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El acto de la AMIA en primera persona /

El acto de la AMIA en primera persona

Un grupo de chicas adolescentes se aprestaba a apoyar el acto de Justicia y Memoria al conmemorarse los 13 años del atentado terrorista a la AMIA. Una pancarta que signaba a la organización social a la que pertenecen -pero que nunca abrieron- las convirtió en blanco de cuatro miembros de vigilancia y del interrogatorio de la policía de la Provincia. La periodista ciudadana cronica los hechos y considera que esta actitud conspira con el deseo de participar y comprometerse en causas sociales.


Sofía Blotta

Ayer, como habrán notado, la noticia principal en todos los diarios, noticieros, y medios de comunicación en general, fue los actos conmemorativos a razón de los trece años cumplidos desde aquel 18 de julio en el que la AMIA, sede de la Asociación Mutual Israelita en argentina, estalló como resultado de un atentado terrorista.

Estoy segura que no se enteraron, escucharon ni escucharán en ninguna parte es cómo se vivió ese acto en primera persona, o al menos cómo lo viví yo. A continuación, la crónica de lo que nadie contó...

Mis compañeras y yo nos juntamos con el objetivo de hacer presencia en el ceremonia evocativa al atentado a la AMIA que se realizaría en Córdoba, específicamente en la explanada del Cabildo a las doce y media del mediodía.

LLevábamos con nosotras una pancarta doblada (sin abrir), en la cual se encontraba el nombre de la organización social a la que pertenecemos, en representación de la cual íbamos a apoyar la causa de "Justicia y memoria" a la que se convocaba esa fecha.

Además del atril preparado para la acomodación de los músicos que tocarían, el cartel con el dibujo de una paloma formada por los nombres de las víctimas del atentado, los equipos de sonidos, los diferentes medios televisivos presentes, entre otras cosas, hubo algo que me llamó poderosamente la atención: una especie de 'corralito' cercaba el espacio en donde sólo algunos- vaya a saber qué requisitos había que reunir- podían entrar para vivir más de cerca el acto. Había guardias pertenecientes al equipo de guardias de la DAIA por todos lados. De paso- por qué no- mencionemos la presencia del señor Vicegobernador, Juan Schiaretti, quien llevó un verdadero 'batallón' de policías del cuerpo de vigilancia de la provincia a lucirse. La imagen que se veía era peculiar, y al no encontrar ninguna organización social presente, decidimos no elevar nuestra pancarta y quedarnos afuera del 'corralito' colocado bajo la orden de vaya uno a saber quién.

No nos hizo falta mover ni un pelo para llamar la atención de la gente cercana a donde estábamos. Apenas nos ubicamos, preparadas para presenciar el acto, se nos acercó un muchacho de la vigilancia de la DAIA, que tendría veintidós años, para preguntarnos si veníamos al acto; qué era lo que nuestra bandera decía, de qué organización éramos, entre otras cosas. Por supuesto no tuvimos ningún inconveniente en responderle esas preguntas, después de todo sólo íbamos a apoyar su causa.

"¿El problema es la bandera", le preguntó una de mis amigas, a lo que el guardia contestó que "no, pero quizás sería conveniente que no la abrieran, porque como es un acto de recuerdo y memoria, no sé si sería apropiado. Igual les agradezco su presencia, es muy importante para nosotros".

Otro joven del mismo cuerpo de vigilancia se nos acercó (¿un minuto habrá pasado?) después de que el primero se vaya. Básicamente nos interrogó lo mismo que su compañero y nos avisó que no había problema de abrir la bandera si queríamos, solamente que nos teníamos que colocar atrás "así la gente puede ver y no parezca como que su presencia es algo imprevisto".

"Bueno- nos dijimos entre nosotras- vamos entonces 'adentro'", refiriéndonos al famoso espacio cercado. Nos dirigimos hacia uno de los ingresos, pero cuando intentamos entrar, dos guardias se pusieron frente nuestro, cerrándonos el camino. "Está todo bien, yo ya hablé con las chicas", les dijo el segundo muchacho con el que conversamos. Entramos, entonces, y nos ubicamos en el medio, con la bandera baja y cerrada, acordando entre nosotras no abrirla, dadas las circunstancias. No pasaron treinta segundos desde nuestro ingreso hasta que el mismo custodio que nos había dicho que no había inconvenientes con la apertura de nuestra pancarta, nos sacó, diciéndonos que no se puede ingresar con tal elemento, que en todo caso nos coloquemos del lado exterior.

Estábamos realmente furiosas por el asunto: ¿qué podíamos llegar a hacer cuatro chicas de dieciséis años con una bandera cerrada en un acto conmemorativo? Nos quedamos entonces afuera del cerco, sin molestar a nadie, sin hacer nada más que esperar a que el acto comience.

La policía provincial no se podía quedar atrás en los 'chequeos' rutinarios acordes con la situación. Acercándose a nosotras, el identificado luego como el Subcomisario Ramos- coordinador del cuerpo de vigilancia policial de la Provincia de Córdoba que se encargó de la seguridad del acto-, nos cuestionó al principio sobre la causa de nuestra presencia en el lugar. Cansada de lo mismo le repondí que estábamos " paradas en la plaza, un espacio público, ejerciendo nuestro derecho de ciudadanos de andar en la calle". Utilizando su autoridad, aprovechando nuestro desconocimiento de los límites a los que puede llegar el poder que se le otorga a alguien que tiene tal cargo, y alegando su cuestionario como un chequeo, me preguntó la edad, el nombre y apellido, la dirección, el colegio al que vamos, y hasta se dio el lujo de preguntarme a qué hora vamos, al mejor estilo Vito Corleone, si saben a lo que me refiero. Le suministré datos falsos, por una cuestión de seguridad que sólo el que vivió una situación como la nuestra puede entender.

No nos dejó de mirar durante todo el acto, cual vigilante cuidando que el ladrón recién suelto no robe- y pensándolo bien, ni siquiera se le asemeja.

El acto finalizó de la manera que todos ya se habrán enterado por los diarios o la televisión; para nosotras no fue un final tan lindo, o al menos como esperábamos antes de haber soportado la mala experiencia que relaté.

Nos retiramos sin entender la actitud de varios miembros de la vigilancia de la DAIA, a excepción del primer joven, el único que nos trató decentemente, e indignadas completamente con la policía de la provincia, que conformes luego de mostrar su 'gran capacidad' de custodiar un evento público, se retiró del lugar cinco minutos después de finalizado el acto.

Actuando de esa manera, tanto miembros de la DAIA como autoridades policiales, se están encargando de asegurar que la gente- en este caso nos tocó a mis compañeras y a mí- cada día se vaya animando menos a participar de sucesos de esta índole, por miedo, por precaución, o por lo que sea.

19/07/07

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