
Sosperiodista.
Se tiran cifras, se dan precios, se hacen análisis y cálculos comparativos, se usan los adjetivos más grandilocuentes para pintar el fenómeno, se sacan suplementos, se hace folletería y cartelería, los funcionarios hablan de planificación, los empresarios de negocios; en fin, la construcción privada en Córdoba, goza de buena prensa. La "mala" prensa (por desinteresada), decimos que esto se parece a un festival de torres, a ver quién la hace más altas, habitables y bonitas, para una mayoría que lo mira desde afuera y una minoría que lo disfrutará -algunos ya lo hacen- desde adentro.

De casualidad, ayer dimos con la calle 25 de Mayo al 1.200, entre Coronel Pringles y David Luque, en barrio Juniors. Junto a General Paz, son dos de los barrios residenciales de la ciudad preferidos por los desarrollistas locales para llevar adelante sus proyectos inmobiliarios.

Esa cuadra, esos 100 metros que separan a Pringles de Luque, son un muestrario del poder de destrucción y construcción -vaya paradoja- de la industria constructora e inmobiliaria.
Es una locura. Sólo en ese tramo, contabilizamos cinco edificios en construcción, otro ya terminado para su pronta entrega y otro inaugurado hace poco tiempo atrás, donde se encuentra la actual heladería Grido. Cuatro ocupan esquinas; mientras que los restantes se levantan a lo largo de la cuadra. Sólo unos metros lo separan unos de otros. ¿Alguien se preguntó qué pasará cuando varios vecinos coincidan, por la mañana, en sacar el auto de la cochera para salir al trabajo o guardarlo en el regreso? A esto hay que sumar el tráfico ajeno al sector, que es mayoría.

¿Leyeron bien? Siete edificios en sólo 100 metros de largo. Está todo dicho ahí. Para qué seguir contando manzana por manzana.
El cambio de fisonomía que sufren Juniors y General Paz, es verdaderamente monstruoso. Ya es una desmesura. Quienes piensen lo contrario pueden visitar esa cuadra y hacer un paneo rasante paraditos en medio de la calle. Después nos cuentan. Nos envían un comentario o se ponen a escribirnos una nota, porque este sitio está para eso: para escribir y contar historias, episodios cotidianos. No lo olviden.
Pero volvamos al asunto. Es el festival del ladrillo. Para decirlo con cierta redundancia: a esta altura, habría que pensar en instituir el "Día de los edificios en altura". O los empresarios del ramo podrían pedir al Vaticano la beatificación del intendente Luis Juez, por haberles proporcionado la herramienta de construir torres indiscriminadamente, en cuanto espacio libre existe. Porque es a todas luces claro, que la modificación de la normativa para permitir la edificación de viviendas colectivas (monoblocks) en los barrios residenciales, disparó el lucro urbanístico y proporcionó al sector la seguridad jurídica reclamada, por la cantidad de permisos presentados antes de las modificaciones.

Al fin y al cabo, esto fue un milagro en un intendente que había entrado con los tapones de punta contra el sector, frenando los permisos de edificación en Nueva Córdoba, y renovándolos por varios días. Hasta que todo volvió a su cauce, a la desmesura.
Es cierto que el desarrollo urbanístico salvaje no es propio de Córdoba. Ni de los argentinos. Meses atrás, un periodista ciudadano nos advertía y transcribía párrafos de un artículo publicado por el diario El País, que afirmaba que “la corrupción urbanística empieza a manchar la imagen de España". Allá la cosa también está muy complicada.

No es cuestión de estar en contra del desarrollo urbano ni del lucro. Somos una sociedad capitalista. Pero como diría nuestro amigo ex ministro, Roberto Lavagna, esto tampoco habilita a hacer un "capitalismo de amigos". Mejores niveles de vida traerá el desarrollo urbano, pero ¿para quiénes?
La contaminación visual ya es un hecho. O si no, que desmientan los siete edificios en una sola cuadra. ¿Quién da más? Diez, quince, veinte... "¿Llegaremos?", se preguntan los constructores.

Ni hablemos del patrimonio. ¿El qué? "El patrimonio, hijo. Esta casa, esta cuadra, su historia..."
"¿Pensá en la mano de obra, en los puestos de trabajo que se crean?", nos recitan los empresarios. "No podemos parar el progreso", escuchamos decirle al intendente.
No queremos, pero ver tu barrio transformado por la desmesura urbanística, te vuelve estúpidamente melancólico y anticuado.
16/4/07
Recomendar esta notaBueno, soy vecino de la zona. Primero quisiera rescatar esto "ver tu barrio transformado por la desmesura urbanística, te vuelve estúpidamente melancólico y anticuado." Segundo, no me quiero imaginar el transito por ejemplo, congestiones a diestra y siniestra (por que no creo q bajen esos edificios tan bonitos para ensanchar las calles), una de las tanta causas de que la tranquilidad de la zona decrezca. Tercero, tanto que el sr intendente (si! con miniscula, no por la altura del mismo)hablaba de nva cba y en juniors la edificacion es desmedida. Pregunta: ¿las cloacas estan optimizadas? lo mismo para la red de electricidad, seguridad, etc etc etc. En fin, esto demuestra claramente que en la ciudad con unos pesos se hace lo que quiere
No hay perfil de construccion en barrio juniors.-
hola me llamo nacho nesesito queme pasen la calle obispo trejo si chau un plaser conoserlos chau muchisimas grasias chau
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