
Pablo De La Vega.
A veces las historias de vida de los personajes de una ciudad se estrellan contra tu cara y te hacen detener. Así, como si trataran de despertarte de la cotidianeidad y la rutina que te adormecen cada día.
Mientras espero el colectivo con mi novia, una noche como cualquiera, escucho la voz ronca de un hombre que balbucea solo, pero que se dirige a mí. Confunde su pasado con mi presente y mezcla su historia con la mía.
Todavía no lo miro, pero me dice que las peores mujeres son las que abrazan como mi novia, porque pretenden atraparlo a uno para siempre, cortándonos las alas. Cuando giro para verlo disimula, da vuelta la cabeza y le habla al aire.
“25 años tuve una mujer así”, dice. “Siempre me mintió, pero yo le creía”.
Cuando ya estoy solo me pide disculpas si me ofendió a mi o a mi novia y me suelta su historia, mientras toma vino camuflado en una botellita de Pepsi. “Yo soy bohemio. Soy como Guarany: borracho y cantor”, afirma y entona “Piel Morena” con el timbre exacto de don Horacio. “Canto parecido a él, no puedo decir que canto como él porque Guarany es el mejor”, dice con humildad.
Con corbata roja y una camisa blanca manchada se presenta como Mario, vendedor de rifas pero sobre todo poeta; cuenta que cuando era joven llegó de Mendoza como uno de los camioneros de su tío y que ya no se fue nunca más de Córdoba.
Hoy tiene 67 años. Cuando tenía poco más de 20 conoció en Villa del Totoral, en el norte cordobés, a “Lita”, una morocha hermosa (la más linda del pueblo, remarca) que estaba separada en ese momento, que lo enloqueció y que con ella vivió un amor trunco.
A ella le escribió tres canciones: “Lita”, “La del norte”, “Por miedo a quererte”; y mientras cuenta la historia intercala algunas de las estrofas que le dedicó, y que escucho mientras la gente que pasa me mira como compadeciéndose de mí.
Con la garganta hecha un nudo por el alcohol y los recuerdos, cuenta que Lita tenía tres años más que él cuando la conoció en uno de sus frecuentes viajes a Totoral, y no le costó mucho hablar con ella después de entablar alguna relación con la madre y la hermana. Tampoco le costó mucho llevar a la morocha al “Colonial”, un hotel de la villa, y que luego viniera con él a Córdoba, a trabajar vendiendo rifas.
A pesar de que Mario describe a Lita como una leona en la cama, destaca que era una dama y en cualquier lugar se comportaba como una mujer de clase. Según Mario, era tan linda que hacía que los hombres se “babearan” por ella. “Pero yo nunca la celé”, se escuda antes de que le pregunte al respecto.
Mientras piropea a mansalva a cuanta mujer pase por donde charlamos, cuenta que durante 25 años se vio con Lita, con separaciones de por medio. Y que cuando se cruzaban en la calle sin saludarse hacían un par de metros y se volvían para fundirse en un beso; y terminar el encuentro en un bulín que Mario tenía en barrio Alberdi. En épocas de abundancia despilfarraban el dinero en la avenida Rafael Núñez, porque a ella “le gustaba la plata”.
Pero el cantor un día decidió terminar esa relación. “No dejes que te corten la vida”, me advierte sobre las mujeres, pero se que es su pasado el que habla por él. Mario no quiso que Lita le quitara guitarreadas y madrugadas interminables de canciones y de vino. La vida solitaria lo había enamorado mucho antes que la del norte, y le dijo que no quería estar más con ella. “La ofendí para no verla más” dice, y deja de hablar de Lita.
Y de nuevo vuelve a cantar canciones suyas y de otros que refieren a lo mismo: engaños, amores perdidos y pasiones no correspondidas. Describe lugares, personajes conocidos y desconocidos.
Afirma que conoció al Chango Rodríguez cuando salió de la cárcel, y que también es amigo de Rony Vargas y hasta Jean Carlos. “Rony me dice Maestro cuando me encuentro con él”, dice orgulloso.
Me pide un par de cigarrillos y caramelos, y cuando le cuento que soy periodista me ofrece contactos con sus amigos en Cadena 3. “Vos sos un buen pibe”, especula sin fundamento y con una sonrisa.
En un primer momento accede a que le saque una foto, pero al ver mi celular se incomoda, desconfía y se molesta un poco. Me pide mi nombre y mi teléfono para, insiste, conseguirme trabajo en la radio.

Le pregunto si volvió a buscar a la morocha.
“No, se casó y tuvo sus hijos, hizo su vida”.
Y pienso cómo a veces esas historias suelen pasarnos por un costado, en una plaza, una calle o esperando un colectivo.
Me despido, y después de hacer un par de metros el hombre me llama, y le pone un gran y triste final a la historia de Lita. Con la mano al lado de la boca me dice casi en secreto, casi cantando: “y no la puedo olvidar…”.
Las dos mejores estrofas de Canción del Adiós, de Horacio Guarany
Me queda tu sonrisa grabada en el recuerdo
y el corazón me dice que no te olvidaré
pero al quedarme solo sabiendo que te pierdo
quizás comience a amarte como jamás te amé.
Te digo adiós y acaso con esta despedida
mi más hermoso sueño muera dentro de mí
pero te digo adiós para toda la vida
aunque toda la vida siga pensando en ti.
8/2/07
Recomendar esta notaEs cierto... de esas historias hay miles... y muchas veces pasan a nuestro lado sin que las "escuchemos". Mario tenía muchas ganas de contar la suya y por suerte se topó con Pablo que le dio la oportunidad de hacerlo. Muy buena historia para quien la contó y excelentemente narrada a quien la escribió. Saludos.
creo haber conocido a este hombre u alguien parecido, pero a diferencia de pablo, nunca me detuve a preguntarle sobre el sentido de lo que decía o lo que pretendía comunicarme. felicito al periodista por haberlo hecho, porque esto me anima a mí a imitarlo para una próxima vez.
pobre mario y que yegua Lita.
Gracias Ana, de verdad. Francisco gracias a vos tambien y espero tus cronicas ciudadanas. Un abrazo.
Felicitaciones a Pablo por su excelente trabajo, me trajo recuerdos de cuando vivía en Córdoba, como estudiante, y de las veces que pude charlar con personajes anónimos y de muchas historias que tocaban lo más profundo del alma.
Te saludo y envio mis felicitaciones por haber expresado con sensibilidad esta hermosa historia. la mamá de Mario.
Vivo en Totoral No puedo creer lo que leo. Lita!!!!!!!!!! La conozco y sí, es linda, todavía lo es. Quiero saber más. Contame, Mario.
el relato que hacés es realmente genial, creo que no le sobra ni un puntoni una coma, me recuerda los 70s cuando era joven y vivia en capital, y en las noches de San Telmo me cruzaba en un bar como el "Bar Union", u otros muchos que ahora no recuerdo el nombre y me contaban sus historias, parecidas a la de tu relato, o me leian sus poesias, mientras compartiamos un vino y un cafe e inumerables cigarrillos, historias de vida tan aceptables comocualquiera. Voy camino a la vejentud, ya son 59 primaveras, e incontables desengaños, de minas y de los otros, pero ha sido buena la cosecha en amigos y experiencias. Tengo un programa de radio en La Plata en la 104.1 FM Fundacion, junto con otro loco del micrófono, como yo, tal vez almas gemelas, no lo sé, Ja Ja, el programa va los sábados de 10 a 12 y se llama "Cronicas de una ciudad" (se refiere a cualquier ciudad), y como acompañamiento a nuestros diálogos pasamos tangos, mi compañero, José Olivo Berlanda sabe mucho del tema, y el motivo del presente es pedirte permiso para leer esta crónica a nuestros oyentes, desde ya que citando la fuente. Me gustó mucho y por eso te lo pido. quedo a la espera de tu respuesta y quedo a tu disposición para lo que te pueda servir. Desde La Plata, Jorge Julio Hunt, para lo que gustes mandar, muchas gracias.
Ese dia te mandaron un mensaje pibe. Quizás alguna vez lo entiendas.
YPF, una piedra en el surtidor
Acusan a la UNC de avalar daños al ambiente en Pampa de Oláen
Usuario denuncia picardías de una empresa con el boleto educativo

El municipio insiste en provincializar el Hospital del Sur. Intervención, robo y asamblea en el centro vecinal de Villa El Libertador. ¿Por qué la Caja de Jubilaciones es deficitaria? responde un especialista. Un club busca recuperar el nombre que la dictadura censuró. Un muro de tierra separa un asentamiento de un barrio cerrado. Un experto indica cómo deben proceder los trabajadores comunitarios en salud. El problema de la vivienda en la ciudad. Y más: ingrese y descargue La Décima de mayo 2012.