escribi tu nota

publica tu articulo

el surprensa red

Córdoba

Culpar a la Nación para exonerar a la Provincia /

Culpar a la Nación para exonerar a la Provincia

Consciente o inconscientemente, La Voz del Interior intentó instalar la idea de que Córdoba no tiene nuevos caminos por culpa de los incumplimientos de la Nación y no por las decisiones de un gobierno justicialista que hace 13 años que gobierna y cuyas prioridades pasaron en el último tiempo por tener una nueva y moderna casa de Gobierno antes que salvar la vida de miles y miles de automovilistas.

Sosperiodista.

Ayer La Voz del Interior, no sé si consciente o inconscientemente, intentó instalar la idea de que Córdoba no tiene nuevas rutas por culpa de los incumplimientos de la Nación con respecto al gobierno provincial.
En la sección Política, el diario tituló que "La Nación debe el valor de la autovía a Río Cuarto y tres mil casas". Aludía de esta manera al reclamo que viene manteniendo la Provincia con la Nación por el déficit de la Caja de Jubilaciones y otras obras de infraestructura.
Córdoba reclama por esto el envío de 2.200 millones de pesos.
La Voz del Interior señala en la nota que "si esos fondos llegaran en algún momento, la Provincia podría encarar algunas obras indispensables: la autovía Córdoba-Río Cuarto (1.600 millones de pesos) y la construcción de tres mil viviendas para la clase media, que demandarían una inversión de 600 millones de pesos".
La sugerencia surge del propio diario, ni siquiera de un funcionario provincial.
Consciente o no, el enfoque del artículo periodístico deja entrever una crítica hacia el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, que entendemos injusta.
Injusta porque hace trece años que el justicialismo de Córdoba gobierna la Provincia y recién ahora los funcionarios (del gobernador para abajo) advierten que es necesaria la construcción de la autovía de Córdoba a Río Cuarto(ruta 36) o la autovía de Córdoba a San Francisco (ruta 19).
De la Sota gobernó ocho años la Provincia, con una importante obra pública en escuelas, viviendas, caminos, entre otros. Luego lo sucedió Juan Schiaretti quien llevó a cabo "obras irrelevantes" (le dijo hace poco el diputado nacional Fabián Francioni) como el Centro Cívico, el Faro del Bicentenario y el Parque de las Tejas. La nueva terminal si bien era necesaria, terminó generando dudas hasta en su utilidad por la pésima planificación y ejecución de la obra.
El Centro Cívico tuvo por sí solo un costo de inversión (incluye el financiero) de 792 millones de pesos, y esto como mínimo, ya que no se tienen en cuenta el aumento del valor de la obra por la actualización de los costos.
Ya con eso la Provincia habría dispuesto de la mitad de los recursos obtenidos con más deudas para costear la mitad de la autovía a Río Cuarto.
Pero las prioridades del peronismo pasaron por otro lado. Por eso es injusto intentar hacer aparecer como culpable del aumento de las muertes en las rutas de las provincias al gobierno nacional cuando para los funcionarios de Córdoba fue más importante tener una Casa de Gobierno moderna que preservar la vida de miles de automovilistas.    
Santa Fe, por caso, inició y terminó con recursos propios la autovía hasta el límite con San Francisco, lo que demuestra que el problema a veces no es endeudarse sino darle un destino productivo a los fondos. Productivo para el interés común.

16/7/12


Recomendar esta nota





Jose A. Cmet

¡Excelente la nota de Sospe!. ¡Hay que animarse a crearla y hacerla pública!. Pero que interesante que llenemos de comentarios la presente, a favor o en contra. ¿Soy libre y usted?.



nahuelkastelli

Gobierna el peronismo en Córdoba??



ROMAN

Esta deplorable realidad planteada en la ruta nacional 36 es muy penosa al comprobar su abandono y creciente mal estado. Resulta aún más penoso verificar el espantoso gesto de nuestro gobernador, de querer resolver el problema de esa ruta con su clásico “cordobesismo” que le permite gobernar, echando culpas a las decisiones de otro. Este problema vial de Córdoba, parece, ya se convirtió en un botín de guerra entre los bandos del frente gobernante. Lo grave es que esto provoca una lamentable consecuencia: el pueblo quedó sometido a los malabares de una obscena puja por el poder a la vista de todos. Pero quizás en un año veremos tremendos movimientos de tierra para rehacer la ruta 36. El problema es quien le pondrá los carteles a los montones de tierra. Esta ruta nacional es la columna vertebral de la provincia y el gobernador (como nadie) lo sabe, porque es su camino obligado para ir a trabajar y volver a su casa. Pero ya se decidió a enfrentar este duro camino y está bien que lo encare de una buena vez. De lo contrario ni sus amigos de Brasil querrán venir hasta Córdoba. Se quedarán en Santa Fe…



Eduardo Planas

El kirchnerismo El kirchnerismo es una experiencia nacional y popular que todavía no logró una conceptualización que precise sus rasgos particulares, rasgos diferentes a los movimientos previos a la dictadura que respondían a esta identidad, y también, claro, distintos al primer peronismo. Allí suelen cruzar argumentos militantes de los años ‘60/’70 (revolución), de los ‘80 (intentos de síntesis entre liberación y democracia institucional), de los ’90 y del 2001: años de los movimientos sociales, la autonomía, la participación, de un nacionalismo popular “más rockero”, de una militancia más descontracturada en relación a las anteriores. Si logramos extraer lo mejor de cada período, me parece, nos acercaremos un poco más al nuevo paradigma liberador que necesitamos. Un paradigma que no esté regido por las modas intelectuales, que no reniegue del pasado ni lo idealice. En fin, que logre articular estas tres palabras o conceptos claves, que marcaron a cada una de estas generaciones: revolución, democracia institucional y democracia participativa con protagonismo de movimientos populares. Esto, hasta que la historia no diga lo contrario. Pero, me parece, que con esta triple articulación tenemos para rato. Sus enemigos, y sin riesgo de cometer esquematismos, pueden ser definidos precisamente como los históricos y los nuevos sectores antinacionales y antipopulares: el capital concentrado del campo y la ciudad, la embajada norteamericana, el poder mediático, financiero. Las cúpulas eclesiales y civiles comprometidas con la última dictadura. Y para definir lo nacional y lo popular se tiene que hacer en términos relacionales. Me refiero a esto: derecha-izquierda, popular-antipopular, nacional-antinacional no se definen por lo que diga un programa pre-electoral o la página web de un determinado partido o dirigente. Estos “pares dialécticos” (perdón por la definición pero es lo primero que se nos ocurrió) se definen en términos relacionales, decía. Derecha o izquierda respecto de qué alternativa de poder real. Nacional y popular respecto de qué proyecto hegemónico o con posibilidades de instaurarse como tal. Pongamos un ejemplo de otro país. Chávez y a Correa. Ahora, ¿por dónde pasa la liberación, la revolución, el cambio social profundo, como quieras llamarlo, en estos países? ¿Pasa por Chávez y Correa o por el partido que le critica a Chávez vender petróleo a Estados Unidos, o por izquierda ecuatoriana que dice “Correa no es de izquierda, es cristiano y se doctoró en Estados Unidos, más temprano que tarde va a traicionar”, que lo impugna por cuestiones ambientales y por hablar de “democracia socialista” y no de socialismo a secas? El kirchnerismo desde el 2003 hasta la fecha, expresa un doble intento: reconstruir al país y sacarlo del neoliberalismo hacia mejores y más justas formas de organización social. Después de este proceso vos podrás aspirar a otra cosa. Pero sin este paso, esa “otra cosa” mejor es imposible. Con respecto del primer punto, lo que quiero decir es esto: Néstor Kirchner y Cristina Fernández promueven un proceso de reconstrucción nacional de lo destruido en todos los niveles de la sociedad desde 1976 hasta la fecha. Cuando digo “en todos los niveles de la sociedad” me refiero a todos: Estado, economía, sistema productivo, emergencia social, sociedad civil, organizaciones y movimientos sociales, conciencia o subjetividad popular, cultura hegemónica. El otro intento, el de la salida del neoliberalismo, es el mismo que protagonizan muchos países de América Latina. Desde Venezuela a Uruguay pasando por Bolivia y Chile: el intento por salir del neoliberalismo hacia un proyecto de sociedad que sea superador del capitalismo neoliberal pero que es aventurado precisar sus características y contornos. Cada nación lo hace acorde a su propia realidad, su propia historia, sus propias identidades y va tan lejos como le permitan la relación de fuerzas con sus enemigos, el talento o la decisión política de sus dirigentes y, fundamentalmente, la voluntad nacional-popular de sus respectivas sociedades nacionales. El kirchnerismo es el intento argentino por salir del neoliberalismo hacia un país con los mayores niveles posibles de autodeterminación nacional, igualdad. Una tarea doble y combinada: reconstrucción y avance que combine inclusión y justicia social, mejor salario y mayor poder de decisión a los trabajadores organizados con un tipo de desarrollo productivo que mire hacia dentro del país, hacia el mercado interno y cuando mira hacia fuera, hacia el exterior, mira cerca, pero lejos. Cerca: América Latina y el Caribe: Mercosur, Unasur y otros. Pero lejos porque en el mundo pos Guerra Fría, pos Muro de Berlín, la estrategia más inteligente para actualizar la consigna liberación o dependencia en el plano internacional es la conformación de polos de poder o de “contrapoder” regional que resguarde grados de autonomía “supranacional” a los países que integran cada bloque, en contra de quien sigue siendo la potencia hegemónica, aún en un mundo multipolar. Es decir, a los Estados Unidos y sus aliados. A esta estrategia doble y combinada el gobierno la desarrolla desde una matriz nacional y popular. Esto, lo nacional y popular está presente en palabras claves y que parece, son evidencia comprobable desde el 2003 hasta el día de hoy: mercado interno, integración latinoamericana, los trabajadores organizados como interlocutores privilegiados. A estos rasgos típicamente “nacionales y populares” según la autodefinición de los actores involucrados (sus enemigos lo llamaron y lo llaman “populismo” en un sentido despectivo, y puede ser, pero este ya es otro tema) le podemos agregar un discurso y una recuperación de la política. Se dice discurso y no se hace refeerencia exclusivamente a los temas o al contenido de lo que hablan Cristina Fernández o Néstor Kirchner desde un palco. Se refiere a palabras, conceptos, símbolos que ellos volvieron a hacer públicos y que habían sido sacados de circulación por la liviandad política del período que los precedió Con Néstor Kirchner reaparecieron las palabras y arengas a favor de la Nación y del pueblo. Es interesante leer lo que decía la vanguardia o parte de la vanguardia de la derecha y del poder real en la Argentina. Me refiero al diario La Nación. Clarín y todos los medios privados, por supuesto, son trincheras culturales del modelo a superar. Pero en este caso, fue La Nación quien empezó a alertar cuando Kirchner arrancó hablando de “patria y pueblo”. Ellos, los enemigos, saben lo que dicen y hacen. Kirchner, en ese momento, no tenía ninguna necesidad de rescatar este “viejo” lenguaje nacional y popular. Cuando asumió, la lengua hegemónica hablaba de “gente” y de “ciudadanos”. Y él irrumpió con estas palabras que tienen otro filo. Para ellos son palabras cargadas de amenazas.



Uturunk

El primncipal culpable del deficit de la Caja de Jubilaciones es De La Sota, cuando estableció la jubilación anticipada, que significo que se multiplicaran las jubilaciones. En segundo lugar, la rebaja del 30 % de los impuetos establecida bajo la gestión (?) de Kamerath. En tercer lugar, la implmementaci´n de politcas de achicameinto del Estado, mediante la creación de Agencias y otros artilugios como el caso de los contratados, que significa que miles de trabajadores de la administración publica dejabande aportar a las cajas. No se logrará equilibrar las cuentas sin otra visión del papel del Estado, que logre reconstruirlo y recuperar lo perdido con el desguace de las empresas del Estado (Banco de Córdoba, EPEC, EPOS), con la consiguiente reducción de aportantes a la Caja, a lo que debe añadirse que los faltantes de personal fueron cubiertos con trabajo precario (pasantes, monotributistas, servicios de terceros) que no tributaba al sistema previsional, en toda la Administración y las entidades autárquicas. El desastre que se provocó no puede paliarse con quitas a los jubilados, que cobran más que sus pares de la nación, pero también aportan porcentajes mayores y sobre sueldos más altos, que en situaciones estables crearían el equilibrio que hoy se observa en el sistema nacional. Plantear la cuestión en estos términos, como es obvio, no resulta atractivo para ninguna de las variantes del “partido único neoliberal cordobés”. Deberían, para el caso, rectificar lo que son. Y eso es pedir lo imposible: ellas tributan a la Fundación Mediterránea y a los núcleos de poder económico concentrado, para no hablar del sector agrario, cuya contribución impositiva es tan minúscula que roza lo ridículo y registra, sin embargo, el mayor incumplimiento. El profesor Treber señala que el atraso en la valuación de los campos ocasiona una pérdida muy superior a los 1000 millones, equivalente al tan meneado déficit de la Caja, para cuya resolución sólo atinan a reclamar a la nación. Es decir que actualizando solamente el impuesto rural, ya tendríamos solucionado el deficit así como por ejemplo estableciendo tributos a las operaciones financieras. Pero eso es pedir peras al olmo a estos gobiernos neoliberales, casualmente sustentados en favorecer a los sectoers mas poderosos de Córdoba.




Completa este formulario para recomendar esta nota:

Tu email:

Tu nombre:

Email de tu amigo:


escribi tu nota