
Analía Romero Asef (San Francisco)
Corría el mes de noviembre del año 1963 en la ciudad de Dallas, cuando varios disparos le quitaron la vida al entonces presidente de EEUU, John Fitzgerald Kennedy. Desde ese momento su figura pasó a ser una de las más importantes a nivel mundial, no tanto por su desempeño como primer mandatario del país norteamericano, sino por lo trágica y a la vez traumática que fue su muerte.
Sin embargo, este personaje que poco tiene que ver con la historia de nuestro país ni de la ciudad, fue homenajeado con un monumento en el acceso principal a San Francisco, por la avenida Libertador Norte. En el año 1965 fue inaugurado en donde hoy se encuentra. La estructura de cemento, que mide aproximadamente 8 metros de altura y tiene un corte en el medio, representa según su autor, el arquitecto Macchieraldo, "el corte dramático en su vida que apuntaba a ser alta, ese corte que fue su muerte".
Un dato de suma importancia y que es preciso referenciar, es que en Sudamérica sólo hay dos monumentos a JFK, como se lo conoce coloquialmente. El que tenemos en San Francisco fue el primero en erigirse y luego, en 1967, se construyó el de la localidad de Quemú Quemú, en La Pampa, que tanta repercusión y crítica generó por entonces y continúa haciéndolo.
Dato relevante si los hay, no para sentir orgullo de ser los primeros, sino para detenernos una vez más y preguntarnos cuanta importancia merece este personaje que arribó a la Casa Blanca de la mano del fraude, arregló su campaña con la mafia nacional e internacional, complotó en el asesinato de dirigentes extranjeros, tenía como objetivo la cabeza de Fidel Castro y como si todo esto fuera poco, era mujeriego, y adúltero y el desfile de prostitutas por la Casa Blanca, era materia corriente. Sus allegados eran los encargados de mantener en secreto todas sus aventuras y amoríos, por supuesto extramatrimoniales.
El monumento hoy se encuentra descuidado y aunque pasemos por allí a diario, más de uno no sabe que fue construido en homenaje a Kennedy. La idea de realizarlo y colocarlo allí fue mentada por la JCI, sigla en inglés de lo que representaba la Cámara Junior. Era una institución de servicio, como el Rotary Club o el Club de Leones. La sede central de esta agrupación estaba en EEUU, por lo cual no resulta raro que hayan decidido hacer esta obra.
Además, a la Avenida Rosario de Santa Fe, allá por el año 1964 se le había cambiado el nombre por John F. Kennedy, la que en un comienzo, durante el gobierno de Perón se llamó 17 de Octubre. Entonces por eso, según su autor y los entonces mentores de la escultura (no figurativa), la obra decidió colocarse allí.
No estamos aquí para criticar la arquitectura del monumento, tampoco si estamos de acuerdo o no en lo que representa, pero sí para detenernos a pensar, analizar y reflexionar, por qué tenemos en uno de los principales accesos a la ciudad este bloque (totalmente descuidado), en honor a un personaje tan nefasto como este que nada tiene que ver con nuestra historia, identidad y cultura. Cuándo tendremos en las calles de nuestra ciudad más obras que homenajeen a personas que merezcan ser recordadas por lo que fueron, hicieron o aportaron a la comunidad (además del Dr. Carrá) y que cada día que pasemos por el frente, podamos sentir orgullo, no de ser los primeros en tenerlo, sino de alguna vez haberlo realizado.
Nota enviada por el periodista Darío Pérez.
21/8/10
Recomendar esta notaBueno, bueno, una mancha no le hace al tigre de los homenajes. Es peor ver tantas estatuas, nombres de avenidas, plazas, etc., del peor genocida local: Generla Roca (extermino a miles de aborígenes y se quedó para él y para los financistas de la campaña del desierto, de miles de hectáreas, por caso a los Martinez de Hoz que recibió 2.500.000 hectáreas). Este personaje es maligno.
Una cosa no quita la otra. Habría que remover ese monumento a JFK y también los de Roca. E inmediatamente, sin duda alguna poner monumentos de personas representativas de los valores, nuestra cultura y del trabajo realizado en la ciudad, nuestra provincia o nuestro país. Creo que es muy bueno lo del periodista Darío Pérez, al denunciar hechos como este que sinceramente dan verguenza. Uds. se imaginan algún monumento a Perón, Irigoyen o Rosas en un pueblo yanqui ????? Basta. Que se movilizen para retirar ese adefesio y le pongan de nuevo 17 de octubre.
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