
Adriana Carolina Candia.
En tiempos electorales, las reparticiones públicas quedan huérfanas de sus funcionarios y empleados que se abocan de lleno a la campaña, produciendo un estancamiento o retraso en el tratamiento de temas importantes. Tal desatención congela las necesidades de los ciudadanos hasta después de las elecciones.
En estos días de proselitismo, localizar a un dirigente político en su lugar de trabajo es realmente una misión imposible. Y ojo que no hablo sólo del gobernador, intendente o algún ministro, hago referencia a cualquier dirigente de bajo rango nacional, provincial o municipal. Todos han abandonado sus tareas para dedicarse de lleno a la campaña electoral, incluso, en algunas reparticiones hasta se nota el faltante de empleados, los cuales están abocados a la misma tarea que sus jefes.
Siempre es difícil la empresa de encontrar a un dirigente trabajando, ya que por alguna extraña razón siempre están en reunión cuando se los busca, sea a la hora que sea y en cualquier día. Son como fantasmas que sólo se corporizan a través de la tele o en las fotos de los diarios, tipos a los que nunca se puede llegar porque siempre tienen un secretario más con quien hablar.
En esta época dicha situación es llevada al extremo. Así, uno puede pasar horas esperando que lo atiendan en una oficina pública, hasta que una secretaria o un ordenanza en tono lastimero y confidencial nos dice: “Ahora no te van a atender, están con la campaña, volvé después de las elecciones”.
Esa ardua tarea a la que llaman CAMPAÑA supone una lógica contradictoria, nos abandonan para tratar de seducirnos; es decir, dejan su lugar de trabajo y sus tareas -que es donde la ciudadanía los necesita- para salir por los barrios embanderados en afiches de dioses paganos, a regalar chucherías y a ofrecer espejitos de colores, prometiendo la solución a todos los males del pasado, presente o futuro, por el módico precio de depositar un voto del sello político que representan.
La campaña, es la época en que los candidatos con su séquito, van a tu barrio, se pasean por las calles saludando a muchedumbres prefabricadas por sus punteros, que con anterioridad prepararon la escenografía y tapizaron la zona de boletas repletas de nombres anónimos. Durante la efímera visita, el político ni se baja del móvil que lo transporta, saluda al aire como si fuera un Papa y se va. El circo se desmonta, la muchedumbre nómade se retira apelmazada en los mismos colectivos que vino, se llevan su interesada presencia para transpolarla a la fisonomía de otro barrio.
En cierta forma la campaña congela todo, la realidad y los asuntos urgentes pueden esperar, el mundo se detiene hasta después de las elecciones. No hay proyecto, ni asunto más trascendente que el proselitismo, porque para los políticos lo más importante es la politiquería, a la que disfrazan de política, y en su nombre montan el costoso show de la campaña, que incluye ejércitos de militantes ensuciando la ciudad con millones de afiches, cientos y cientos de minutos de publicidad sesudamente pensada, transmitiendo mensajes huecos.
Los ciudadanos constantemente buscamos que los políticos se acerquen a nuestra realidad, a los asuntos cotidianos; cuando estos lo hacen, es de una forma tan burda, que lo único que acercan es el físico, en el resto de las cosas los sentimos cada vez más lejanos e inalcanzables.
29/08/07
Recomendar esta notaEsto que refleja Adriana no sólo acontece con los lugares publicos de trabajo. El sábado mi madre estaba internada y hallar a su médico -estaba de guardia pasiva- fue una complicación. El hombre es candidato a legislador pcial y estaba a full con la campaña.
Lamentablemente las instituciones estan corrompidas por la politiqueria, que a su vez esta basada en la necesidad, precariedad, ignorancia y pequeñez. UNA LASTIMA, pero hay que combatirla de algun modo y pausadamente. Por nuestros hijos y los hijos de los hijos, no le esquivemos el lomo a nuestra responsabilidad.
YPF, una piedra en el surtidor
Acusan a la UNC de avalar daños al ambiente en Pampa de Oláen
Usuario denuncia picardías de una empresa con el boleto educativo

El municipio insiste en provincializar el Hospital del Sur. Intervención, robo y asamblea en el centro vecinal de Villa El Libertador. ¿Por qué la Caja de Jubilaciones es deficitaria? responde un especialista. Un club busca recuperar el nombre que la dictadura censuró. Un muro de tierra separa un asentamiento de un barrio cerrado. Un experto indica cómo deben proceder los trabajadores comunitarios en salud. El problema de la vivienda en la ciudad. Y más: ingrese y descargue La Décima de mayo 2012.