
Jorge Herrera Marín (Desde Madrid).
El barrio de Chueca, en pleno corazón de Madrid vive ya la celebración grande de la comunidad gay por todo lo alto. Este año la tradicional fiesta del orgullo gay en la capital española tiene un doble atractivo: por un lado el colectivo homosexual está exultante después de los recientes derechos civiles conquistados tras décadas de lucha; es decir, el casamiento y la adopción. Por el otro, se convierte en sede de la Europride ’07, la fiesta del orgullo gay europea.
Madrid Orgullo (Mado) organiza la actividad que promueve como la celebración del Orgullo Gay y también como un espacio de libertad y modernidad para todo aquel que disfruta con la diversidad.
Para dar una idea de la magnitud del asunto basta mencionar que las estimaciones de los organizadores sitúan en los dos millones y medio la cantidad de asistentes que se darán cita en Chueca para unas celebraciones que cuentan con una cantidad ingente de actividades programadas; desde la tradicional marcha que se iniciará en la Puerta de Alcalá, hasta exposiciones culturales e instalaciones artísticas, conciertos, dj’s y decenas de barras montadas en la calle para abastecer a la multitud que durante una semana completa tomará la zona.

El barrio de Chueca, que va camino de convertir a Madrid en una de las capitales de referencia del mundo gay, se transformó a partir de la década de los ’80 en un paraíso para la comunidad homosexual que buscaba su sitio en la ciudad. En aquella época, la del famoso movimiento de liberación después de la dictadura que se denominó la movida madrileña, surgieron los primeros locales de ambiente, aunque la mayoría de los garitos eran recintos herméticos a los que había que acceder tocando el timbre. La situación obligaba a convivir en las calles del que era un barrio abandonado a la buena de Dios a dealers, drogaditos y prostitutas.
Hoy todo el distrito es un canto a la vida. El barrio se ha colmado de locales en los que se accede a la oferta más chic de la ciudad en materia de peluquería, restaurantes, ropa para homosexuales, discotecas, bares, casas de diseño y todo lo a lo que uno pueda demandar en un ambiente marcado por la tolerancia absoluta y donde tanto da que un chico de bigote y musculoso camine ataviado sólo con un minishort paseando a su perrito o que la vecina de toda la vida baje a la verdulería en bata y con los ruleros puestos.
Morir de éxito. Tanto cambio en tan poco tiempo no reporta sólo ventajas. En un principio, los vecinos estaban encantados con la llegada del colectivo gay, la apertura de locales de ocio y el nuevo cariz de la zona que obligó a emigrar a los traficantes y delincuentes del lugar. Sin embargo, la revalorización de la zona por haberse convertido en un centro de interés turístico y comercial elevó el precio de los alquileres por las nubes y llevó el valor del metro cuadrado a tocar los siete mil euros para la venta. Consecuencia: ahora los que tienen que mudarse son los vecinos que ya no pueden hacer frente a los arrendamientos y los negocios tradicionales que no se pueden permitir semejantes erogaciones; mientras tanto, como es lógico, siguen llegando los negocios de diseño cada vez más exclusivos y los restaurantes caros, donde este cronista se encontró al espigado Jorge Valdano, aunque deja constancia de que solamente había pedido permiso para usar el baño, este cronista, digo.

La tendencia marca una clara intención de fidelización del turismo gay que deja muy buenos dividendos y la consolidación de una zona de la ciudad totalmente renovada en los últimos veinte años, sin que esto último le costara al erario público ni un solo euro extra, según admite el propio alcalde. ¿El secreto? Si lo hubiera, podría decirse que es un secreto a voces: apertura, tolerancia, creatividad, desenfado, necesidad.
Fotos: Jorge Herrera Marín
29/06/07
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