
Carlos La Serna y Jacinta Burijovich.
La ética y la transparencia constituyen valores que la sociedad reclama cada vez con mayor fuerza. Como tales, surgen frente a la creciente conciencia acerca de las consecuencias de la corrupción sobre el conjunto de valores e instituciones de las sociedades modernas. La política, la democracia, la economía, la justicia, la sociabilidad, la equidad, resultan malversadas por el entendimiento perverso que la misma comporta. La debilidad de la creencia en tales instituciones tiene en la corrupción una de sus causas mas firmes.
Siendo ello claro, no lo es tanto que la corrupción no constituye un fenómeno nuevo, lo que es nuevo es su carácter público. La corrupción, en efecto, tiene cabida en el origen mismo de nuestra sociedad moderna. Baste leer “La Zaga de los Anchorena” de Juan J. Sebreli, “La Construcción del Estado” de Oscar Ozslak o las diversas contribuciones de José Luis Romero, para constatar que la acumulación de riqueza acudió frecuentemente a métodos espurios y alejados de la ley.
A pesar de la antigüedad que la cuestión registra, la institucionalidad de políticas que la combatan es reciente. La caída del muro a fines de los 80, es el hito que desata una fase de modernización que incorpora nuevas exigencias a la democracia, entre ellas la del control de la corrupción y la del ejercicio de la ética y la transparencia.
Apuntemos al respecto que la crisis que deviene con el colapso sucesivo del intervencionismo industrialista y del neoliberalismo, lleva a que la democracia haya dejado de tener a los partidos y al parlamento como sus espacios únicos de reproducción. Ella se desarrolla en otros carriles, pero no en contra de ella: en la familia, en los grupos barriales, en los nuevos movimientos sociales. Se trata de aquello que Ulrich Beck denomina la “sub política”.
Es pues desde el espacio público de la sub política, desde donde se reclama transparencia y ética en el ejercicio de la función pública, sea ésta representativa, judicial o ejecutiva. Y es fruto de este reclamo que los gobiernos han comenzado a poner atención en un fenómeno que adquiere progresivamente un carácter cultural, cristalizando como práctica frecuente en buena parte de nosotros.
Es en el marco de este tipo de consideraciones que se constituye un grupo de investigadores para, en el ámbito del Instituto de Investigación y Formación en Administración Pública (IIFAP), llevar adelante un análisis destinado a caracterizar la aplicación, en el caso de la Municipalidad de Córdoba, de las normas contenidas en la Convención Interamericana de Combate a la Corrupción (CICC).
Se trataba de una demanda realizada por la Intendencia de la Municipalidad a la Oficina Anticorrupción del Ministerio de Justicia del Gobierno Nacional, Oficina ésta que nos invita a proponer un proyecto para realizar el mencionado trabajo.
Cerca de cuatro meses de trabajo y un equipo interdisciplinario permitieron arribar a un diagnóstico, producto de la aplicación de diversas técnicas de indagación –revisión normativa, análisis de procedimientos, entrevistas en profundidad, encuesta de opinión, registro del papel de los medios gráficos, etc. El cuerpo de este informe de más de 200 hojas toca una amplia temática: Contexto político, Política de personal, Organismos de control (Concejo Deliberante, Tribunal de Cuentas, Secretaría de Control Administrativo), Normativa municipal en materia de transparencia (Declaraciones Juradas, Acceso a la Información, Conflicto de Intereses, Compras y Suministros, Mecanismos de Participación Ciudadana), Rol de los medios de comunicación, Rol de las organizaciones no gubernamentales, Rol de las universidades.
Finalmente, el informe desarrolla los resultados de una encuesta aplicada a empleados municipales, a organizaciones no gubernamentales, a docentes universitarios, a periodistas.
Sobre “una pequeña parte de dicha última parte” del informe, Sosperiodista extracta resultados acerca de la opinión de empleados municipales respecto a la corrupción.
Es claro. El sitio toma la parte de mayor repercusión del informe, generando una nota en su edición del día 24 de julio, que es reproducida por la prensa gráfica, tomando en un caso una manera altamente deformante: “Encuesta revela corrupción grave en el municipio”, es el título principal de la portada de la edición del 25 de julio de La Mañana de Córdoba, trasuntando la idea de que el análisis realizado “descubre” la existencia de corrupción.
Nada más alejado del objetivo del análisis ni del significado de la encuesta de opinión aplicada, la cual busca conocer los valores y las percepciones de los mencionados grupos de personas en relación con el fenómeno de la corrupción, no sólo en el ámbito municipal, sino también en el nivel provincial y nacional, como en las prácticas cotidianas de los encuestados.
El propósito de la implementación de la Encuesta Valores y Opiniones sobre la Corrupción fue complementar los datos del diagnóstico y contribuir al diseño de una estrategia que permita combatir este fenómeno a partir de identificar la percepción que sobre la corrupción tienen los empleados municipales y actores claves de la sociedad civil. Con este instrumento se pretendió indagar, de una manera amplia y comprensiva, la extensión de prácticas corruptas, a través de variables tales como el grado de tolerancia a la corrupción, atribución de las causas, efectos y responsabilidades, experiencias personales, opinión sobre la propia responsabilidad, entre otras.
Los datos que presentamos a continuación (que son sólo algunas de las respuestas encontradas) nos permiten comprender la complejidad del tema y la imposibilidad de abordarlo tomando sólo uno de los aspectos relevados.
La extensión del fenómeno de la corrupción es posible observarla cuando los encuestados responden a la pregunta sobre las causas de la corrupción y la atribuyen “a la cultura en que estamos socializados los argentinos” y también, en aquellas respuestas donde la mayoría de los encuestados considera que “la responsabilidad de acabar con la corrupción es de todos”
Para valorar el significado del título de tapa de La Mañana de Córdoba agreguemos que los encuestados consideran que es mayor la probabilidad de acabar con la corrupción en la Municipalidad de Córdoba que en la Argentina y también, que en el último año y con respecto al tema de la corrupción, la Municipalidad de Córdoba se encuentra mejor que el resto del país.
Para concluir, el periodismo no ha ejercido en este caso la primera operación de una acción de investigación que le es propia, cual es la lectura completa del informe o al menos de la parte señalada. Ha hecho así un uso apresurado, en el señalado caso amarillista, de un análisis desarrollado sistemáticamente, que ha buscado aportar a “la mejora en la implementación de políticas de transparencia y medidas de control de corrupción en el ámbito de la Ciudad de Córdoba”, según rezan las Especificaciones Técnicas de la Contratación entre la Oficina Anticorrupción y la Universidad Nacional de Córdoba, vía el IIFAP.
En tanto coordinador académico del estudio e investigadora a cargo de la encuesta aplicada, entendemos que la corrupción y el esfuerzo por conocer el estado de las políticas de control en el Municipio de nuestra Ciudad, deben ser tratados con una rigurosidad periodística que permita que el fenómeno y las políticas municipales al respecto, sean conocidas en su integralidad y complejidad. Este es el aporte que la sociedad espera de los medios, en una cuestión cuya importancia se descubre cuando pensamos en el ejercicio pleno de los derechos ciudadanos.
Nota de Sosperiodista: Los autores son miembros del IIFAP de la UNC. En el trabajo mencionado ejercieron los roles de Coordinador académico e investigadora, respectivamente.
Este artículo también fue enviado a los diarios Día a día, La Voz del Interior y La Mañana de Córdoba
Relacionada: http://www.sosperiodista.com.ar/Cordoba/Municipales-perciben-corrupcion-y-algunos-se-admiten-corruptos
Imagen: gatoprado.blogia.com
26/07/07
Recomendar esta notaCon todo el respeto que me merecen los profesionales que realizaron la encuesta nosotros los ciudadanos queremos datos concretos de la realidad y si son numericos mejor, no tenemos tiempo para leer informes de 200 hojas porque trabajamos de 8 a 12 horas diarias para cobrar sueldos muy inferiores a los que cobran los municipales por 6 horas de trabajo...esto cuando trabajan...Los investigadores creen que los cordobesos "somos tontos"...no señores conocemos la corrupcion porque la sufrimos a diario en todos los poderes del estado y lo peor "no tenemos donde denunciar" porque el PODER JUDICIAL que es el organo que debiera trabajar para evitarla es el mas inmoral y corrupto . Me pregunto a esta altura de los acontecimientos alguien cree que LOS CIUDADANOS NECESITAMOS ACLARACIONES...o...ENCUESTAS...o...TRABAJOS DE INVESTIGACION...para saber lo que pasa...por favor..."QUEREMOS JUSTICIA VERDADERA" porque todos sabemos muy bien donde esta la corrupcion y quienes son los corrutos, tambien sabemos que le tenemos que pagar "fortunas" como sueldos mes a mes por estafarnos moral y economicamente. "ESTAMOS CANSADOS DE QUE NOS TOMEN EL PELO". Saludos
La Indiferencia y el Silencio ante la Corrupción de la Ciencia. El Periodismo y los Partidos Políticos frente a la Investigación Científica en Argentina. En la larga lucha por descifrar la madeja de la corrupción en la ciencia argentina fue preciso incursionar sucesiva y simultáneamente en los ámbitos administrativos, judiciales, periodísticos y políticos. Si bien los intentos ensayados hasta el presente en los ámbitos administrativos (recorriendo todo el espectro de los organismos de control oficiales y privados incluido el BID) y judiciales penales y contencioso-administrativos (Jueces Heiland y Martínez de Georgi) fueron comunicados a la opinión pública a través de múltiples foros electrónicos (Pol-Cien, Argentina Indymedia, CMAQ, Salta21, El Libre Pensador, FMMEducación, Critica Medicina, El Ortiba, etc.), las reiteradas tentativas en las esferas políticas y periodísticas han resultado hasta hoy sospechosamente infructuosas. Entiendo que esta tarea de desciframiento es imprescindible para poder comprender también el porqué de la irresponsable indiferencia o abandono de la clase política y periodística y el aura de silencio e impunidad enhebrada alrededor de un eterno pozo ciego como es el de la corrupción existente en los organismos científicos del estado argentino. Este silencio, indiferencia y abandono pueden atribuirse a múltiples motivaciones entre las cuales cabe conjeturar: a) la expectativa aún pendiente en demorados pronunciamientos judiciales; b) la connivencia de algunos medios y ciertos políticos con las diversas nomenklaturas que vienen participando de esta corrupción; c) la incomprensión sobre la relevancia política que tiene la carencia de una intelectualidad crítica; y d) el desinterés por abrir una agenda de debate acerca de la cuestión de la transparencia y la corrupción en los organismos de investigación científica. De todas ellas, estas dos últimas conjeturas son las que exhiben la irresponsabilidad más agraviante. En efecto, la incomprensión del tema y el desinterés por abrir un debate cada vez más impostergable obedecerían a su vez a una deformada escala de valores y códigos donde el espíritu crítico, reflexivo y cuestionador de los saberes oficiales viene siendo crecientemente ocultado y ahogado; y a una distorsionada tabla de prioridades públicas donde la prelación principal es otorgada a los cortoplacistas medios económicos (e.g.: retenciones o reservas) o a los efímeros recursos mediáticos (e.g.: Ley de Medios). Un periodismo político y una acción político-partidaria que no valoren el rol prioritario que la transparencia ética, el espíritu crítico y el mérito intelectual deben tener en la cultura de una nación no tienen destino histórico y solo pueden incubar el huevo de la serpiente. Y en un estado-nación que se precie de una historia y una cultura republicanas a ningún periodista o político le puede caber duda alguna que lo que se debe premiar es el esfuerzo y el mérito individual por sobre la antigüedad en el trabajo, la observancia de verdades establecidas, o la procedencia social, corporativa, geográfica, étnica, religiosa o político-partidaria. Pero hoy por hoy en Argentina, lo que prevalece entre los científicos e intelectuales como identidad legal y oficialmente recompensada es la filiación a grupos o corporaciones de saberes, poderes e intereses donde se autocensuran, disciplinan y empatotan y en donde medran con los botines de guerra, o alquilan su silencio por un plato de lentejas; aunque con ello se lleven puestos los sueños y las utopías de una nación, otrora conocida en la educación y la cultura como la primera en América Latina, y también una de las principales entre las naciones del mundo. Cabe aclarar entonces que en materia periodística hemos venido difundiendo en épocas diversas reiteradas denuncias sobre la corrupción en la ciencia a diferentes comunicadores públicos (Blanck, Bonelli, Castro, Eliaschev, Fontevecchia, Grondona, Lanata, Leuco, Majul, Mariño, Morales Solá, Ruiz Guiñazú, Santillán, Santoro, Sylvestre, Tenembaum, van der Kooy, Zlotogwiazda, etc.); como así también a distintas autoridades de diversos partidos políticos (PRO, UCR, GEN, Coalición Cívica, Socialismo, Proyecto Sur y Peronismo Disidente). Sin embargo, hasta el presente sólo hemos experimentado una gran insensibilidad y apatía, por lo que tenemos el derecho a sospechar la existencia en los medios y la política de una obstinada defensa de intereses de grupo o facción. Eduardo R. Saguier, Ph.D. Museo Roca-CONICET e-mail: saguiere@ssdnet.com.ar http://www.er-saguier.org
Papel prensa y La Voz del Interior
Peligro, más obras para la ciudad
El proceso constitucional y la verdad

La revista trata en este número de agosto la colaboración prestada por la Iglesia Católica a los militares genocidas y el alto costo que pagan quienes osen brindar información pública, tal el caso de lo ocurrido entre el abogado Hugo Vaca Narvaja y el procurador del Tesoro provincial Alfonso Mosquera. Este último despidió a aquel por "falta de confianza" al informar a la prensa sobre la causa de la expropiación del Palacio Ferreyra. Justamente Mosquera revaloriza la confianza cuando "hizo de la traición una forma de hacer política", afirman desde la revista.