, en las cercanías de Glasgow (Escocia), sin el permiso de Londres.
Stephen Wall, ex consejero privado del primer ministro Tony Blair, escribió en la revista política New Statesman que Gran Bretaña perdió autoridad moral en la comunidad internacional por culpa del alineamiento que mantiene con Washington. Wall criticó "la convicción del premier británico de que el país debe estar pegado al carruaje que tira el presidente de EE.UU.".
De todos modos, la relación entre ambos países, que hace quedar a la bretaña como el hermano tonto, se mantiene fuerte en el plano político. Principalmente después de los ataques terroristas en los subterráneos londinenses.
28/07/06